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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 7 de abril de 2010

Renacer capitulo 19

19º- Los problemas se juntan

-¿Qué haces aquí? ¿Cómo no estás en el trabajo?

-Pedí a un compañero que me cubriera un rato para saber lo que te habían dicho de los resultados. Pero no he podido llegar antes. ¿Qué ha pasado?

Ella no pudo hablar más, se abalanzó sobre Darío, para abrazarle, necesitaba un abrazo, necesitaba a su amigo que era como su hermano mayor. Darío le devolvió el abrazo pero se estaba preocupando mucho.

-Dime ya lo que pasa. ¿Por qué estás llorando?

-Cristian… -fue lo único que dijo.

-¿Te ha hecho algo? –preguntó cogiendo la cara de Melinda entre sus manos.

Ella le contó lo de los resultados, y la entrada de Walter, y el mensaje que le traía a Cristian. –No sé, algo no me cuadra, no veo yo a Cristian como un tío que engañe. Cuando te negaste a seguir el tratamiento, pensamos que le daría algo.

-¿Y quién es esa Kira? ¿Y eso de que pasaron juntos un buen rato el otro día?

-A ver Mel, subimos y lo hablas con él. Y si de verdad te ha engañado te juro que le parto la cara. –contestó firme.

Ella ante la convicción de Darío esbozó una pequeña sonrisa. Darío siempre se había preocupado mucho por Delia y por ella. Subieron al despacho de Cristian y Darío llamó a la puerta y entró. –Hola, vengo acompañado. –dijo señalando a Melinda que iba a su lado con la mirada clavada en el suelo.

Cristian suspiró y se acercó a Melinda. –Dios mío, estás bien… me pegué un susto cuando te fuiste corriendo…

Pero ella no contestaba, Darío y ella habían acordado que sería Darío el que lo hablase todo hasta comprobar lo que había ocurrido. –A ver, ¿Qué es eso de que has estado con una chica?

-Es mentira, Walter vino y supongo que lo hizo para que Melinda se enfadara conmigo. Yo JAMÁS –remarcó esa palabra. – le haría algo así a Melinda. Por favor, Mel, tienes que creerme. –pidió con los ojos vidriosos.

Ella le miró, esos ojos tan azules como el océano estaban tristes y cubiertos de lágrimas a punto de derramarse, sabía que decía la verdad, él nunca le había mentido. –Te creo. –dijo en un susurro. –Pero ¿Quién es Kira?

-Es su hija, siempre ha intentado que acabara con ella. Pero nunca hemos estado juntos. –Cristian cogió a Melinda por la cintura y la abrazó muy fuerte, ella suspiró de alivio. La verdad es que si hubiera sido cierto, hubiera acabado con su vida en un instante, sin dudarlo.
Pero aún así estaban algo preocupados, pues seguramente Walter intentaría hacer algo más en su contra. Cristian estaba furioso por lo que acababa de hacer Walter. –Voy a poner las cosas en su sitio con ese gilipollas… -dijo furioso.

Salió del despacho y Darío, Delia y Melinda le siguieron. – ¿Dónde vas? –preguntó Melinda preocupada.

-A darle lo que se merece. –contestó sin pararse hasta que llegó a la puerta de un despacho.

Entró y ellos tres le siguieron. Cristian se acercó a Walter que estaba en la mesa. –TÚ, ¡te vas a enterar! No puedes joderme la vida y pensar que no voy a darte tu merecido. –le amenazó fuera de sí, jamás le habían visto tan enojado como en ese momento.

Cristian se acercó a Walter que se estaba riendo, y empezó a darle puñetazos por donde podía. Walter se defendía e intentaba atacar también a Cristian, hasta que Darío cogió a Cristian para que dejara de golpear a Walter. –Vale ya, que te vas a meter en problemas por “este mierda”.

-Te vas a acordar de mí para el resto de tu vida, tú y tu zorrita. –amenazó levantándose del suelo.

Eso fue demasiado, ya estaban cansados, y un sonoro puñetazo llegó hasta el estómago de Walter. Pero para sorpresa de todos, no fue Cristian quien se lo propinó, sino Darío. –Ella es como mi hermana, NADIE la va a insultar ni hacer daño. –contestó Darío muy enfadado.

-Chicos, por favor, vámonos de aquí. Melinda está muy nerviosa… -dijo Delia.

Era cierto, con toda la situación, Melinda estaba empezando a tener un ataque de ansiedad, y respiraba con dificultad. Cristian se acercó a ella. –Tranquila, mi niña, te llevo a mi despacho y te relajas un poco. –contestó cogiéndola en volandas.

Fueron al despacho de Cristian y ella aún respiraba con dificultad. Cristian colocó la espalda de Melinda en su pecho para que ella acompasara la respiración a la suya. - ¿Y ese puñetazo? –preguntó a Darío.

-Es que me estaba desquiciando ese imbécil. –contestó irritado.

-Bueno, se lo tiene bien merecido, pero me habéis asustado y a Melinda también, por eso se ha puesto así. –intervino Delia.

-Podíamos relajarnos un poco. –dijo Cristian mientras Melinda ya respiraba casi con normalidad. – ¿Qué os parece si vamos a comer?

-Vale, estupendo, ahora voy a decírselo a Kirian.

-Me parece una idea estupenda. Voy a buscar a tu hermana pero llamad a Adriana y Pedro. –añadió Darío.
Darío se fue. Delia avisó a Kirian, los cuatro esperarían en su despacho hasta que llegaran Darío y Samanta. Pues Adriana y Pedro no podrían ir, pues Pedro no podía escaparse ese día del trabajo pues estaba muy ocupado.

Pasado un rato, Darío les dio un toque y bajaron a la entrada donde esperaban Darío y Samanta. Se saludaron cariñosamente. Darío ya le había contado lo ocurrido y estaba asombrada por ello.

-Bueno nos vamos y ahora hablamos con más calma. –contestó Kirian.

-Oye hermanito, nos podías dejar tu coche para ir al restaurante. –pidió Samanta.

-¿Cómo?

-Sí, por favor, además sé que a Darío le haría mucha ilusión conducir un BMW. Por favor… hermanito, con lo que te quiero… -pidió.

-Anda chantajista, está bien. Pero ni en sueños lo llevas tú. Darío por favor, con cuidado que me encanta mi coche.

-Tranquilo. –contestó con una sonrisa.
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