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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 26 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 10

10º- Intentando mejorar

Ellas asintieron, se lo dijeron a Pedro para que supiera que se marchaban del hospital. Necesitaban tranquilizarse, y en el hospital no lo iban a conseguir. Pasaron por su casa, pero ellas no quisieron subir, no estaban para presentaciones.

Kirian fue quien subió a por la ropa, les hizo un breve resumen de lo ocurrido a sus padres. Dennis era muy joven y era muy guapo, como los modelos de los anuncios de la televisión, Kirian tenía sus mismos ojos. Su esposa Annette era guapísima, parecía que su cara era como la de las muñecas de porcelana y tenía los mismos ojos que Cristian.

Se quedaron con la boca abierta ante lo que su hijo les había contado mientras cogía algo de ropa de Samanta. –Vaya… pobrecitas, lo están pasando realmente mal… ¿No han querido subir? –preguntó su madre.

-Mamá, con lo nerviosas que están no es el momento. Además, Melinda la encontró e intentó tapar las heridas, tiene toda la ropa manchada con la sangre de su hermana. Necesitan descansar. –contestó él.

-Si mañana están más tranquilas. Quizás nos podíamos pasar por casa de tu hermano y las conocemos.-dijo su padre.

-Bueno, está bien. Si veo que están mejor os llamamos y vais. Me voy que me están esperando en el coche.

Se despidió de sus padres. Metió la ropa en una bolsa y bajó al coche donde le estaban esperando. –Perdón por tardar, es que se pusieron algo pesaditos preguntando y preguntando.

Cristian sonrió ligeramente ante el comentario, pero las dos hermanas estaban con la mirada bajada y sin pronunciar palabra. Estaría muy difícil poder animarlas para que intentaran relajarse.

Al llegar a la casa, Melinda fue a la ducha mientras Kirian le enseñaba la casa a Delia para distraerla un poco. Melinda no hacía más que ver la imagen de su hermana en la bañera. Se sentó haciéndose un ovillo, dejando que el agua cayera por su cuerpo. Su hermana había intentado suicidarse porque no soportaba verse con cicatrices.

Pero Melinda estaba furiosa con ella, había intentado acabar con su vida sin pensar en lo que supondría para Delia y para ella quedarse sin su hermana. Se puso a llorar de la impotencia y los minutos fueron pasando.

Cristian empezó a preocuparse cuando vio que Melinda tardaba tanto en salir de la ducha. Oía el agua caer, así que seguía en la ducha, pero ¿Tanto tiempo? Empezó a pensar que podía haberse mareado o cualquier cosa.

No se lo pensó dos veces y entró al cuarto de baño. Vio en la bañera a Melinda sentada, echa un ovillito y llorando. – ¿Qué te ocurre?

Ella levantó la mirada con los ojos hinchados de tanto llorar. –Es una egoísta. No pensó en Delia ni en mí cuando hizo lo que hizo…

-Vamos cálmate. Debes salir de la ducha, que te vas a poner mala. Saldré fuera. –contestó él.

Pero antes de que se fuera, Melinda le agarró la mano, se puso en pie y se abrazó a Cristian. Él la apretó fuerte, realmente veía lo mucho que estaba sufriendo y se sentía impotente de no poder ayudar a su preciosa Melinda.

Entonces reaccionó, ella estaba desnuda abrazándole, le había empapado la ropa, y podía sentir su piel suave entre los dedos. Tenía una lucha interna, ansiaba con todas sus fuerzas hacer suya a Melinda, pero no era el momento estando tan vulnerable.

La puerta del baño se abrió de golpe y ambos se quedaron parados. –Hermanita, que se me hacía que tardabas y… -dijo Delia, que se quedó con los ojos como platos al ver a Cristian con toda la ropa mojada abrazando a Melinda que estaba desnuda.

-Hermanita, ¿aún no aprendiste a llamar a la puerta? –preguntó Melinda tapándose en seguida con una toalla.

¿Y él qué?

-Él nada, él es mi novio y ya somos mayorcitos.

-Está bien, ya me voy. –contestó ella algo enfadada.

Al quedarse solos, Cristian giró la cabeza para no ver el cuerpo desnudo de Melinda, pero estaba sonrojado por la situación. – ¿Por qué no me miras? ¿Tan espantosa soy? –preguntó girándole la cara para que sus miradas se encontrasen.

-Claro que no. Es que… bueno no debí verte así. Perdona. –se disculpó.

-Tarde o temprano me verías ¿no? –dijo levantando una ceja.

-Bueno… si pero… es que… no me parece lo correcto, estando tú así. –confesó sonrojado.

-Yo no lo veo mal… -contestó de forma picara.

Melinda se arrimó a Cristian, estaba con la toalla pero hizo que se cayera. Eso puso más nervioso a Cristian. Melinda fue a más, cogió sus manos, para acercarlas a su cintura. Él estaba alterándose por momentos, perdiendo poco a poco el control.

Buscó los labios de Melinda, la necesitaba con urgencia. Los besos fueron en aumento, empezó a acariciar el cuerpo desnudo y suave de Melinda. Le parecía increíble que pudiera tenerla en ese momento.

-Hermanito, vamos ya han traído las pizzas. –gritó Kirian desde el pasillo.

Ambos hicieron un puchero al escuchar el comentario de Kirian. –Deberemos esperar para estar juntos… -dijo Melinda.

-Tenemos todo el tiempo del mundo… -le susurró al oído. –Te espero fuera.

Cristian se cambió la ropa mojada, y fue a la cocina mientras Melinda se quedó vistiéndose en el baño. Aún no podían creerse ninguno de los dos lo que había pasado en el baño. Llegó a la cocina y su hermano empezó a reírse. –Anda que no pierdes el tiempo, hermanito… -dijo dándole un codazo.

Él se sonrojó ante el comentario de su hermano. –Yo… no... –No sabía lo que decir. –bueno ¿Dónde están las pizzas?

-Anda casanova… no te sonrojes. Si me alegro mucho por ti. –contestó abrazándole fuerte.

-Pero cuida a mi hermanita ¿eh? –dijo Delia. –Que aunque sea mayor que yo, no quiero que le hagan daño.

-¿Ya me estás poniendo verde, hermanita? –preguntó Melinda sonriendo.

-Pues no. –contestó sacándole la lengua. –estaba hablando bien de ti.

Todos empezaron a reírse ante la actitud aniñada de Delia. Kirian y Cristian estaban algo más tranquilos al ver que las dos hermanas estaban algo más tranquilas y sonriendo.
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