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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 21 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 2

2º- Diagnóstico

Ellos se pusieron a examinarla, poniéndole sueros tapándole las quemaduras pero ella no recuperaba la consciencia. Lo peor era verle las quemaduras, siempre había sido la más guapa de las tres, y ver así a su hermana era demasiado.

Cristian se había quedado a su lado, y cuando Melinda se dio cuenta de que estaba allí fue cuando reaccionó. –Muchas gracias por salvarla…- dijo entre lágrimas.

-Es mi trabajo, espero que se ponga bien. ¿Necesitáis algo?

Melinda solo lloraba, no tenía ganas de nada más, se habían quedado sin padre, y su madre les habían dicho que no iba a sobrevivir, y encima su hermana estaba grave, sin saber si saldría adelante.

Como un acto inconsciente se acercó y le miró a los ojos, unos ojos… que transmitían tranquilidad, amor, cariño… quiso acercarse, estar bajo la protección de sus brazos, parecía un chico maravilloso.

Pero al mover sus piernas perdió el equilibrio, se mareó, empezó a verlo todo doble, y sus ojos empezaron a desenfocarse, hasta que no pudo ver nada de nada, todo fue oscuridad.

Pasado un rato, empezó a sentir que reaccionaba poco a poco, podía notarlo porque escuchaba ruidos de fondo y un olor a… la colonia de Calvin Klein. Eso significaba que había un chico allí a su lado.

Parpadeó varias veces hasta que consiguió enfocar, lo primero que vio fue la cara tan preciosa de Cristian, esos ojos… - Yo… dónde… yo… -balbuceaba sin sentido.

-Shhh… tranquila. –susurró Cristian.

-¡Hermanita! –gritó Delia con voz angustiosa.

Melinda estaba algo desorientada, intentó levantarse pero ambos se lo impidieron. –No te levantes, te has mareado.

-Adriana… -susurró.

-Se la han llevado al hospital. Ahora te llevan a ti. Aunque dicen que fue una subida de tensión. –comentó Delia.

Ella no se encontraba bien del todo, se sentía mareada y extraña por todo lo ocurrido, así que solo asintió y se acomodó en la camilla de la ambulancia, sin dejar de mirar a Cristian. Él le devolvía esa mirada tan profunda y eso hizo que en su estómago empezaran a revolotear mariposas de la emoción.

Pero ella necesitaba conocer a ese chico, sentía que su corazón estaba dando golpes para avisarla, que ese chico sería especial para ella y tenía que volver a verle de un modo u otro y no pensó en lo que decía. –Quiero volver a verte…

Él ante ese comentario sonrió e incluso se sonrojó levemente. –Iré luego a verte al hospital, descansa. –dijo para darle un beso en la mejilla.

Allí donde su piel que había rozado, un fuego les quemaba por dentro, como el fuego que habían sofocado en el edificio, solo que ese fuego no se apagaba con agua, sino con caricias y con besos…

Parece que eso dejó algo más tranquila a Melinda, la ambulancia iba de camino al hospital. Delia no le había soltado la mano en todo el trayecto, estaba siendo una pesadilla de día. No entendía cómo su hermana se comportaba así…

Supuso que estaba así por todo el shock de sus padres, así que lo dejó pasar, al menos hasta que la revisaran y le dijeran que estaba bien. Adriana… era un caso a parte, habían visto las graves quemaduras y no sabían la gravedad de su estado.

Llegaron al hospital, se llevaron a Melinda a hacerle varias pruebas, mientras Delia se quedó en información preguntando por su hermana Adriana y por sus padres. Su padre había fallecido y su madre, por lo que le habían dicho, estaba muy grave.

En la ventanilla de información había una chica morena, con ojos azules, no se la veía muy alta y era bastante delgadita. –Hola, buenas tardes, me llamo Samanta, ¿en qué puedo ayudarte?

-Han traído a mis padres y a mis hermanas, necesito saber cómo están. –pidió desesperada.

-Tranquila, Samanta, ya informo yo a la señorita. –interrumpió la voz de un hombre.

Se acercó a Delia, un chico con una bata blanca, era un chico moreno con los ojos verdes, muy alto, con muchos músculos, era muy guapo y tenía una expresión amable, Delia se sintió atraída por él al instante.

–Ella es mi hermana. Soy el doctor Kirian Domenech, he atendido a su madre. Pues su padre ingresó cadáver.

-¿Y cómo está mi madre?

-Lamento decirle que acaba de fallecer, tenía quemaduras muy graves y había inhalado demasiado humo.

Ella comenzó a llorar, aunque ya se imaginaba que ocurriría eso. Pero en ese momento, también tenía que preocuparse por sus hermanas que también estaban revisándolas. – ¿Y mis hermanas?

-Melinda, está perfectamente, le hemos hecho pruebas, y el desmayo ha sido una subida de tensión a causa de la noticia de la muerte de sus padres. Pero su otra hermana… me preocupa. –dijo con vos muy seria.

-¿Qué la ocurre?

-Ha inhalado bastante humo, pero eso no es lo que más me preocupa. Tiene dos grandes quemaduras, una en cada brazo, además de otra quemadura en el cuello. Se podrán hacer injertos de piel, siempre y cuando no se le forme una infección en las quemaduras. –explicó.

Delia se sentía abrumada, eran demasiadas malas noticias juntas en un mismo día, de una misma tragedia. Como si una tremenda mala suerte se hubiera cebado sobre su familia. –Necesito sentarme…

-Tranquilícese. Le traeré un poco de agua. –dijo amablemente.

-Por favor, tutéame. –añadió ella.

-Está bien. No te muevas que te traigo un poco de agua.

El doctor volvió con el vaso de agua, Delia estaba algo abrumada por tantas cosas juntas, pero por alguna razón no había parado de mirar al doctor, no podía permitirse pensar en enamorarse, no con la que tenía encima con sus hermanas.

-¿Puedo ver ya a mis hermanas?

-Claro, pero es mejor que vaya a ver primera a Melinda, además aún no le hemos dicho nada sobre Adriana. –comentó amablemente.

-Pero tengo que avisar a Pedro Holgado, trabaja en este hospital y es el marido de mi hermana Adriana. –explicó ella.

-¿Ella es la mujer de Pedro? No para de hablar de ella. Bueno, vamos a ver a tus hermanas.

Ella siguió al doctor hasta el box, Melinda estaba tumbada y bastante nerviosa, nada más ver a Delia se incorporó. –Hermanita, ¿sabes algo de Adriana?

-Tranquila, ¿cómo estás tú?

-Yo bien, pero quiero saber lo que le pasa a Adriana y a mamá y papá.
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