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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 22 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 4

4º- Sentimientos enfrentados

-Hermanito, veo que esa chica te ha gustado ¿no? Se te estaba cayendo la baba. –dijo con una sonrisilla.

Se sonrojó ligeramente ante tal comentario, pero intentó cambiar de tema. –Bueno y a ti te ha gustado otra de las hermanas, que lo he notado.

-Supongo que es tontería negarlo. –reconoció.

-Oye ¿y lo de su hermana tiene solución? –preguntó cambiando la expresión de su cara, en ese momento se puso serio.

-Pues si las heridas cicatrizan bien y sin infecciones, se le podrán hacer injertos de piel, pero se quedarán marcas.

-Vaya… las tres hermanas son muy guapas, la verdad es que es una pena… y encima se quedaron huérfanas. –dijo algo triste. –Oye y el marido de Adriana, es compañero tuyo ¿no?

-Sí, la verdad es que es un prodigio de médico. No podemos tener un mejor médico en este hospital. Además hace tiempo que somos muy amigos, seguro que te caerá genial, es un gran tipo.

-Claro, será estupendo. Pero quiero ir a casa, necesito pensar.

-Ya sé yo en quién necesitas pensar… -contestó dándole un codazo.

Se marchó en su BMW negro, llegando a casa con tranquilidad. Pensaba darse una ducha para relajarse, había sido un día eterno, como si el tiempo se hubiera ralentizado para pasar más lento.

Llegó a casa y se metió en la ducha, estuvo todo el tiempo recordando la preciosa cara de Melinda. Sus extraños ojos tan únicos, parecían de otro planeta, como si tuvieran un hechizo que le impidiera dejar de pensar en ella.

………………………..

Cristian y Kirian salieron de la habitación, y Pedro empezó a gastarles bromas a Delia y a Melinda. Se habían quedado ensimismadas por sus respectivos pretendientes, pues era evidente que se habían gustado.

-Bueno, así ya no estaréis solas. Aunque Mel, ¿qué pasa con Darío?

-¿Qué pasa de qué?

-¿No te gustaba?

-Y me gusta, ¿no sé a qué os referís?

-Pues que un poco más y te lanzas a los brazos de Cristian. –dijo Pedro.

-¿Yo? –preguntó sonrojada. –Eso no es verdad. Es guapo y eso, pero yo no iba a lanzarme a sus brazos.

Siguieron con las bromitas, así que Melinda decidió irse a casa para ducharse y relajarse un rato. Necesitaba pensar, era cierto que Darío le gustaba mucho, pero no podía negar que Cristian le había gustado también, se encontraba entre pensamientos enfrentados que hacían que dudase de sus sentimientos, de lo que sentía, de lo que quería sentir por cada uno de ellos.

Melinda fue al aparcamiento del hospital y se montó en su Honda Cívic plateado. Llegó a casa y se metió en la bañera, echó unas sales de baño con olor a fresa, necesitaba un ambiente relajado.

Lo único que consiguió fue pensar en Cristian y en Darío, los veía a ambos. Físicamente no se parecían, y era cierto que conocía desde hace más tiempo a Darío que ha Cristian. Pero al conocer a Cristian, había sentido algo en su interior, que le había removido su corazón y sus entrañas desde lo más hondo.

Tras un rato, se salió del baño, pues empezaban a arrugársele los dedos como pasas, odiaba que le pasara eso mientras se bañaba. Se puso su pijama azul cielo y se puso a ver la tele un rato, esa noche se quedaría Pedro con Adriana. Y Delia dijo que había quedado para salir con Kirian.

Al cabo de un rato empezó a sonar su móvil, miró la pantalla y no conocía el número pero lo cogió de todas formas. – ¿Diga?

-Eh… ¿Melinda? Soy Cristian. –contestó al otro lado de la línea.

Ella al escuchar su voz puso los ojos como platos y empezó a pegar saltos en el salón. –Sí, soy yo. ¿Qué tal?

-Pues bien, estaba deseando hablar contigo.

-Yo también. ¿Qué haces? Yo estaba viendo la tele un rato.

-Y yo, la verdad es que… no he parado de pensar en ti… -confesó. Se había sonrojado y dio las gracias porque Melinda no pudiera verle la cara.

-Eres muy amable… -contestó. Ella también se había sonrojado.

Estuvieron un rato hablando, pero llamaron al timbre, así que colgó y fue hacia la puerta. Abrió y allí estaba su vecino Darío mirándola con esa cara de niño y esos ojos de color miel. Llevaba una cala blanca en la mano. –Hola.

-Ho… hola.

-Es para ti. –dijo ofreciéndole la flor. –He visto por la tele lo de tus padres. Lo siento mucho. ¿Vosotras estáis bien?

-Eh, bueno mi hermana Adriana tiene algunas quemaduras porque se metió en el incendio a intentar salvarlos, pero está bien, y Delia y yo también. –contestó. –Gracias por preocuparte.

-Bueno, yo sé que quizás no es el momento pero… quería saber si querrías cenar conmigo el sábado que viene. –dijo algo retraído.

-Pues no sé…

-Anda por favor, llevamos mucho tiempo intentando quedar.-pidió con esos ojitos de color miel.

-Está bien. Nos vemos el sábado para cenar. Ahora tengo que hacer la cena, que está a punto de llegar mi hermana.

-Claro, nos vemos el sábado. –dijo acercándose a su mejilla y dándola un tierno beso, que la pilló por sorpresa.

Ella se quedó algo extrañada, pero sonrió, le había gustado que le diera ese beso. A continuación cerró la puerta con la cala en la mano. Y se fue a ponerla en agua, después se puso a preparar la cena.
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DIMATHIAN. Una novela de María Orgaz.