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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 27 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 13

13º- Sofocando el dolor

Los siguientes días no pudieron ver a Adriana, pues hasta que no la hicieran una evaluación completa y estuviera algo más recuperada. Y eso no era fácil de sobrellevar, ellas necesitaban estar con su hermana, verla, hablar con ella…

Pedro estaba destrozado, no sabía cómo poder seguir viviendo. Más de una noche había llegado borracho a casa y con los ojos llorosos. Ellas entendían que no pudiera superarlo, pero la solución no era la bebida.

Hablaron con Cristian y con Kirian para que intentaran hablar con él, para hacerle entender que la solución no estaba en la bebida. –Vale, esta tarde cuando salgamos de trabajar vamos a casa a hablar con él. –le dijo Cristian a Melinda.

-Estamos muy preocupadas. Yo anoche hasta tuve miedo. No sé… por si al estar bebido le da por ponerse agresivo. –comentó algo asustada.

-No creo, él nunca ha sido agresivo. Es solo que está muy apenado. Si yo no pudiera estar contigo estaría igual.

-Tal vez… tal vez tengas razón. Nos vemos luego. Te quiero. –contestó ella antes de colgar.

Ella se quedó algo más tranquila por haber hablado con Cristian, pero no lo estaría del todo hasta que no consiguieran hacerle entrar en razón. El día pasó y por fin Delia y Melinda esperaban que llegaran sus novios para poder charlar con Pedro.

Pero Cristian y Kirian llegaron y Pedro no aparecía, esperaron e incluso empezaron a preocuparse por él. En torno a la medianoche, las chicas estaban histéricas porque Pedro no había aparecido por casa.

-¿Por qué no llamamos a la policía? ¿Y si le ha pasado algo? –preguntó Delia atacada de los nervios.

-Tranquilas, seguro que está apunto de llegar. –Kirian intentaba calmarlas.

Mientras hablaban se oyeron las llaves en la puerta, pero nadie abría la puerta. Melinda se acercó a la puerta y la abrió. Pedro estaba intentando meter la llave en la cerradura sin ninguna puntería.

-Pedro ¿Estás borracho?

-¿Yyyoo? –preguntó tartamudeando por la borrachera. –Noooo, eg que la puerrta no para de moverse…

-Pero ¿cómo vienes así? ¿Es que no te das cuenta que beber no es la solución? –le regañó con mala cara.

-A mm mí… no me digasss lo que debo hacer… -dijo tambaleándose.

Empezó a tambalearse y estuvo a punto de caerse al suelo, pero antes de que eso sucediera, le cogieron entre Cristian y Kirian. –Debemos llevarlo a la bañera para que se despeje.

-¡No quiero! –dijo enrabietado como un niño pequeño. –Además ¿Qué más da? No volveré a estar con Adriana… -contestó mientras sus ojos se ponían vidriosos. –Yo no quiero vivir sin ella…

-No seas cabezota. –le regañó Cristian. –Ahora mismo te das una buena ducha fría y te despejas de esa monumental borrachera.

Se revolvió todo lo que pudo y decidieron soltarle, no estaban consiguiendo convencerle. Pero Melinda que estaba superada por esa situación era demasiado, necesitaba poner las cosas en su sitio.

Fue a la cocina y cogió una jarra de agua, volvió con ella y se la echó encima a Pedro. -¡Ala...! para que te espabiles y dejes de hacer el idiota con la bebida. Nosotras no lo estamos pasando bien, y no hacemos el imbécil. –le regañó.

Todos se quedaron boquiabiertos ante la reacción tan inesperada de Melinda. Nunca había sacado su carácter y la verdad es que les había pillado tan desprevenidos que no sabían cómo reaccionar.

-Pero… -empezó a decir Pedro.

-¡Pero nada! Ahora te das una ducha y te espabilas o te espabilo yo. ¡Venga, desfila al baño! –le ordenó con voz seria y firme.

Pedro no dijo nada, y obedeció sin rechistar lo que le había dicho Melinda. Cristian se acercó a su novia con mucha cautela. –Vaya… te pusiste firme. Y lo más increíble es que le hiciste reaccionar… -estaba asombrado.

-Es que no sé, no he podido controlarme. –respondió.

Una vez que estuvieron todos más calmados, Cristian y Kirian dijeron que ya se quedaban allí a dormir, pues se les habían echo las tantas de la madrugada. Era una gran noticia, pues les encantaba pasar juntos todo el tiempo que podían

Cuando se fueron a dormir, Cristian aún estaba asombrado por el carácter que había sacado Melinda. –Aún no puedo creer lo que le has dicho a Pedro. Ha sido una pasada…

-Es que yo también lo estoy pasando mal y no voy emborrachándome. Necesitaba una mano firme. –respondió.

-Pues no veas como me ha puesto esa mano dura… -comentó abrazándola por la espalda. Melinda notó su miembro erecto.

-Ya lo noto… -respondió con una amplia sonrisa.

Le tumbó en la cama de un empujón de manera salvaje. Se subió encima besándole urgentemente y de manera descontrolada. Él siguió esos besos encantado, pues estaba muy encendido.

Se entregaron con gran urgencia, pues tenían una sed provocada por un intenso fuego que se encendía en su interior. Sofocaban el fuego interno, besándose, acariciándose por todas partes a las que llegaban.

Esa noche su entrega fue mutua, de una forma física y espiritual, a partir de ese día su relación estaría unida por lazos mucho más profundos de lo que lo estaría nadie jamás.

Durmieron abrazados, Cristian la protegía entre sus brazos. Para él, ella era un tesoro, como si del cielo le hubieran enviado un ángel que le amara y cuidara. A partir de ese día prometió que daría las gracias por semejante regalo.

Nada más despertar, encontró a Melinda dormida a su lado con una amplia sonrisa. Era la vista más hermosa que jamás podría tener para despertarse. No pudo evitar besarla suavemente.

-Mm… buenos días… -susurró sonriendo.

-¿Dormiste bien?

-Sí, mucho. Sobre todo porque estaba contigo. –respondió apretándose mucho más contra él.

Al estar los dos desnudos, el roce de sus cuerpos generaba una especie de corrientes eléctricas que hacían que ese fuego volviera a encenderse. Empezando un intenso beso que era el comienzo de algo más profundo.

-Me encantaría seguir. –dijo Melinda separándose unos centímetros. –Pero… los demás ya estarán despiertos

-Espero que me compenses... –pidió poniendo ojitos.

-Claro que sí. –respondió besándole.
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