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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 25 de marzo de 2010

Renacer capitulo 4

4º- Intruso

Pero Melinda tenía miedo, a sufrir, a que solo fuera un capricho, que solo fuera a jugar con ella. O peor, que fuera como Enrique y la tratara tan mal, no podía soportar una segunda relación así…

De todas formas estuvieron hablando mucho rato, sobre ellos, sus gustos y aficiones. Descubrieron que les gustaban el mismo tipo de películas, de miedo, de sangre y de ciencia ficción. Cristian estaba muy ilusionado, pero también tenía miedo.

Él había salido hacía un año de una relación tormentosa, que aún a veces le provocaba pesadillas por las noches. Había estado con una chica, Elena, durante 3 años. Descubrió que le robaba todo lo que podía, se acostaba con cuantos chicos conocía, e incluso un día pegó a sus hermanas Adriana y Samanta, que fue la gota que colmó el vaso.

Sus hermanas eran mellizas. Tenían dos años menos que él, y las quería con locura, eran unas chicas muy distintas. Samanta era morena, con ojos azules, no muy alta y se veía muy fea. Adriana siempre había sido la más extrovertida de las dos, rubia, alta, muy estilizada. Salvo que tenía los ojos azules muy oscuros.

Hacía ya un año que había roto con Elena, y lo estaba pasando realmente mal. Nunca sonreía, tan solo sonrió al conocer a Melinda, al verla, al hablarla y tenerla cerca. Sentía que era distinta, tan frágil, vulnerable, pura… Pero ante todo era una paciente.

Una paciente, no podía tener tan mala suerte, la única persona que le había hecho sonreír en un año y estaba vetada. Eso le produjo una tristeza como pocas veces había experimentado.

Tuvo que salir de la habitación, pues empezó a sonarle el móvil. –Lo siento, es mi hermana Adriana. Volveré luego a verte. –dijo acariciando su mano.

-Claro, supongo que Delia vendrá ya. Hasta luego. –se despidió con una sonrisa.

Salió de la habitación con una sonrisa y descolgó el móvil. –Dime, hermanita, ¿qué quieres?

-Uy… ¡qué contento! ¿Qué te ha pasado para estar así?

-Pues… nada, he tenido una paciente, la he operado y tendré unas sesiones de quimio con ella. –comentó.

-Debo suponer que te ha gustado, porque nunca hablas de los pacientes que tienes. Me alegro mucho.

-No hermanita. Es una paciente, está prohibido. –contestó con voz apenada.

-No digas eso. Además una vez que acabe la quimio ya dejará de ser paciente tuya. –dijo con picardía.

Él se sonrojó ante esa idea, no lo había visto de ese modo, se alegró de que al estar hablando por teléfono su hermana no pudiera ver su sonrojo. –Bueno, vamos a cambiar de tema. ¿Qué querías?

-Pues… a ver si me podías dejar el coche luego. Pedro tiene el suyo en el taller.

-Menudo marido tienes, ¿qué le hizo esta vez al coche?

-En realidad… lo cogí el otro día y… le di un golpecito en el capó. –contestó avergonzada.

-¿Un golpecito como de grande?

-Con mi golpe el coche no es tan largo, es… un coche sin morro.

-Madre mía… imagino como se puso Pedro, con lo que quería su coche. Pero, espero que tú no cojas mi coche, quiero demasiado mi BMW. –contestó.

-Tranquilo, lo cogerá él. –dijo con voz ñoña.

-Vale, pasaros luego por aquí cuando acabe mi turno, me acercáis a casa y os lo podéis llevar. –contestó.

-Eres el mejor hermanito que se puede tener. –dijo haciéndole la pelota.

-Anda… no seas pelota. Por cierto, ¿Cómo está Samanta? ¿Sabes si sigue con fiebre? –preguntó.

-Creo que ya está mejor. No sé, no he pasado por casa.

-Tengo que dejarte, tengo trabajo. Nos vemos luego. Un beso. –dijo Cristian antes de colgar.

En realidad, quería volver a la habitación para seguir hablando con Melinda, pero no iba a decirle eso a su hermana, era demasiado vergonzoso. Pero acababa de salir hacía escasos minutos de la habitación, si volvía se notaría demasiado su interés por ella.

Se fue a su despacho, para intentar desconectar, pero lo único que consiguió fue imaginarse al lado de Melinda, en ese rato que habían estado a solas, habían conectado de una forma única, como nunca antes le había ocurrido con nadie, ni tan siquiera con Elena.

Siempre llevaba libros para leer, y en los ratos que no tenía consultas ni nada, se ponía a leer. Le gustan los libros de ciencia ficción, e incluso algunos de amor, aunque dependía de la trama. Ahora se leía el segundo libro de Cazadores de Sombras y estaba muy entretenido.

Después de estar un rato leyendo, miró el reloj, llevaba casi una hora leyendo, y no faltaba mucho para que acabara su turno. No podía irse sin ver otra vez a Melinda, diría que querría vigilarla antes de irse.

Fue por el pasillo con una sonrisa de bobalicón, las enfermeras le miraron muy extrañadas. En el hospital era un sex symbol, pero que nunca había querido mantener una relación con ninguna mujer del hospital, más allá de una relación amistosa.

Llegó a la habitación, pero antes de llamar, escuchó que hablaba con alguien. No pudo evitarlo, y como en el pasillo no había nadie se puso a escuchar como un verdadero cotilla.
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