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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 27 de marzo de 2010

Renacer capitulo 8

8º- La tristeza es más profunda

Ellas se acercaron cautelosamente a Darío que las rodeó con sus brazos y salieron lentamente de allí. Pero Enrique quiso enfrentarse a él. –Oye tú, no creas que te la puedes llevar por las buenas.

Pero Darío no quería armar follones ni jaleos y menos delante de Melinda según estaba de deprimida. Se acercó a él, Darío era bastante más musculoso que Enrique que era muy poca cosa. Le dio un empujón y Enrique se cayó al suelo.

No hizo más se quedó allí tirado viendo como se marchaban los tres. Bajaron al coche y metieron las cosas de Melinda en el maletero, para luego montarse de nuevo en el coche, poniendo rumbo a la casa de Delia.

Tardaron unos quince minutos en llegar, al parar el coche y ver que estaban en casa de Delia, Melinda ya sí respiró tranquila, al saber que Enrique estaba lejos, o al menos relativamente lejos. Lo bueno era que él no sabía dónde vivía Delia y eso la tranquilizaba mucho.

Entraron en la casa de Delia, vivía en un segundo con ascensor, era un pisito bastante grande de 3 habitaciones. Lo que más le gustaba a Melinda de la casa de su amiga era el comedor, tenía una tele enorme, y un mueble precioso en tono marrón y beige que le encantaba, y el sofá del mismo tono marrón que el mueble.

-¿Te quedas a cenar? –preguntó Delia a Darío.

-Claro, y luego ya me voy a casa.

Sacaron las cosas de Melinda y las pusieron en una de las habitaciones de la casa. Luego estuvieron preparando la cena, hicieron unos sándwiches, pero Melinda se negaba a comer.

-Nena, mañana tienes la quimio, por favor, come algo, tienes que estar fuerte para poder aguantar bien. –intentó convencerla Delia.

Al final comió a regañadientes, no quería sermones después de lo mal que lo estaba pasando. Era ella la que estaba deprimida porque no la querían y era ella la que estaba enferma con cáncer.

Una vez recogieron todo, Darío se marchó a casa y ellas se fueron a dormir. Melinda a intentarlo porque nada más cerrar los ojos veía a Cristian, se le imaginaba besando a otra chica, una muy guapa, muy lista y que no estaba enferma.

Toda la noche estuvo soñando con eso, y soñaba que ella estaba al lado mientras se besaba con esa chica. No solo eso, soñaba que mientras se besaba con esa chica él le miraba con una sonrisa.

Durmió muy poco y por la mañana estaba muy cansada, pero quiso disimular para que Delia no estuviera preguntándole todo el tiempo. Se sentía agobiada de tantas atenciones por su parte.

Una vez que se ducharon, desayunaron y se fueron en el coche de Melinda al hospital, solo que lo llevó Delia. Melinda estaba tan desanimada que le dio las llaves para que lo llevara ella.

……………………....

Durante toda la semana, Cristian estuvo muy distante con Melinda, pero creía que era lo mejor. Que fueran médico y paciente porque era lo correcto y porque no quería volver a sufrir.

Tenía miedo, miedo a sufrir otra decepción, y aunque su corazón le decía que era la mujer de su vida, no podía arriesgarse a volver a pasarlo mal, no quería intentar ser feliz, por el miedo que tenía.

El primer día de la quimioterapia de Melinda estuvo muy temprano allí, quería tenerlo todo listo para cuando llegara. Estaba en la sala de las sesiones y entró Kirian mientras lo preparaba.

-Ya ha llegado Melinda con Delia, les he dicho que esperen en el pasillo, que ahora llamarás a Melinda. –dijo Kirian.

-¿Te puedes quedar conmigo mientras la sesión de la quimio? –preguntó con la voz casi suplicante.

-Claro. Oye llevas toda la semana como un zombie, es por ella ¿verdad? ¿Sigues pensando en ella?

-No consigo olvidarla, pero no quiero pasarlo tan mal como con Elena. –dijo abatido.

-A ver, yo no la conozco mucho pero por lo que he visto y lo que me ha contado Delia, es una buena chica.

-No es solo eso, es una paciente.

-Mira tío, las normas se hicieron para romperlas, yo no diré nada, es más te cubriré las espaldas si hace falta. Pero por favor, deja de estar así que me deprimo solo de verte…

-Gracias tío, no sé, tengo que pensarlo. –contestó dándole un abrazo. –Voy a avisarla para que pase.

Salió al pasillo, Delia le saludó en seguida, pero se estremeció al ver a Melinda. Estaba decaída, con la mirada fija en el suelo, más pálida de lo que era ella. Se la veía más frágil, como su fuera un cristal tan delicado que estuviera a punto de estallar en mil pedazos.

Esa visión de su ángel le traspasó el corazón, ella ya tenía bastante con su enfermedad, y probablemente su actitud ante ella había empeorado su estado anímico. Verla así le estaba matando y casi no pudo ni hablar.

-Ya puedes pasar. Delia, es mejor que esperes aquí en el pasillo. –comentó lo más tranquilo que pudo.

Entraron en la sala y se sentó en el sofá acolchado, le puso las agujas y demás para comenzar con la sesión. Ella estaba callada, ausente, mirando al suelo y muy triste, aunque Cristian estaba igual.

Kirian intentó animar el ambiente, que se relajaran y animaran un poco, que falta les hacía a ambos. –Bueno, de momento va bien, en estas primeras sesiones no aparecerán los efectos secundarios, irán apareciendo más adelante. Pero creo que eres fuerte y seguro que te va bien.

Ella tan solo asintió, estaba siendo demasiado, estaba al lado de Cristian y prácticamente ni se miraban a la cara. Sintió que se le humedecían los ojos, así que giró la cabeza para que no la vieran.

Pero Cristian había visto los ojos de Melinda, llenos de lágrimas a punto de desbordarse. Eso fue demasiado para él en ese instante, no pudo más, se sentía la persona más rastrera y horrible del mundo.

-Perdón, tengo que irme. –dijo atropellando sus palabras antes de salir de la sala.

Salió corriendo y llegó hasta el pasillo, se sentó en el suelo hundiendo la cabeza entre sus manos, para derrumbarse. Pero una voz le interrumpió en ese mar de dolor en el que se estaba sumergiendo.

¿Estás bien? –era Delia la que lo preguntaba.

Él se levantó y se quitó las lágrimas de los ojos que se habían acumulado. –Eh… sí perdona…

-Es por Melinda, ¿No es cierto?

-Mira yo he sufrido mucho, no quiero pasarlo mal de nuevo.

-Ella también, si tú supieras cómo trataba Enrique a Melinda… La tenía como su esclava, en más de un sentido… -dijo mirándole. –No sabes cómo ha estado esta semana, parece como si no tuviera ganas de vivir…
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1 rosas :

rocio dijo...

sige tiaaaaaaaaaaaaaaa k me tienes kon la intriga

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