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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 22 de marzo de 2010

Renacer capitulo 1

1º- La mala noticia

Melinda, era una chica delgadita, no muy alta, castaña y eso sí tenía unos ojos muy peculiares. Todo el mundo decía que eran como de otro planeta. Tenía los ojos verde esmeralda, mezclados con marrón clarito, y la línea que rodeaba al iris de color gris muy clarito.

Llevaba 2 años viviendo con su novio Enrique, era un chico delgaducho, de pelo y ojos negros. Lo cierto, es que era un chico que no hacía nada, no trabajaba, no quería hacer nada y tenía a Melinda trabajando y ocupándose de la casa.

Pero no se atrevía a dejarle, porque Enrique siempre le decía que si se iba de casa acabaría debajo de un puente y sola, y lo que más temía ella era quedarse sola en el mundo, así que nunca se atrevía a marcharse.

Llevaba varios días encontrándose mal, con mucho dolor en el pecho y malestar general, pero había ido a trabajar todos esos días, era maestra de educación infantil en un colegio. Y cada día se le hacía más cuesta arriba porque se encontraba muy mal.

Una tarde al salir del colegio, se fue al supermercado del barrio, necesitaba algunas cosas para la cena, no era mucho así que en seguida se puso a la cola. Cuando estaba esperando empezó a encontrarse peor, todo lo veía doble y empezó a marearse.

Antes de darse cuenta, todo se tornó en oscuridad y ya no pudo ver ni sentir nada más. Al cabo de un rato, empezó a sentir que recuperaba la consciencia, abrió lentamente los ojos e intentó mirar a su alrededor.

Vio a un médico, al menos, supuso que era un médico porque llevaba bata blanca, se fijó y estaba en un hospital, pero la cabeza le daba vueltas, estaba muy desorientada. -¿Dónde… dónde estoy?

-Tranquila, señorita, está en el hospital. Soy el Doctor Kirian Domenech. Perdió el conocimiento en el supermercado. La estamos examinando, relájese. –dijo amablemente el médico.

Ella que estaba todavía bastante desorientada no dijo nada, se quedó quieta y esperó a estar algo más despejada. Miró al médico, era un chico moreno con los ojos verdes, muy alto, con muchos músculos, era muy guapo y tenía una expresión amable.

Pasó un rato y el doctor se puso otra vez a hablar con ella. –Hemos estado haciéndole pruebas y han salido unos resultados normales, no sabemos de momento qué le ocurre. –explicó amablemente.

-Yo… hace unos días me encuentro mal y me duele el pecho… -comentó medio ida.

-Está bien, voy a examinarla. –dijo mientras subía la ropa de Melinda para palparle el pecho.

Su expresión no fue tranquilizadora ni mucho menos, eso alteró mucho a Melinda, necesitaba tener una respuesta. –Pues… he notado un bulto en la mama derecha, voy a hacerte algunas pruebas.

-Vale. –dijo algo asustada.

-¿Quiere que avisemos a alguien? –preguntó.

-Pues… a una amiga y a mi novio.

-Claro, ahora vendrá una enfermera, le da los datos y los avisarán.

Le hicieron mamografías y ecografías, y luego la llevaron a una habitación, pues los resultados tardarían un poco. Estaba nerviosa, jugueteando con los dedos de sus manos sin dejar de darle vueltas a la cabeza.

Pasado un rato, llamaron a la puerta, dio permiso y al abrir la puerta vio a su amiga Delia con la cara descompuesta, detrás estaba Darío también muy preocupado. Delia era una chica joven, no muy alta, un poco rellenita, con el pelo negro y los ojos marrones color coca cola.

Darío era un chico muy alto, fuerte, con cara de niño, los ojos color miel y el pelo negro. Se acercó detrás de Delia para ver a Melinda y abrazarla. – ¿Qué te ha pasado?

-No sé, creo que perdí el conocimiento en el supermercado. –comentó algo confusa al intentar recordarlo.

-Bueno y ¿Qué te ha dicho el médico? –preguntó impaciente Darío.

-De momento nada, aunque me ha dicho que tengo un bulto en el pecho, estoy esperando que venga para que me den los resultados. –explicó. – Oye ¿y Enrique dónde está?

Darío y Delia se miraron muy nerviosos sin saber qué decir, hasta que fue Delia la que tomó aire y habló. –Nena, pues… le he llamado pero… ha dicho que no va a venir…

-Entiendo. Supongo que ya lo sabía. –comentó muy tranquila.

-Es un estúpido, no sé cómo sigues con él. Con lo mal que te trata… -Darío estaba irritado.

-Darío, no le digas eso, ella está con Enrique y hay que respetarlo.

-Si tiene razón, pero no quiero estar sola, me aterra la idea solo de imaginarlo. –comentó con los ojos cerrados.

-Pero no estás sola, nos tienes a nosotros y lo sabes.

-Ya, y sois estupendos, pero no quiero ser una molestia.

-A ver Mel, para mi sois como las hermanas que nunca he tenido, nunca molestáis. –dijo Darío cogiendo su mano.

-Gracias, sois estupendos. – contestó mientras abría las manos para abrazarlos.

Pero en ese momento tan emotivo, llamaron a la puerta, Melinda dio permiso, se imaginaba que era el médico. Efectivamente era el doctor con gesto serio, seguido de otro médico, era musculoso, pero no demasiado, tenía un cuerpo fibroso. De pelo castaño, bastante alto y con los ojos azules, tan azules como el océano. Era el chico más guapo que había visto nunca. Esos pensamientos se vieron interrumpidos por el doctor.

-Señorita Fernández, traigo los resultados de sus pruebas. Si las visitas hacen el favor de salir un momento… -comentó señalando a Darío y Delia.
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