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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 21 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 3

3º- Asimilando las malas noticias

Delia se puso a llorar nada más oír a su hermana, no sabía cómo decírselo, eran demasiadas malas noticias y ya había tenido una subida de tensión por la impresión, tal vez volvería a pasarle lo mismo pero Melinda se estaba impacientando.

-Pues… ya sabes que nos dijeron que papá había muerto, y mamá… ha muerto hace un rato… -contestó llorando. –Y Adriana…

-¿No me digas que ella también está muerta? –preguntó horrorizada.

-No, está viva, pero… tiene graves quemaduras… aunque yo aún no he ido a verla.

Melinda se puso a llorar intensamente. –Pero, ¿Podemos ir a verla? Necesito verla con mis propios ojos.

-Os acompañaré, por precaución, pues tal vez sea duro verla así. –contestó el doctor, mirando profundamente a Delia.

Ambas siguieron al doctor hasta la habitación 212 y las dejó pasar primero. Ellas vieron a Adriana en la cama, estaba rodeada de cables y máquinas, tenía los brazos tapados por un montón de gasas y el cuello tenía otra gran gasa.

Ellas lloraron nada más verla, se acercaron a ella con cuidado e intentando no hacer mucho ruido. Melinda cogió su mano y Delia hizo lo mismo, al sentir el contacto con su piel Adriana se despertó.

-Yo…yo…

-Shh… tranquila. No pasa nada, estamos aquí. –susurró Melinda.

Ella intentó tocarse el cuello y los brazos al notar dolor. Y vio las vendas. -¿Qué, qué me pasa?

-No te toques, es que te quemaste, pero te vas a poner bien. –comentó Melinda dedicándole una pequeña sonrisa.

-¿Y Pedro?

-Le he avisado, ahora mismo viene. –interrumpió Kirian.

-¿Y mamá y papá están bien? –preguntó muy preocupada intentando levantarse de la cama.

-Pues… verás… -empezó a decir Delia, pero se puso a llorar.

Adriana se alarmó mucho al ver la reacción de su hermana, sabia que no era buena señal. Melinda ya que era la mayor tenía que ser la que tuviera más entereza y más sangre fría. –Cariño, mamá y papá… han muerto.

Se puso a llorar, con lo que Delia la abrazó con delicadeza para no lastimarla, y Melinda se unió al abrazo. Kirian aún seguía en la habitación, le parecía que debía irse, pero tampoco quería interrumpirlas.

Además, ver así a Delia… hizo que le diera un vuelco el corazón, estaba sufriendo al igual que sus hermanas y eso le estaba machacando en su interior de una manera que jamás hubiera imaginado.

Mientras se debatía si interrumpirlas o no, entró Pedro en la habitación como una exhalación gritando desesperado. –ADRIANA, ¿ESTÁS BIEN? ¿Qué os ha pasado?

-Tranquilo, cálmate un poco. Yo te lo cuento que ellas están muy nerviosas. –intervino Kirian.

Estuvo contándole todo lo del incendio y lo ocurrido a sus padres, a Melinda y a Adriana, que había sido la peor parada de las hermanas. Él escuchó horrorizado todo lo que le contó su amigo y se quedó petrificado ante los hechos.

Se acercó a Adriana y miró las gasas, tenía varias quemaduras bastante graves, a él no le importaba, pero sabía lo vanidosa que era y no le gustaría nada verse así. Ya sabía lo duro que sería para ella cuando fuera más consciente de todo lo ocurrido y viera las quemaduras sin las gasas.

Charlaron los cinco un rato sobre lo ocurrido, mientras ellas se iban calmando poco a poco. Adriana estaba algo ausente pues tenía muchísima medicación para evitar que las quemaduras le dolieran, así que no se enteraba demasiado de lo que ocurría a su alrededor.

Hasta que llamaron a la puerta y Melinda dio permiso para que entrara. Al ver quien era se quedó con la boca abierta, no podía creer que fuera real, que él estuviera en ese momento allí. Su primer impulso fue lanzarse a sus brazos y besarle, pero se contuvo con mucho esfuerzo.

Se acercó a él lentamente, mirándole a sus preciosos ojos azules, ese mar tan profundo en el que daban ganas de perderse eternamente. –Hola… ¿Cómo has sabido que estaba en esta habitación?

-Pregunté en información por vosotras.

-Si no te dijimos ni nuestros nombres. –dijo extrañada.

-Pero lo del incendio ha sido algo sonado, y al preguntar por tres hermanas del incendio en seguida supieron de quien se trataba. Además mi hermana Samanta me dijo los nombres. ¿Cómo estáis, Melinda?

-Bueno… al final mi madre también ha muerto. –comentó triste. –Y mi hermana tiene varias quemaduras, pero está viva gracias a ti.

-Lamento lo de tus padres. Lo de tu hermana, pues es mi trabajo salvar a la gente en los incendios –contestó sin dejar de mirarla.

-Gracias por venir. –susurró con una ligera sonrisa.

-Dijiste que querías volver a verme, y bueno… para ser francos, yo también quería volver a verte. –confesó ligeramente sonrojado.

-Ejem… -tosió Pedro. –Yo soy Pedro, soy el marido de Adriana. Gracias por salvarla en el incendio.

-No hay de qué, es mi trabajo. Soy Cristian mucho gusto.

Se hicieron todas las presentaciones para que conocieran a Cristian, lo cierto es que Melinda se había quedado embelesada con Cristian, le resultaba imposible dejar de mirarle.

Pasado un rato, Cristian miró su reloj. –Lo siento, pero se me está haciendo tarde y tengo que irme. –se excusó. – ¿Hermanito te vienes? –le preguntó a Kirian.

Si, que además ya voy a acabar mi turno.

Melinda se entristeció mucho al escuchar lo que dijo Cristian, se acercó a él todo lo que pudo. – ¿Ya te vas? ¿No volveré a verte? –preguntó apenada.

Él sacó una tarjetita y se la dio a Melinda haciendo que sus manos se rozaran y que sintieran una especie de corriente eléctrica ante tal contacto. –Toma, ese es mi número, para cuando quieras llamarme.

Ella rebuscó en su bolso, pero no encontró papel, lo que si encontró fue un bolígrafo. Cogió la mano de Cristian y escribió su número para luego dedicarle una tímida sonrisa que él le devolvió.

-Te llamaré, no lo dudes. -Susurró al lado de su oído antes de darle un tierno beso en la mejilla.

Ella ante ese beso se ruborizó pero le devolvió el beso en la mejilla. Cristian se sonrojó ligeramente, los labios de Melinda eran tan suaves como el satén, ese beso había sido como si le hubiera tocado la lotería.

Se despidió de los demás y salió de la habitación, junto a su hermano, con una amplia sonrisa entre sus labios, le era imposible ocultar lo feliz que se sentía al haber estado tan cerca de esa chica tan fantástica.
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