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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 20 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 1

1º- Tragedia

Estaban en casa tres hermanas, Delia, Adriana, y Melinda viendo la tele. Se habían independizado desde que cumplieron los 18, Delia y Adriana eran mellizas pero muy distintas.

Delia era más bien bajita, un poco rellenita, con el pelo castaño y los ojos marrones color coca cola. Decía que era muy fea, y consideraba a Adriana la más guapa. Adriana era rubia, alta, muy estilizada… una belleza. Salvo que tenía los ojos marrones claritos.

Melinda no era demasiado alta, era castaña y eso sí tenía unos ojos muy peculiares. Todo el mundo decía que eran como de otro planeta. Tenía los ojos verde esmeralda, mezclados con marrón clarito, y la línea que rodeaba al iris de color gris muy clarito.

Las tres siempre habían estado muy unidas, a pesar de que Adriana y Delia tenían 20 años y Melinda era algo mayor que ellas, tenía 5 años más. Era maestra de educación infantil en un colegio.

Delia trabajaba de secretaría en una clínica dental, y Adriana era dependienta en una tienda de ropa. Ellas se sentían muy orgullosas de sus trabajos, aunque la única que estaba realmente contenta era Melinda, que desde pequeña se había querido dedicar a la enseñanza y lo había conseguido.

Aunque Adriana siempre presumía pues llevaba casada 1 año con un chico estupendo. Era médico, en el hospital de la ciudad, un cardiólogo muy importante. Era muy joven pues era superdotado y había llegado a ese puesto por méritos propios. Se llamaba Pedro y era un chico de ojos verdes, pelo negro, bastante musculoso, y guapo.

Pedro se llevaba muy bien con Delia y Melinda, había ido muchas veces a comer con ellas y le querían como su hermano mayor. Por su parte, Melinda llevaba unos meses hablando mucho con su vecino Darío. Un chico alto, fuerte, con cara de niño, los ojos color miel y el pelo negro. Él estaba enamorado de ella hasta los huesos, pero ella tan solo sentía atracción hacia él, y no había pasado nada entre ellos.

Delia era un mundo a parte, no le gustaba relacionarse con chicos, decía que todos la miraban mal, que ninguno quería nunca nada con ella y que la trataban como si fuera una planta. Adriana y Melinda intentaban animarla pero era la más cabezota de las tres.

Todos los domingos iban a comer con sus padres; estaban algo tristes de que sus tres niñas se les hubieran ido de casa pero estaban tranquilos porque vivían las tres juntas y se cuidaban mutuamente.

-Vamos chicas, nos están esperando y ya llegamos tarde. –dijo Delia.

Ella era una chica que no le gustaba nada la moda, y no le gustaba maquillarse, así que estuvo arreglada pronto. Melinda no se consideraba guapa pero le gustaba arreglarse y maquillarse. Pero Adriana era otro cantar, era una fanática de la moda y del maquillaje y tardaba muchísimo en arreglarse.

Tras un buen rato por fin estuvieron listas. –No sé para qué tanta prisa, si el coche es mío y soy la única que tengo carnet. –dijo sacándoles la lengua.

-No nos des envidia que no es justo… -se quejó Delia.

Iban hablando de camino al coche, un Honda Cívic negro, era un coche precioso que Melinda cuidaba con esmero porque era su precioso coche. Se pusieron en camino a la casa de sus padres.

Por el camino fueron con la música puesta y hasta cantando, lo cierto es que se entendían a las mil maravillas y se querían con locura. Pero oyeron ruido de ambulancias y bomberos cerca del barrio de sus padres. Se extrañaron mucho, y al doblar la esquina para entrar en la calle donde vivían sus padres lo vieron todo.

El edificio donde vivían estaba rodeado de bomberos, policías y ambulancias. Uno de los pisos estaba en llamas, el fuego salía por las ventanas, y ellas se horrorizaron ante tal escena.

Bajaron del coche y se acercaron al cordón policial con las caras envueltas en lágrimas. Adriana se puso histérica, jamás había reaccionado así ante nada, se saltó el cordón policial a gritos y se metió dentro del edificio esquivando al policía que la intentaba cortar el paso.

-¡ADRIANA! –gritaron a la vez.

Pero había entrado, y acudieron a uno de los bomberos que estaba al lado de camión cogiendo otra manguera. Era un chico bastante más alto que Melinda, y era musculoso, pero no demasiado, tenía un cuerpo fibroso. De pelo castaño y con los ojos azules, de un azul profundo. –Oye por favor… -pidió Delia desesperada. –Nuestra hermana se ha metido en el edificio, tienes que ayudarla.

-Está bien, me llamo Cristian, tranquilas entraremos a buscarla. –dijo intentando calmarlas.

Fue a por sus compañeros y se puso a hablar con ellos, Delia estaba descompuesta pero Melinda… se había quedado sin habla, era el chico más hermoso que nunca había visto y no reaccionaba. –Mel, despierta… -dijo Delia mientras chasqueaba los dedos.

-Perdón… -se disculpó.

Miraron al edificio y vieron como sacaban dos cuerpos en camillas, ellas los reconocieron en seguida, eran sus padres. Corrieron hacía ellos gritando como desesperadas. – ¿Cómo están?

-¿Son familiares?

-Son nuestros padres.

-Lo lamento, pero… su padre ha fallecido y su madre está muy mal, no creo que aguante mucho. Lo siento, de verdad… -contestó el ATS.

Ellas lloraron con desesperación, no se podían creer lo que les acababan de decir, pero ahora tenían miedo por su hermana, aún no la habían visto salir. Hasta que Melinda divisó un traje reflectante entre las llamas, era un bombero que salía con un cuerpo en brazos, el de su hermana.

-¡Hermanita, hermanita! –dijeron desesperadas.

Estaba inconsciente, tenía los dos brazos con quemaduras, una quemadura en el cuello y la ropa chamuscada. Ellas siguieron al bombero en silencio pero muy nerviosas, deseando que les dijeran el estado de su hermana.

El bombero la llevó a los ATS de la ambulancia. –Necesito ayuda, acabo de sacarla del interior del edificio. –comentó bastante tranquilo.
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