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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 31 de marzo de 2010

Renacer capitulo 14

14º- Pasión encendida

Entre Delia y Melinda consiguieron apaciguar un poco a Cristian, que seguía furioso por lo ocurrido con Walter. Se fueron al despacho de Cristian, pues ningún sitio era seguro, tan solo su despacho.

Melinda seguía algo nerviosa por todo lo ocurrido, sobre todo por volver a ver a Walter cerca de ella, así que decidieron llevarse a Melinda a casa. Cristian le dijo a Kirian lo ocurrido para que le cubriera y así pudieran irse.

-Tú vete tranquilo, yo te cubro si preguntan por ti. –comentó con una sonrisa. –Te llamo luego, preciosa. –dijo mirando a Delia.

Se marcharon del hospital, ellas en el coche de Melinda, y él en su coche para que luego volviera al hospital. Al llegar, Delia le preparó a Melinda un chocolate caliente, era lo único que la calmaba cuando se ponía nerviosa.

Estuvieron un rato hablando tranquilamente y hasta se rieron un poco, hasta que a Cristian le sonó el móvil y se tensó al ver quien era en la pantalla. – ¿Qué narices quieres?

-Ya he visto que has borrado la foto, así que me engañasteis entre tu novia y tú. No creí que fuerais tan listos… Pero no sabéis lo que habéis hecho, esto no se va a quedar así… -amenazó con voz grave.

-Déjanos tranquilos o te denuncio por chantaje. –replicó Cristian.

Walter no dijo nada, colgó el teléfono antes de que Cristian se diera cuenta. Casi se alegró pues no quería seguir hablando con él. Delia y Melinda lo habían escuchado todo y Melinda se puso más nerviosa otra vez.

-Ey, cálmate, no va a pasar nada. Y ahora ya no tiene la foto.

-Pero y si hace algo, si te hace cualquier cosa por mi culpa no me lo perdonaría.

-Yo sí que no podría soportar que te volviera a tocar… -comentó abrazándola.

Delia, sabía que necesitaban estar un rato a solas, pues Melinda seguía bastante preocupada. –Bueno, yo me voy a bajar que tengo que comprar unas cositas para la comida y la cena. Supongo que tardaré bastante… -comentó para que captaran la indirecta.

Ella se marchó y los dos se quedaron en el comedor, mirándose fijamente a los ojos. –Te amo… -susurró Cristian para luego besar con mucha suavidad y dulzura a Melinda.

-Yo también te amo. Pero no sé cómo puedes quererme si estoy enferma y me estoy quedando calva. –contestó entre lágrimas.

-Te curarás, de eso me voy a encargar yo. Y los efectos secundarios en un tiempo habrán pasado. Eres un ángel, mi ángel, siempre serás la más hermosa de todas las criaturas. –dijo sujetando la cara de Melinda entre sus manos.

Ella estaba en un momento muy bajo anímicamente hablando, y él era tan atento y maravilloso que sabía que decía la verdad. Se levantó y Cristian hizo lo mismo, le llevó a su habitación y se sentaron en la cama. Empezaron a besarse, pero no de forma lenta si no de forma urgente.

Cristian seguía los besos con mucho gusto, necesitaba a Melinda más que el aire para respirar. El ambiente empezó a caldearse, y Melinda le quitó la camiseta a Cristian, para admirar su torso, tan perfecto como el de la escultura de “El David” de Miguel Ángel.

Él quitó la camiseta a Melinda de un tirón, muy deprisa y casi la rompió de la urgencia con la que lo hacia. Pronto se deshicieron de los pantalones para quedarse en ropa interior. Cristian no paraba de mirar a Melinda, sonreía, pues al fin tenía cerca a su ángel.

Se acariciaban y besaban por todas partes, expresando todo el amor que en el hospital tenían que esconder y camuflar. Casi sin darse cuenta, ambos se habían quitado la ropa interior, y el roce de sus cuerpos eran como pequeñas descargas eléctricas de placer.

Cristian estaba enloqueciéndose, había soñado muchos días con tener a Melinda entre sus brazos, que ya no quería seguir esperando ni un segundo más sin hacerla suya. Agarró un preservativo y se lo puso. Después cogió a Melinda por las caderas y la penetró suavemente.

Eso hizo que Melinda emitiera un gemido ahogado que encendió más a Cristian si es que era posible. Empezaron a moverse de forma rítmica y acompasada, emitiendo gemidos a causa de tanto placer.

Se besaban y acariciaban con más intensidad, casi sin darse tiempo a respirar, se necesitaban y más después de lo que había pasado. Ella se sentía amada, querida, valorada, se sentía la persona más afortunada, pues un chico maravilloso la quería con locura.

Estuvieron sumergidos en ese baile de pasión durante no supieron cuanto rato, hasta que juntos llegaron al clímax. Fue una de las mejores experiencias que jamás habían experimentado ninguno de los dos.

Se abrazaron con dulzura y Cristian acariciaba la espalda de Melinda de forma muy tierna. Ella se arrimó todo lo que pudo a Cristian, pero se dio cuenta de que se le había caído el gorrito a causa de tantos movimientos. Se incorporó rápidamente para taparse con la sábana y buscar el gorro.

-¿Qué ocurre? ¿Qué andas buscando?

-El gorro, no quiero que me veas así. –comentó tapándose la cabeza también con la sábana.

Cristian se incorporó y sonrió. –Vamos, no pasa nada, ya te dije que siempre te voy a ver hermosa, y que el pelo vuelve a crecer. –dijo abrazándola.

-Pero no me gusto a mi misma, la prueba la tengo en mi mano. –contestó mostrando su mano vendada.

-¿Cuántas veces tengo que decirte lo hermosa que eres y que siempre serás?

-Bastantes.

-¿Quieres ponerme a prueba de cuantas veces puedo susurrarte al oído que eres hermosa y que te amo? –preguntó besando su cuello.

Ese beso nubló el juicio a Melinda. –No, es justo que hagas eso… cuando me besas así…

-Um… ¿así que se trata de eso? Entonces creo que ya sé lo que tengo que hacer para que de verdad admitas que tengo razón. –comentó con una mirada pícara.

Empezó a besarla en los labios, en las mejillas, en el cuello y Melinda se dejaba arrastrar. Pero sintió un escalofrío de estar desnuda y sin ropa. –Me parece que tengo que coger la ropa si no quiere que me coja un resfriado.

Cristian sonrió y miró el reloj. –Puf… es muy tarde, tendría que volver aunque no tengo ganas. Podría llamar a Kirian y…
-Y… nada. Te vas ahora, no hay que dar motivos para que puedan sospechar nada. –contestó ella con voz firme.
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1 rosas :

rocio dijo...

k xulo nenaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa me enkantaaaaaaa un besazo xiki te quiero muxo florecilla

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