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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 28 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 15

15º- La normalidad vuelve

Volvieron con las chicas, estaban deseando contarles la buena noticia. Seguro que las emocionaría. –Chicas, hemos hablado con la psiquiatra.

-¿Y qué ha dicho? –preguntó Delia muy impaciente.

-Pues… que nos la podemos llevar a casa. –contestó Pedro con mucha efusividad.

¿De verdad? –preguntó Melinda incrédula.

-Aunque hay una condición, pero lo importante es que podemos llevarla a casa con nosotros. –dijo Pedro.

-Hermanita, ¿oíste eso? –preguntó Melinda abrazando a su hermana. – ¡Vuelves a casa con nosotras!

Era una noticia tan fantástica que no podían creérselo todavía. Toda la angustia de ese tiempo ya había pasado. Pues aunque tuvieran que vigilarla y ver su evolución, estarían en casa con ella que era lo que más les importaba.

Tenían tanta ilusión, que no habían visto los inconvenientes de tener a Adriana en casa dado el estado mental en que se encontraba en ese momento. Con lo que los primeros días fueron un calvario para todos ellos.

A todas horas dejaban a alguien con ella. No hablaba casi nada en todo el día, lo que dificultaba mucho saber su estado anímico. Tenía muchas pesadillas y se ponía a gritar y llorar. Melinda y Adriana empezaron a desesperarse. Pasadas unas cuantas semanas en las que se había hecho las evaluaciones, las dos hermanas seguían muy preocupadas. Una noche, se pusieron una tarde a hablar a solas.

-Esa no es Adriana, parece una zombi todo el día. No creo que tanta medicación sea buena. –dijo Delia.

-Lo sé. No parece ella, está muy rara. Pero temo que pueda volver a intentar suicidarse. –contestó su hermana.

Vieron que Adriana se había acercado a ellas, con lo que se quedaron en silencio. –Ya sé que hablabais de mí. Podéis seguir con los cuchicheos. –dijo dejándolas con la boca abierta. –Sé que pensáis que ahora soy retrasada o algo, pero os equivocáis.

Se alejó por el pasillo hasta el baño mientras las dos hermanas la observaban incrédulas por lo que acababa de ocurrir. – ¿Ves? Esa sí es Adriana. Esa sí que es nuestra hermanita.

-Pero ¿Y ese cambio tan repentino?

Fueron al comedor donde estaban Pedro, Kirian y Cristian, que ya estaban a diario viviendo allí, para que así fuera más fácil cuidar de Adriana. –Chicos, ¿Adriana ha estado hablando con vosotros?

-No mucho, prácticamente nada. –respondió Pedro.

-Es que no os vais a creer lo que acaba de decirmos. –dijo Delia sentándose.

Les dijeron la media conversación que habían tenido con su hermana en la cocina. Lo que más les sorprendido era lo despejada que se la veía. –yo… no sé, hace unos días estaba como una zombi, y ahora está tan serena…

-¿Estáis convencidos de que se toma la medicación? ¿Veis que se trague las pastillas? –preguntó Melinda.

-Yo le dejo las pastillas con el vaso en la mesilla. –dijo Cristian.

-Yo también. –añadió Pedro.

-¿Pero estáis tontos? –interrumpió Kirian. –Parece mentira que tú seas médico. –dijo señalando a Pedro. –Siempre hay que estar delante para asegurarse de que se toman la medicación.

-Ya pero, no creo que Adriana…

-Adriana intentó suicidarse, ¿crees que no seria capaz de esconder las pastillas para no tomárselas? –preguntó Melinda seriamente.

-Las he escondido porque cuando las tomo no me siento yo misma. –dijo Adriana, sorprendiendo a todos.

-Pero debes tomar la medicación. –contestó Pedro. –Tienes que tomarla para recuperarte y no tener que volver al centro.

-Intenté suicidarme porque creía que así –señaló las cicatrices - todo el mundo se reiría de mí, y tú dejarías de quererme. Pero todo el tiempo que he estado en el centro, me ha hecho darme cuenta de que no debí hacerlo. –explicó muy serena.

Melinda se abrazó a su hermana. –Todo es culpa mía, el día del incendio tuve que impedirte que entraras, y así nada de esto habría pasado. –dijo comenzando a llorar sin control.

-Hermanita, entré porque quería salvar a nuestros padres. Y si tuviera que hacerlo por cualquiera de vosotros lo haría de nuevo sin pensármelo. –respondió abrazando a su hermana.

-Sabíamos que lo estabas pasando mal con lo presumida que habías sido siempre. Tuvimos que apoyarte más. –añadió Delia.

-Me habéis demostrado que eso no es lo importante. Al menos sigo viva, y puedo seguir a vuestro lado. Y al lado de mi marido. –dijo mirándole con la mirada iluminada y llena de amor.

-Hay que hablar con la psiquiatra. Si todos estos días has estado sin medicación y eres tú misma debemos decírselo. Y tal vez no tengas que volver al centro. –respondió Pedro muy ilusionado.

Al día siguiente, a primera hora fueron al centro con Adriana, pues así comprobaría con sus propios ojos el cambio de Adriana desde que estaba fuera y a escondidas guardaba la medicación sin tomársela.

La doctora estaba algo reticente, no creía en una recuperación milagrosa y menos sin haber estado tomando la medicación. Pero hizo una evaluación completa y los resultados fueron positivos.

-Estoy asombrada, jamás había visto un caso como el de Adriana. Es casi un milagro. Aún no logro creérmelo.

-Bueno, pero entonces… ¿ya puede darle el alta? –preguntó Pedro.

-No estoy convencida del todo. Prefiero que al menos una vez al mes siga viniendo a hacerse evaluaciones. Y si notasen algún cambio en su actitud o que empeorase, deben traérmela de inmediato. –explicó.

La noticia no podía llegar en mejor momento, y todos quisieron celebrarlo por todo lo alto. Incluso invitaron a los padres de Kirian y Cristian, para que así los conocieran más formalmente.

Pero claro, tenían miedo de proponer una cena en un restaurante, pues tal vez aunque Adriana estuviera muy recuperada, no estaba preparada para salir a la calle y enfrentarse a la gente.

-Verás cariño… -comenzó Pedro. –Habíamos pensado que para celebrar tu recuperación, podíamos estar todos juntos.

-Claro, me apetece distraerme. –respondió ella.

-Ya pero… habíamos pensado en ir a un restaurante. ¿Qué opinas? –preguntó cogiéndola de las manos.
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