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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 29 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 16

16º- Bonita cena

-Pues… que ya es hora de que salgamos por ahí. Necesito volver a hacer las cosas que hacía antes. –contestó abrazando a su marido.

Pedro estalló de alegría, llevaba tanto tiempo deseando volver a estar con su querida esposa que ese cambio era lo que necesitaba. Cogió a Adriana y se la llevó a la cama, empezó a besarla urgentemente.

Ella siguió a su marido, había sido mucho tiempo, semanas y semanas sin ningún contacto. Y aunque hacía un tiempo que había vuelto a casa, no habían vuelto a estar juntos desde antes del incendio.

Esa noche volvieron a unirse, fue como reencontrarse, como si hubiera pasado muchísimo más tiempo, en lugar de meses, hubieran pasado unos cuantos siglos. Esa noche durmieron abrazados, con una sonrisa dibujada en los labios.

Al día siguiente, Adriana parecía otra, se levantó nueva, con mucha energía. Les preparó el desayuno a todos, limpió la casa, estuvo activa todo el día. Los demás estaban asombrados pero felices por verla tan recuperada.

Se fueron a trabajar todos salvo Pedro, estaban felices pero de todas formas sentían algo de miedo a que se quedara sola. –Mi amor, estoy asombrado. Es que no tengo palabras…

-Me doy cuenta del comportamiento que he tenido. Me has demostrado que me amas y gracias a eso tengo las fuerzas para seguir adelante. –contestó abrazándole.

Después de pasar las horas, llegaron todos de trabajar. Irían al restaurante y allí estarían esperando Dennis y Annette. Las chicas estuvieron arreglándose todas juntas, así que iban para largo.

Los chicos no tardaron nada en arreglarse y se pusieron a ver la televisión un rato. –Madre mía, al final llegaremos tarde si siguen siendo tan tardonas. –se quejó Kirian.

-Yo ya estoy acostumbrado, Adriana siempre ha tardado muchísimo. Y encima son 4 mujeres juntas… -contestó Pedro. –Y por cierto, vuestra hermana ¿aún no sale con nadie?

-La verdad es que no. Es algo solitaria, pero sé que está deseando tener novio. –comentó Cristian.

-¿Y cómo sabes eso? –preguntó Kirian. -¿Te lo dijo ella?

-Claro que no. Pero se lo he notado, de las veces que hemos estado todos juntos y ella en esos momentos está con la mirada perdida.

-Pues eso no puede ser, hay que buscarle un novio, que sea un buen tío. ¿No os parece? –preguntó Pedro.

Por fin, salieron las chicas, los respectivos novios se quedaron asombrados de lo guapas que estaban. Adriana aunque iba muy hermosa, se puso una camiseta de manga larga y sin escote. Pedro la conocía bien, sabía que su vanidad era demasiada para que la vieran con las cicatrices, pero salir a un restaurante ya era un paso muy grande en su recuperación.

-¿Ya por fin podemos irnos? –preguntó Kirian.

-SI. –contestaron ellas al unísono con voz seca.

Como eran muchos, fueron en el BMW negro de Cristian y en el Citröen C5 azul eléctrico de Kirian. La verdad es que todos iban pensando en Adriana, en cómo reaccionaría en el restaurante, les asustaba un poco la reacción que pudiera tener delante de tanta gente.

Llegaron al restaurante y en la puerta estaban esperando Dennis y Annette, se presentaron y una vez que se terminaron las presentaciones pasaron al restaurante. Pedro había pensado en que Adriana podría no tener una buena reacción, así que pidió que estuvieran algo apartados de las demás mesas, solo por si acaso.

La cena fue bastante tranquila. Adriana estaba muy alegre, parecía la misma de siempre, como si todo lo ocurrido jamás hubiera pasado. Melinda seguía sintiéndose culpable, creía que debía haber cuidado mejor de sus hermanas, y el remordimiento la estaba atormentando.

Cristian que ya la conocía bastante bien, se dio cuenta de lo que la estaba ocurriendo, pues estaba ausente y casi sin hablar. –Deja de culparte. Tú te ocupas de tus hermanas lo mejor que puedes. –susurró besando su mejilla.

-No es así, debí hacerlo mejor. –se culpó. –Pero al menos veo que vuelve a ser mi hermanita de siempre. –susurró muy bajito.

-No digas eso, porque no es verdad. –Cristian empezaba a estar algo molesto por la actitud de Melinda.

-¿Me acompañas a que me de un poco el aire? –le preguntó. –Necesito un segundo para respirar.

-Claro. –dijo levantándose.

Al ver que se levantaban Annette se quedó extrañada. –Hijo, ¿Dónde vais? Aún no hemos acabado de cenar.

-Lo sé mamá. Tan solo vamos fuera un momento para que le de un poco el aire a Melinda.

-¿No te encuentras bien, hermanita? –preguntó Delia.

-Tranquilos, estoy bien. Es solo que necesito un minuto. No tardamos nada en volver. –contestó con una sonrisa para tranquilizarlos.

Salieron del restaurante, se fueron al callejón de al lado. Melinda no quería que la gente que pasaba por la calle se les quedara mirando. Un par de minutos después Cristian habló. – ¿Ya estás mejor?

Pero Melinda ya no pensaba en lo que había estado hablando con Cristian en la cena. Llevaba unas cuantas semanas sin poder intimar con su novio, pues tenían que estar muy pendientes de Adriana. Su lívido llevaba sedienta desde hacía tanto tiempo que no pudo esperarse.

Se abrazó a Cristian y empezaron un apasionado beso, que él respondió gustoso. Pero mientras se besaban, Melinda comenzó a desabrocharle los pantalones a Cristian. Él se separó unos centímetros de los labios de Melinda. – ¿Qué haces? Mel que estamos en la calle y puede vernos todo el mundo.

-Nadie nos va a ver, este es un callejón bastante oscuro. Además, ¿no te da morbo que puedan pillarnos?

Cristian vio la lascivia en los ojos de su novia y fue como un interruptor. Subió el vestido de Melinda, lo justo para acceder a su intimidad. Cuando ambos estuvieron listos, cogió a su novia en brazos y la penetró.

Era una sensación nueva, en un lugar nuevo, las sensaciones eran distintas, pero el placer era intenso, muy intenso. Jamás hubieran pensado en hacer algo semejante, pero ya no podían parar, estaban enloquecidos de amor.
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