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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 24 de abril de 2010

Ardiente pasión capitulo 7

7º- Cita inolvidable

Tuvo que levantarse pronto y darse una ducha para despejarse, además tendría que remover todo el armario para encontrar algo adecuado. Estaba bastante más nerviosa de lo que estuvo el día anterior para la cita de Darío. Finalmente, y después de varias vueltas a toda su ropa, se decidió por un vestido por las rodillas de color morado y un escote de pico.

Mientras se maquillaba, esperó a que su hermana terminara de ducharse. Quería que le diera su opinión sobre el vestido que se había puesto. Cuando su hermana salió del baño la miró. –Hermanita, hoy si que estás que se sales…

Estuvieron hablando un rato, pues aunque se había maquillado, aún tenía los labios hinchados y se veía la herida. Hablando, hablando llegó la hora a la que había quedado con Cristian, aunque se retrasó cinco minutos.

Melinda abrió la puerta y se quedó asombrada. Cristian iba con unos vaqueros y una camisa azul que resaltaba sus preciosos ojos, azules como el océano. En las manos tenía un gran ramo de calas blancas y una caja de bombones. –Hola. –dijo ella tímidamente.

-Estás preciosa, como un ángel. –contestó ofreciéndole las flores y los bombones.

-¿Cómo sabías mis flores favoritas y que mi vicio es el chocolate? –preguntó ella asombrada.

-Bueno, tuve algo de ayuda. –confesó mirando a Delia.

-Entiendo… gracias son preciosas.

-¿Qué te ha pasado? –preguntó pasando el dedo por el labio inflamado de Melinda.

-Eh… Nada un problemilla que tuve ayer, pero fue una tontería. –se escapó de contar la verdad.

-Lamento haber llegado tarde, es que en la floristería había mucha gente. –se disculpó.

-Tranquilo, no pasa nada. Hermanita, nos vamos ¿vas a salir con Kirian?

No, le he dicho que se venga a comer a casa aprovechando que os vais. –comentó ella sonriendo.

Bajaron y se montaron en el coche de Cristian, pero antes de arrancar le tapó los ojos con una venda. – ¿Y esto a qué viene?

-Es una sorpresa. Ya lo verás cuando lleguemos. –dijo en tono divertido.

El coche se puso en marcha y tras un buen rato en el asfalto, al fin se detuvo por completo. – ¿Ya hemos llegado? ¿Cuál es mi sorpresa?

-No te precipites, que todo llega.

La ayudó a bajarse del coche. Caminaron unos pocos pasos y se detuvieron. Por fin le quitó la venda y Melinda vio una preciosa casa de dos plantas en tono azul. – ¿Dónde estamos? ¿Y esta casa tan bonita?

-Es mi casa y me alegra que te guste.

¿Tú casa? Creía que seguías viviendo con tu familia. –dijo extrañada.

-No, yo tengo mi casa, aunque algunos días voy a cenar con ellos y ya paso allí la noche. Pero vamos a entrar y te enseño la casa.

Entraron y un hall enorme se veía nada más entrar. Un amplio comedor con los muebles y las paredes combinados en tono azul y blanco. Toda la casa, con sus cinco habitaciones y dos baños estaba combinada en esos tonos, incluyendo la cocina.

-Vaya… es una maravilla… y en tono azul. Es mi color favorito.

-El mío también es el azul. He pensado que podíamos comer y luego ver una película. Aunque espero que te gusten los géneros que tengo.

-¿Qué tipo de películas tienes?

-Sobre todo de miedo, de sangre y de ciencia ficción. –contestó algo retraído por la posible reacción de Melinda.

-No lo dirás en serio ¿No? Son mis géneros favoritos.

-Ya veo que tenemos muchas cosas en común. –dijo alegremente.

Eso era cierto, se completaban y tenían muchas cosas en común. Además cada vez que Cristian le tocaba o hablaba, sentía como si el estómago le diera un vuelco. Todo su mundo desaparecía, estando a su lado, Melinda supo que ya tenía claros sus sentimientos.

La comida fue muy amena y Melinda describió otra virtud de Cristian, era buen cocinero, muy bueno. A diferencia de ella que no era demasiado hábil en la cocina. Una vez que terminaron Cristian fue a la nevera y sacó una tarta de chocolate de un respecto y apetecible. – ¡Qué buena pinta tiene la tarta! –dijo sonriendo.

Cristian rió ante tal comentario, en realidad el pensaba lo mismo, pues también el encantaba el chocolate. Una vez que comieron un trozo y recogieron la mesa se fueron al comedor. Después de mucho mirar toda la colección de DVD de Cristian, se decidieron por ver Sherlock Holmes que acababa de salir en DVD hacía unos días.

Pero a mitad de la película, ninguno de los dos prestaba demasiada atención a la televisión. No podían dejar de mirarse, observar sus rostros, y perderse en sus miradas, como si esa casa fuera el único lugar que existiera en el mundo no hubiera nada más. Y no necesitaran nada para vivir salvo estar juntos el uno contra el otro.

Poco a poco se fueron acercando, sintiendo sus respiraciones, sin dejar de mirarse. Cada vez más cerca hasta que suavemente sus labios se rozaron, fundiéndose en un cálido beso, lento, apacible, apasionado… Melinda se apretó más contra Cristian. él sintió el cuerpo de Melinda cada vez más cerca, y sintió que todo desaparecía. Tenía la imperiosa necesidad de tenerla más cerca y protegerla de cualquier cosa que la sucediera.

Según se besaban, en su interior despertaba un fuego intenso que recorría cada centímetro de su cuerpo. Melinda sintió un deja vù de su sueño anterior. No pudo esperarse, empezó a desabrocharle la camisa a Cristian quien se dejó llevar encantado. No podía creerse la suerte que estaba teniendo, pues había deseado tener a Melinda desde el momento en que la conoció.

Cuando Melinda le quitó la camisa se quedó sin habla, pues vio el perfecto torso de Cristian, parecía, esculpido por un artista. Él estaba enloqueciendo ante el roce de Melinda. La cogió en volandas y se la llevó a su habitación, tumbándose encima de ella. Subió su vestido dejando a la vista un precioso conjunto negro de ropa interior, semitransparente. Eso acabó con el poco autocontrol que lo frenaba.

Quitó el vestido a Melinda y se quitó los pantalones, ambos se habían quedado en ropa interior. El roce de sus cuerpos se había incrementado, sentían una corriente eléctrica allí donde sus cuerpos se rozaban. Se acariciaban y besaban por las partes a las que llegaban. Aunque Cristian tuvo cuidado a la hora de besarla para no lastimarla en el labio donde tenía la herida.

Entonces empezó a sonar el móvil de Melinda, sacándolos de esa burbuja en la que se habían metido. –Tengo que contestar, tal vez sean noticias de mi hermana. –se disculpó.
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