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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 5 de abril de 2010

Renacer capitulo 16

16º- Cena movidita

Cristian entró en la habitación, y vio a su precioso ángel muy frágil. Iba preciosa, con un vestido azul que la favorecía mucho y un pañuelo también de color azul. Pero estaba llorando abrazada a Darío.

Ella no le había visto, pero Darío sí. –Hola, no sé qué ha pasado. ¿La vas a echar un vistazo?

-Sí, así nos quedamos tranquilos.

Melinda al escuchar su voz le buscó con la mirada hasta que sus ojos se encontraron. Se incorporó para buscar los brazos de Cristian, que la abrazó con mucha dulzura. –Estoy asustada…

-Cuéntame con calma qué es lo que ha pasado. –dijo con una voz muy tierna.

-Me había terminado de vestir, y me miraba al espejo y se veía mi imagen como su fuera un monstruo con muchas cicatrices, me miraba y se reía, no quiero volver a mirar. –contestó abrazándose lo más fuerte que pudo.

-Mel, ya te hemos dicho que estabas dormida en el suelo, sería una pesadilla.

-Bueno, te hago una pequeña revisión por si acaso. –intervino Cristian.

Ella asintió y dejó que Cristian la hiciera una rápida revisión muy rutinaria. Al cabo de unos minutos terminó. –Bueno, ha sido una pesadilla, pero no puedes alterarte tanto, no es bueno para tu salud.

-No quiero ese espejo, ella está ahí y me mira. –contestó esquivando mirar el espejo.

-Fue una pesadilla, no tienes nada que temer. Quédate tumbada un rato y ahora te avisamos para la cena. –respondió Cristian besando su frente.
Salieron al comedor y Delia se acercó a ellos muy preocupada. –Bueno, entonces ¿Está bien?

-Ha sido una pesadilla pero me preocupa. Esa pesadilla significa que la operación le está afectando más de lo que yo creía; anímicamente hablando, está muy deprimida. Si sigue así pronto dirá que no quiere seguir con el tratamiento. –comentó Cristian.

-Entonces hay que animarla. Pondremos algo de música durante la cena y tal vez así se anima un poco. –dijo Darío.

-Claro, podemos poner durante la cena algo de música así más calmada y luego ya algo más animado a ver si se anima a bailar un poco. –añadió Delia.

-Voy a avisarla de que nos sentamos a la mesa, no nos tiene que notar preocupados o se pondrá peor.

Cristian fue a la habitación a buscar a Melinda, estaba enfrente del espejo tocándolo. – ¿Qué haces, preciosa?

-Comprobar que había sido una pesadilla, aunque sigo viendo a un monstruo, no tan aterrador pero un monstruo.

Él se puso a su lado y miró el espejo con una sonrisa. –Pues yo veo a una chica preciosa, un ángel que está herido pero que me voy a encargar de curar personalmente. –contestó besando su cuello con dulzura.

La respuesta de Melinda fue esbozar una amplia sonrisa y girarse para así poder abrazarle. –Gracias por cuidarme tanto.

-Y más que debería, porque te cuido poco para lo mucho que mereces. –besó de forma muy tierna sus labios.

Salieron al comedor y se sentaron para cenar, fue una cena muy tranquila, Melinda pareció animarse bastante. Además se fijó que Darío no paraba de hablar con Samanta, se reían y cuchicheaban cosas el uno al otro.

Se alegró de que su amigo sintiera interés por una chica, para ella era como su hermano mayor, y casi nunca se mostraba interesado en las chicas. Pero por fin parecía que Samanta le gustaba y eso era bueno.

Después de cenar, pusieron algo de música más animada, pero Melinda se encontraba muy fatigada, su cuerpo era muy pesado, además los ojos se le estaban cerrando. –Perdonad, creo que voy a ir a descansar un rato porque no me encuentro muy bien.

-Te acompaño. –dijo Cristian acercándose a ella.

Cristian y ella se fueron a la habitación, él la sujetaba por la cintura de forma muy tierna. Llegaron a la habitación y ella se quiso tumbar directamente. – ¿No te pones el pijama? Estarás más cómoda.
-No tengo ganas, ¿Me ayudas? –pidió medio dormida.

Él se acercó y con delicadeza le quitó el vestido, rozando su suave piel con la yema de los dedos. Se le vinieron a la cabeza varias ideas, pero ni era el momento, ni estaban solos, así que tuvo que controlarse.

Una vez que la puso el pijama, ella se tumbó en la cama pero alargó los brazos para que Cristian se acercara a ella. –No me apetece seguir con las sesiones. –dijo sin mirarle pues sabía cómo reaccionaría. –Me veo cada vez peor y no quiero volver a verme como me vi en el espejo.

-No puedes dejar las sesiones hasta que no estés recuperada. –contestó sujetando la cara entre sus manos para que sus miradas se encontrasen.

-Deja que lo piense, no sé si me merece la pena.

-¿Qué no merece la pena? –preguntó indignado. –Entonces ¿no merece la pena seguir viva para que estemos juntos?

-No me moriría mañana mismo, por favor no te enfades. Mañana te diré algo.

Él no quiso discutir, sabía que no era bueno para ella estando así, y menos si pensaba dejar las sesiones. Así que se controló todo lo que pudo y salió de la habitación, se quedó en el pasillo y se sentó en el suelo.

Hundió la cabeza entre sus manos, estaba desbordado, no sabía cómo ayudar a su ángel, veía que cada vez tenía menos ánimos por seguir adelante. Pero si no continuaba con el tratamiento y la perdía no podría superarlo, sería demasiado para él estar en un mundo sin su preciosa Melinda.

Estaba desesperado, quería encontrar una solución o algo con lo que convencer a Melinda para que siguiera con las sesiones, pero sabía que no podía obligarla. Mientras pensaba en algo para lograr convencerla alguien le interrumpió.

-¿Qué haces en el suelo? –preguntó Darío.

Él levantó la vista para mirarle, por sus rostro había miles de lágrimas cayendo, había estado conteniéndose mucho tiempo, pues se hacía el fuerte para que Melinda no se hundiera, pero ya no podía más.

-Quiere dejar el tratamiento, dice que no sabe si seguir, que mañana me dirá algo. –contestó con más lagrimas cayendo por su rostro.

-Es una cabezota y ahora está con pocos ánimos, pero te digo yo que mañana sigue con el tratamiento.

-No quiero obligarla, debe salir de ella, pero solo imaginar en poder perderla y es que… -no pudo seguir hablando.
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