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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 5 de abril de 2010

Renacer capitulo 17

17º- Decisión catastrófica

-Cálmate, porque seguro que ha sido por la pesadilla, mañana lo verá todo mejor, ya verás. –le animó. –Ven al comedor y así te distraes un rato.

Se levantó y abrazó a Darío. –Gracias por él ánimo. Eres un amigo. –dijo secándose las lágrimas. -Y por cierto… te he visto hablando mucho con mi hermana. ¿Te gusta? –preguntó dándole un ligero codazo.

-Pues… la verdad es que sí. Espero que no te importe.

-Claro que no, pero te aviso que ella lo ha pasado siempre muy mal con los chicos así que no quiero que vuelva a pasar por lo mismo.

-Tranquilo, ya sabes que soy de fiar. –contestó con una sonrisa.

Ambos se fueron al comedor, algo más tranquilos. Adriana se acercó a Cristian. –Hermanito, ¿Melinda está bien?

-Si bueno, algo desanimada. Dice que no quiere seguir con el tratamiento.

Todos se quedaron asombrados ante la noticia, pues era impactante. Delia se puso algo nerviosa. –Pero ¿está tonta? ¿Cómo va a dejar el tratamiento? ¿Es que se quiere morir o qué?

-Delia, tranquila, ya sabes que es cabezota pero seguro que mañana lo ve todo de otra forma. –intervino Darío.

Estuvieron un rato más todos juntos hablando, intentando pensar en algo que pudiera explicar la actitud de Melinda. Aunque no quisieron dar más vueltas al tema, pues Cristian estaba muy ofuscado por lo ocurrido. Pero como no querían molestar a Melinda, pasado un rato decidieron marcharse. Cristian se acercó a Delia para despedirse.

-Mañana a primera hora os espero, tienes que convencerla de que siga con el tratamiento. –dijo Cristian.

-Tranquilo, entrará en razón. Ya me ocupo yo.

Todos se fueron una vez que ayudaron a recoger todo para que Delia no tuviera que hacerlo ella sola. Y luego se marcharon para que descansaran, no sin que Cristian entrara a ver a Melinda y comprobar que estaba bien.

Por la mañana Delia se levantó muy pronto para preparar un desayuno a Melinda que la pusiera de buen humor, aunque esperaba que al levantarse lo viera todo con mejor actitud.

-¿Dónde quieres ir tan temprano? –preguntó Melinda desperezándose.

-Pues a la quimio, como siempre. –dijo lo más tranquila que pudo.

-No, no voy a seguir.

-Ya lo veremos. –contestó enfadada cogiendo el móvil. Llamó a Cristian que lo cogió en seguida. –Dice que no va a ir.

-No me lo puedo creer. Pásamela. –contestó indignado.

Delia le acercó el móvil a su amiga pero sin mirarla, ella cogió el móvil y se lo puso en la oreja. –No voy a ir, no quiero seguir siendo un monstruo y ser fea y calva.

-¿Pero es que no te das cuenta de lo que pasará si dejas el tratamiento? Te morirás, y entonces dará igual si tienes pelo o cicatrices o lo que sea, porque estarás muerta. –contestó furioso.

-Ya llevo mucho tiempo, seguro que he mejorado. –intentó justificar su decisión.

-Yo no veré como te mueres día a día. No sería capaz de ver cómo te voy perdiendo poco a poco. Te quiero demasiado… -contestó abatido.

-No digas eso, necesito tu apoyo.

-Tengo que trabajar, adiós. –colgó lo más deprisa que pudo.

Ella se quedó cabizbaja, no quería reconocer que todos tenían razón, pero la pesadilla de la imagen en el espejo le podía. No hacía más que verla y eso era demasiado; no quería seguir siendo así y por eso no quería continuar con el tratamiento a pesar de saber que moriría si no lo continuaba.

Delia se fue a trabajar y Melinda se quedó en casa. Deseaba hablar con Cristian, pero entendía que estuviera algo molesto por su decisión, pero no sería ella la que diera su brazo a torcer, era demasiado cabezota y orgullosa como para no llevar la razón, su gran orgullo se lo impedía.

La mañana pasó lenta y aburrida, los pensamientos iban y venían en su cabeza. Ansiaba estar con Cristian, pero no quería estar tan espantosa ni fea. No quería ser esa masa deforme que sonreía de forma perversa, riéndose de ella. Burlándose de su aspecto y de su enfermedad.

Así poco a poco fueron pasando varios días, y Melinda seguía sin acceder a volver al tratamiento. Cristian tan solo llamaba para preguntar cómo estaba y colgaba. Ya no iba a verla y sus amigos tampoco es que estuvieran mucho mejor con ella de lo que lo estaba Cristian.

Eso empeoraba su salud, pues tenía los ánimos por los suelos, sabía que todos ellos llevaban razón, pero ya era por orgullo, querer llevar la razón. Cada día, cada hora, cada minuto… pasaba lento y doloroso, viendo cómo cada día su salud empeoraba progresivamente poco a poco.

Se encontraba siempre cansada y sin apetito, apenas comía, y lo poco que comía era comida basura o dulces. Pero Delia y ella casi no se hablaban. En realidad, Melinda llevaba varios días sin hablar prácticamente nada, tan solo lo imprescindible y necesario.

Habían pasado 3 semanas y Melinda estaba viendo la tele por la tarde en casa. Delia había bajado a comprar unas cosas para la cena. Pasado un rato llamaron al timbre, y al abrir se quedó petrificada.

Cristian estaba en su puerta, con cara de pocos amigos, ella le dejó pasar, fueron al comedor y se sentaron en el sofá. Ella jugueteaba con sus dedos, estaba nerviosa, lo que más deseaba era abrazar y besar a Cristian, pero no era lo más acertado tal y como estaban las cosas entre ellos.

Ella miraba al suelo mientras Cristian la observaba. Se dio cuenta de que estaba con muy mal aspecto, cansada, más pálida de lo normal, e incluso más delgada de lo que estaba ella. Realmente estaba empeorando y tenía que intentar convencerla por última vez.
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