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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 31 de marzo de 2010

Renacer capítulo 13

13º- Robando la foto

Esa mañana ella estaba nerviosa, aunque no tanto como Cristian que estaba realmente preocupado por la vida de Melinda. Intentó estar lo más calmado que pudo, pues sabía que si le veía nervioso o enfadado solo haría que ella se sintiera peor por lo que iban a hacer.

Cristian ya estaba en el hospital preparando lo de la sesión de Melinda, ella no tardó en llegar, aunque estaba como un flan. Durante la sesión estuvieron bastante callados, ninguno se atrevía a decir nada pues la situación era bastante tensa y no querían ponerse más nerviosos.

Tras la sesión, Delia esperaba en el pasillo, se había pedido el día libre, había dicho que estaba enferma. Melinda salió la primera, Cristian le indicó cual era el despacho, mientras ellos estarían escondidos esperando a que se fueran.

Cristian llamó al móvil de Walter para comprobar que estuviera en su despacho. –Oye, que si estas en tu despacho, voy ahora y te doy el dinero de este mes para que me dejes en paz.

-Te espero aquí, ahora tengo una hora libre. Espero que esté todo, o si no ya sabes…

-Iré en cuanto acabe con un paciente. –dijo antes de colgar.

Melinda caminó y se puso casi al lado de la puerta del despacho de Walter, se puso de rodillas en el suelo, apoyando una mano en la pared. –Por favor… ayuda… -dijo lo bastante alto como para que Walter la oyera.

La puerta de su despacho se abrió, Melinda le miró de reojo, era un hombre no muy alto, con barriga, muchas entradas en la cabeza y poco pelo, y los ojos marrones. Se acercó a ella. - ¿Le ocurre algo?

-Me duele mucho el estómago, no puedo ni caminar…-dijo fingiendo retorcerse de dolor.

-Está bien, voy a examinarla, cogeré una silla de ruedas para llevarla. –contestó levantándose.

Se alejó un poco de Melinda metiéndose por un pasillo para regresar al poco tiempo con una silla de ruedas, la ayudó a sentarse y la condujo a un box. Al ver que se alejaban, Delia y Cristian se metieron en el despacho de Walter.

Tuvieron la suerte de que se había dejado el móvil encima de la mesa, era una black Berry de última generación. Cristian se metió en la galería de imágenes y buscó la foto, se la mandó a su móvil por blue Toth y luego borró la fotografía del móvil de Walter.
-Vale, ya está hecho. Podemos irnos, aunque no sé cómo sacaremos a Melinda de allí. –dijo Cristian.

-Bueno vamos al box y allí vemos lo que hacemos.

Él asintió y ambos se dirigieron al box, afortunadamente eran salas que tenían en las puertas unas ventanas por las que se veía el interior, se fueron asomando a cada box hasta que vieron a Melinda. Intentaron esconderse para que Walter no los viera, tenían que esperar que ambos salieran o él podría sospechar algo. Así que se apartaron, quedándose cerca del box pero sin que pudieran verlos ni ver ellos dentro del box.

………………………….

Walter llevaba a Melinda en la silla de ruedas y la colocó en la camilla del box, subió su camiseta para revisarla el estómago que era donde ella le había dicho que le dolía. Él pareció reconocer quién era ella.

-Tú eres una paciente de oncología ¿no?

-Eh… sí, había salido de mi sesión y mi amiga me iba a esperar para llevarme a casa, pues el doctor dijo que tenía prisa por hacer unas cosas. –explicó. –Pero empecé a encontrarme mal y no pude seguir caminando. –mintió lo mejor que pudo.

-No parece que tengas nada. Seguramente sean los efectos secundarios de la quimioterapia. –dijo con cortesía.

-De acuerdo, gracias. –contestó intentando levantarse.

-Tú eres esa paciente que se besuquea con el oncólogo guaperas ¿verdad? –preguntó con una sonrisa.

-Perdón ¿Cómo dice? –intentaba hacerse la sorprendida.

-Sí, os vi y tengo una foto. Si tu novio no cumple con lo que le pido la haré pública y le echarán del hospital.

-No se atreverá.

-Claro que sí, aunque en lugar de dinero, me parece que voy a coger lo otro que le pedí. –respondió mirándola con unos ojos que asustaron a Melinda.

Se acercó a ella, acariciando su cara, ella se apartó. Entonces Walter intentó meter la mano por debajo de sus ropas y Melinda le abofeteó, para luego darle una patada y salir corriendo.

Abrió la puerta del box con lágrimas en los ojos e intentó salir de allí por uno de los pasillos, pero como no iba mirando por donde pisaba se chocó con alguien. Levantó la vista y se dio cuenta de que era Cristian.

Él al ver sus lágrimas y su cara de auténtico pánico se tensó mucho. – ¿Qué ha pasado?

-Ha intentado sobarme, pero le di un bofetón y le pegué una patada. –explicó abrazándose a él como si hiciera décadas que no le viera.

-¿CÓMO? –preguntó con los ojos abiertos tremendamente. – ¡Voy a matarle! ¡voy a matarle, ahora mismo! –dijo intentando ir al box.

Pero entre Melinda y Delia le sujetaron. –No, por favor… no hagas nada. Nadie puede enterarse de esto porque podrían descubrir lo nuestro. –pidió Melinda que aún estaba llorando.

-Melinda tiene razón, con lo que nos ha costado borrar la foto, no podemos estropearlo ahora. –añadió Delia.

Cristian abrazó muy fuerte a Melinda. –Tenéis razón, pero es que… solo con pensar en lo que ese depravado te podía haber hecho… -contestó apretando los puños.

-Pero no ha hecho nada, tranquilo. –dijo intentando calmarle.
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