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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 7 de abril de 2010

Renacer capitulo 20

20º- Sabotaje

Cristian y Melinda cogerían el Citröen C5 azul de Darío. Pero a Kirian no le apetecía coger su coche. –Oye nosotros nos vamos con vosotros que no me apetece conducir.

-Vale, como quieras. –contestó Cristian.

Se pusieron en marcha, el restaurante no estaba lejos, tenían que ir recto por una calle, girar la primera a la izquierda y esa calle que estaba cuesta abajo, seguirla hasta la mitad.

Primero iban Darío y Samanta con el BMW de Cristian, y ellos les seguían. Cristian encontró en esa calle un sitio muy bueno, así que aparcó y ese tramo, que eran unos 10 metros hasta el restaurante, lo harían a pie. Se bajaron pero vieron que Darío seguía calle abajo.

-¿Qué hace? Si hay sitio aquí al lado. –preguntó extrañado Kirian.

Entonces vieron como el coche se precipitaba calle abajo y no reducían la velocidad, hasta que al final de la calle se chocaron con un monovolumen que pasaba por la calle perpendicular a esa.

-¡NO! ¡Se han chocado! Hay que ayudarles. –gritó Melinda muy nerviosa.

Bajaron la calle corriendo, ya había varias personas alrededor mirando lo ocurrido. El coche tenía todo el morro destrozado, y se acercaron para ver el interior. Afortunadamente vieron que los airbags habían saltado.
Abrieron las puertas y los sacaron entre varios. –Somos médicos, llamen a una ambulancia. –dijo Kirian.

Estuvieron revisándolos, mientras la gente miraba y Melinda estaba muy nerviosa, llorando sin control. Cristian se levantó y se acercó a ella. – ¿Cómo están? ¿Se van a poner bien?

-Cálmate, parece que están bien. Creemos que Darío se ha roto una pierna, y mi hermana tiene una gran brecha en la cabeza, pero no parece grave. El hombre del monovolumen está bien ya que el golpe fue en el lado del copiloto. Menos mal que no iba demasiado deprisa. Pero aún no entiendo porqué no frenó.

-Bueno eso da igual, que lo averigüe la policía. –contestó Melinda.

Esperaron a que viniera la ambulancia, les contaron que los habían revisado y demás. La policía quedó con ellos en que les tomarían declaración en el hospital, para que pudieran interrogarlos tras haberlos examinado. Mientras la policía se llevaría el coche para examinarlo.

Llegaron al hospital, y dijeron que era mejor que otros médicos los atendieran, pues al ser familiares, tenían conflicto de intereses, y podrían no ser objetivos a la hora de diagnosticarlos.

Estaban en el pasillo esperando a que les dijeran algo. Melinda estaba sentada algo más tranquila. –Mi pobre coche… no entiendo porqué no paró. Además hace poco pasé la ITV y estaba todo bien.

-¡Qué más da! –dijo Melinda algo molesta.

-Perdona, tienes razón, soy un insensible. –contestó cogiendo su mano.

Mientras hablaban, salieron dos compañeros suyos que habían atendido a Darío y Samanta. -¿Y bien? ¿Cómo están? –preguntó Cristian.

-Pues Darío tiene una pierna rota y algunas magulladuras. Samanta también tiene varias magulladuras y la brecha en la cabeza. Pero se pondrán bien. Los suben ahora a una habitación, pronto podréis pasar a verlos.-explicó el médico.

-Gracias por todo.

-No hay de qué. La policía pasará a interrogaros cuando estéis en la habitación para que contéis lo ocurrido.

-Vale, gracias. –contestó Kirian.

Subieron a verlos pasado un rato, ambos estaban despiertos, Melinda y Delia se abalanzaron sobre ellos para abrazarlos. Cristian y Kirian se acercaron también a preocuparse por su salud.

-¿Cómo estáis? –preguntó Delia.

-Bueno, bastante bien.

-Tranquilo, tendrás que tener paciencia con esa pierna. –comentó Kirian.

-Ya, eso me han dicho.

-Podríais contarnos lo que ha pasado, porque os vimos cómo ibais hacia abajo y no parabas. –dijo Cristian.

-Lo intenté, pero los frenos no respondían, no era capaz de frenar, y claro al ir cuesta abajo con la inercia seguimos cayendo. –explicó él.

-¿Qué no respondían los frenos? Pero si esta mañana funcionaban perfectamen… -se quedó callado a mitad de la frase. –MIERDA, ¡maldito cabrón!

Todos se quedaron muy extrañados ante su reacción, no entendían de lo que hablaba Cristian. Kirian fue el que habló. – ¿Qué es lo que pasa?

-Que ha tenido que ser cosa de Walter, dijo que me acordaría de él. Pero claro, era mi coche, teníamos que haber ido Melinda y yo. No podría suponer que le dejaría mi coche a Darío. –comentó apretando los puños.

Intentó salir corriendo pero Kirian se lo impidió, cortándole el paso. – ¿Dónde crees que vas a ir?

-Voy a matarle a golpes, ese estúpido ha manipulado mi coche para que tuviéramos un accidente.

-No vas a hacer nada. Esto se lo decimos a la policía y que ellos hagan lo que tengan que hacer. –comentó Kirian.

-Pero la policía va a decir que no se puede demostrar que ha sido Walter, pero yo sé que ha sido él.

-Me da igual, ¡no vas a hacer nada! –intervino Melinda bastante enfadada. –Nadie va a hacer nada más, ya tenemos bastantes disgustos. Y si… seguimos… haciendo… cosas… así… –estaba hablando y con cada palabra le faltaba el aire.

-Mel, ¿estás bien? –preguntó Cristian acercándose a ella.

-Yo… te…te veo doble… -dijo antes de perder el conocimiento.

Cristian la cogió antes de que cayera al suelo. –Mel, Mel, ¡responde! –dijo con la voz desesperada.

-Ponla en el sofá, vamos a examinarla. –intervino Kirian, sacando así a Cristian de su ensimismamiento.
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