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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 26 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 11

11º- La pasión se respira alrededor

Pero después de cenar los dos hermanos tenían un conflicto emocional muy grande. Deseaban poder pasar la noche con sus respectivas novias, por otra parte, estando así de vulnerables y con todo lo que había pasado les parecía que se aprovecharían de ellas si las hacían suyas.

Se pusieron a recoger la cocina mientras ellas veían un rato la tele. Tenían que hablar sobre cómo dormirían esa noche y no querían que las chicas les escucharan. Después de mucho hablar decidieron que cada uno dormiría en una de las habitaciones pues para eso tenía la casa cuatro habitaciones.

-Con las ganas que tengo de pasar la noche con Delia... –se quejó Kirian.

-Hermanito que ya eres mayorcito. Como comprenderás no es el momento. Parece mentira que tu seas el mayor. –dijo Cristian regañando a su hermano.

-Perdona, tienes razón, es que estoy pensando demasiado.

-Ya te veo… -contestó Cristian sonriendo. –Si te entiendo, a mi me pasa lo mismo con Melinda, y después de lo que ha pasado en el cuarto de baño, no creo que pueda pegar ojo en toda la noche.

-Bueno rufián, no te lo calles y cuéntamelo.

Cristian le relató a su hermano lo ocurrido en el baño, lo más bajito que pudo pues quizás no le haría gracia a Melinda que su hermano lo supiera. Pero siempre se lo habían contado todo y necesitaba desahogarse un poco.

-Vaya… quien lo diría... –dijo asombrado. –Aunque claro, tú también… entrar en el baño sabiendo que estaría desnuda. ¡Menudo as!

-No lo hice por eso, idiota. –se quejó Cristian. –estaba preocupado por ella, tardaba demasiado en salir del baño.

-Ya… ya… ve a otro con ese cuento. –se burló su hermano.

-¡Qué gracioso eres! –protestó.

-¿Qué os pasa? –preguntaron Melinda y Delia a la vez.

-Nada. Estábamos hablando sobre… las sábanas que cogeremos para poner las cuatro camas. –dijo Cristian disimulando.

-Ah. –el tono de asombro de Delia era compartido por su hermana.

Lo cierto es que las hermanas se habían desilusionado un poco por el hecho de dormir cada una en una habitación. Así que se fueron de nuevo al comedor mientras ellos recogían las últimas cosas, tenían que hablar a solas.

-Oye hermanita, yo no sé tú, pero me gustaría pasar la noche con mi novio. –dijo Delia ruborizándose.

-A mi también me gustaría pasarla con Cristian pero quizás si lo decimos así, quedemos un poco mal. –contestó. -¿Qué te parece si, decimos que nos pongan en la misma habitación? Decimos que queremos dormir juntas para no estar solas, y cuando pasen un par de horas nos vamos a sus camas. –susurró muy bajito.

-Me parece un buen plan, así cada una lidia con su vergüenza en compañía de su novio. –respondió alegremente.

Entonces llegaron al comedor los dos hermanos y oyeron las risitas.- ¿De qué os reís tanto?

-Nada, cosas de hermanas. –dijo Delia.

-Por cierto, queríamos deciros que nosotras dormimos mejor juntas, no nos apetece estar solas toda la noche. –añadió Melinda.

-Vale, no pasa nada. Casi mejor y así hacemos una cama menos. –dijo Kirian muy satisfecho.

Estuvieron poniendo las sábanas, y se metieron en sus respetivas habitaciones. Pero Kirian y Cristian estaban apenados, sus instintos primarios estaban a flor de piel en esos momentos, y las ideas que se les veían a la cabeza les hacían imposible conciliar el sueño. Las hermanas por su parte, estaban hablando un rato para hacer tiempo hasta que creyeran una hora oportuna de salir de la habitación.

En torno a la una y media de la mañana, estaban bastante aburridas de esperar así que decidieron irse con sus amores. Delia entró la primera y literalmente saltó encima de Kirian, que en realidad no se sorprendió, empezó a besarla impaciente. Se deshicieron lo más pronto que pudieron de sus ropas para poder sentirse mucho más cerca.

…………………………

Melinda abrió lentamente la puerta para evitar hacer ruido. Se sorprendió mucho al ver a Cristian despierto. – ¿Estás despierto?

-Es que no podía dormir, no paro de pensar en ti. –dijo incorporándose para acercarse a Melinda. – No puedo quitarme de la cabeza lo que pasó en el baño.

Ella se sonrojó al recordarlo, se abrazó a Cristian. Él empezó a sentir un fuego interior que le recorría todo su cuerpo, que estallaría si no estaba con Melinda. Pero quería tomarse su tiempo, no quería agobiarla, además no tenían ninguna prisa por estar juntos.

Se besaron lentamente, pasando sus manos por cada parte a la que llegaba el uno del otro. Se desprendieron poco a poco de la ropa, mientras las caricias y los besos iban en aumento.

-Esto no me lo esperaba. –susurró Cristian sin parar de besarla. –No sabes lo que ansío hacerte mía… -dijo con lujuria.

-Pues… ¿A qué esperas? –le provocó ella mordiéndole el lóbulo de la oreja.

No hizo falta decir más, Cristian enloqueció de pasión. Arrancándole la ropa interior casi a tirones. Había estado conteniéndose desde que había estado con Melinda en el cuarto de baño.

No podían esperar ninguno de los dos, estaban sedientos, necesitaban sentirse. Cristian se puso un preservativo y penetró a Melinda, haciendo que emitieran un gemido sordo de placer.

Comenzaron un baile rítmico y apasionado, lleno de caricias, besos, y un placer incontenible, que les hacía arder por dentro. Como si fueran a reventar de placer, así estuvieron un largo rato. Cristian se colocó encima de Melinda y bajó poco a poco con su lengua, por su cuello, hasta sus pechos, disfrutando de ellos.

Ella jamás había sentido semejante placer, pues las veces que había estado con un antiguo novio, no había sentido placer ninguno. Ambos disfrutaron de un grandísimo placer, ella llegó antes al clímax, pero eso no impidió que siguiera sintiendo placer. Pasado un rato llegaron juntos al clímax, fue una noche mágica y placentera, que había sellado ese amor tan puro que crecía por momentos.
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