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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 26 de marzo de 2010

Renacer capitulo 6

6º- Miedo a amar

Ella ante tal comentario se sonrojó de forma desmesurada, escondiéndose en el pecho de Cristian. Él sonrió ante la reacción de Melinda, le resultaba encantadora siendo tan pura.

Entonces, empezó a sonar el móvil de Cristian, no se acordaba del rato que llevaba allí, su hermana ya llevaría esperando abajo un rato. – Uy… es mi hermana, debe estar ya abajo esperándome.

-Tranquilo, vete, mañana nos vemos. –dijo Melinda dedicándole una sonrisa.

Él antes de irse le dio un beso muy fugaz, antes de salir por la puerta con el teléfono en la mano. –Perdona hermanita, ya bajo, tardo un minuto. –se disculpó.

Vio a Delia que estaba esperando en el pasillo, pero tan solo le hizo una seña con la cabeza pues seguía con el móvil pegado a la oreja. Ella le devolvió el gesto y se dirigió a la habitación.

Melinda aún no se creía todo lo ocurrido en ese rato, estaba como en un sueño. Al ver a su amiga le tendió los brazos para que se acercara. –Bueno nena, ya me lo estás contando todo. –dijo Delia emocionada.

-Pues… nos hemos besado… -confesó sonrojada.

-¿Qué? Madre mía… ¿y qué tal? Cuéntame más. –insistió ella.

-Muy bien, es estupendo. Me ha dicho que cuando acabe el tratamiento podremos estar juntos.

-Me alegro mucho por ti. Te lo mereces después de lo que te ha hecho sufrir ese desgraciado de Enrique.

-No me hables de él, que ha estado aquí…

-¿Cómo?

-Intentó agredirme, pero Cristian me salvó. –contestó muy orgullosa.

-Vaya… es un caballero andante. ¡Qué envidia! Ojala yo encuentre un chico así…

-Bueno, por como miras a Kirian diría que te gusta. –dijo Melinda.

-A mí, no. –respondió poniéndose nerviosa.

-Claro que sí, y parece muy majo. Tal vez podríais quedar algún día, además tú no eres ninguna paciente, no tenéis el mismo problema que tenemos nosotros.

… No me líes… que luego voy a echar todo el día pensando en él. –dijo moviendo la cabeza a los lados.

Después de un rato hablando, trajeron la cena a Melinda y siguieron hablando. Se hizo muy tarde y ambas estaban cansadas, sobre todo Melinda, que necesitaba descansar de manera imperiosa.

………………………………

Cristian se había cambiado de ropa y bajó a la puerta del hospital, donde su hermana y su cuñado le esperaban. Adriana era una chica rubia, alta, muy estilizada… una belleza, y tenía los ojos marrones claritos.

Pedro, su cuñado, era chico de ojos verdes, tenía el pelo negro, musculoso, y apuesto; se llevaban muy bien, eran como hermanos. Él quería mucho a sus dos hermanas, pero la compañía de un chico de su edad le era muy útil.

-Menudas horas… -se quejó su hermana.

-Hermanita, no te quejes encima que os presto mi coche.

-Bueno, haya paz, además no volveremos tarde y así podrás tener tu coche de vuelta. –comentó Pedro.

Se montaron en el coche y Cristian estuvo abstraído todo el camino, mirando por la ventana, con una leve sonrisa y sin mediar palabra. Hasta que sus pensamientos se vieron interrumpidos por su hermana.

-La Tierra llamando a Cristian, responda. –dijo intentando imitar la voz de un hombre.

-No eres buena con las imitaciones. –respondió él burlándose.

-Estás que no estás, hermanito.

-Perdona, es que estoy distraído.

-Ya veo, no será por la chica esa a la que operaste ¡no?

-Anda, déjame. –respondió algo molesto.

Llegaron a casa antes de que Adriana pudiera acribillarle a preguntas como si fuera un interrogatorio, y entró en casa antes de que pudiera pillarle desprevenido. Dijo un “hola” en voz alta mientras se metía directamente en su habitación.

Vivían en una amplia casa, de 3 plantas, parecía un palacio, su madre era decoradora de interiores y evidentemente la decoración de su casa había sido idea suya. Todos los muebles combinados en tonos blancos y negros.

Su habitación, que tenía un baño dentro, era muy grande, con una amplia cama, una mesa, y dos enormes estanterías llenas de libros y de discos de música. Además de que en una esquina había una preciosa guitarra negra.

No tenía ni hambre, en su mente y en su cuerpo solo había espacio para pensar en Melinda, en ella y en el rato tan fantástico que había pasado junto a ella. Pero otra vez volvió a sentir miedo, miedo a que la historia se volviera a repetir como con Elena.

“No puede ser, es una paciente y no quiero volver a sufrir. No repetiré la misma historia que con Elena”, se dijo a sí mismo. Se durmió pensando en que a partir de ese día trataría a Melinda como su paciente, que era lo que tenía que ser, tan solo una paciente más. Tanta preocupación hizo que cayera en un profundo sueño.

……………………..

Melinda se despertó con una sonrisa en los labios, estaba ansiosa por volver a ver a Cristian. Se encontraba bastante bien, pues ya había terminado con Enrique y veía que un chico maravilloso se preocupaba por ella.

Se duchó ayudada por Delia y desayunó, intentó estar todo lo mona que podía permitirse estando convaleciente, quería que Cristian la encontrara guapa al ir. Mientras pensaba en él, llamaron a la puerta.

Tal como ella esperaba y deseaba, entró Cristian en la habitación. Le miró y se quedó sin respiración de lo guapo que lo encontraba esa mañana. –Hola… -dijo tímidamente.

-Buenos días. –respondió con voz seca y fría.

-Tenía ganas de verte… -susurró.

-Voy a ver los puntos de la herida. –respondió sin mirarla y muy fríamente.

Ella estaba extrañada de las respuestas de Cristian, el día anterior habían estado tan bien, pero pensó que era porque estaba Delia al lado. Él se acercó y destapó la herida mirando los puntos y curándolos.

Una vez que terminó de curarla se dio la vuelta y se marchó sin si quiera decir adiós. Entonces lo entendió, Cristian se había dado cuenta de que ella no valía nada, que no querría estar con una enferma que pronto estaría fea y demacrada por la enfermedad.
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