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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 8 de abril de 2010

Renacer capitulo 21

21º- Novedades

La tumbaron, y la estuvieron revisando, parecía que todo estaba bien. Mojaron su cara con un pañuelo de tela humedecido y Melinda despertó poco a poco. – Yo… ¿Dónde estoy?

-Estamos aquí contigo. Estabas hablando y perdiste el conocimiento. Pero te hemos revisado y tuviste una subida de tensión, tienes que tener cuidado y no alterarte tanto; que tus defensas, aún están muy bajas. –explicó Kirian.

-Preciosa mía, me asusté al verte así… -suspiró aliviado, abrazándola con delicadeza y besándola en los cabellos.

-Debe comer algo para reponerse. –dijo Kirian.

-¡Chocolate! –contestó Melinda con una sonrisa.

-Está bien, chocolate, pero solo un poco. –respondió Cristian riéndose.

Ya estaban todos más tranquilos, así que estuvieron hablando con la policía, contándoles lo ocurrido con el coche y las sospechas que tenían sobre Walter. Pero la policía no podría hacer nada contra Walter si no encontraban pruebas que le incriminaran.

Pasarían unos días hasta que analizaran el coche en busca de pruebas y de la causa del accidente. Durante todos esos días Cristian estaría sin su coche y sin poder arreglarlo, cosa que le apenó profundamente.

A Samanta le dieron el alta al día siguiente, pues ya le habían cosido la brecha y las contusiones se le curarían pasados unos días. Darío también recibió el alta, pero lo de la pierna iba para largo, al menos 3 semanas con la escayola, lo que le frustró terriblemente.

Cuando se lo dijeron a Adriana y a Pedro, no podían creérselo. Adriana al ser melliza de Samanta estaba muy unida a ella. No se separaba de ella, decía que tenía la sensación de que si se alejaba la perdería para siempre.

Darío estaba bastante desanimado y decaído, y parecía incluso que había cogido algo de miedo a ir en coche. Para intentar animarle quisieron pasar el fin de semana todos juntos, pero en casa, por un tiempo Darío no quería saber nada sobre coches.

La verdad es que todos estaban algo susceptibles, sobre todo sabiendo que Walter seguía tan campante por el hospital. La policía aún iba a tardar algunos días en tener las pruebas y comprobar si ciertamente había sido provocado por Walter.

Melinda por fin había vuelto al trabajo, pues ya estaba recuperada, aunque Cristian la advirtió que debía tomarse las cosas con calma pues aún tenía que reponer fuerzas. Pero le daba igual, haría todo lo que le dijera, pues ya estaba recuperada del cáncer, era como renacer a una nueva vida.

Cristian pasaba más tiempo con Melinda que en su propia casa, sus padres ya querían conocerla, pero ella todavía no estaba preparada, aún se sentía como un monstruo hasta que no estuviera operada.

-Vamos, eres preciosa, ya lo sabes. Además ellos ya saben que estuviste enferma. Y se mueren por conocerte. –dijo Cristian.

-No quiero que me vean así de espantosa. Al menos necesito prepararme para no ponerme nerviosa. –contestó.

Mientras que hablaban sobre si conocer o no a sus padres, sonó el móvil de Cristian. Era un número desconocido pero lo cogió. -¿Diga?

-Buenas tardes, soy el inspector de policía Alfonso Olmedo. ¿Es usted Cristian Gray? –preguntó la voz de un hombre.

-Sí, soy yo.

-Le llamo para informarle sobre las pruebas que estuvimos analizando en su coche tras el accidente. Revisamos el vehículo y efectivamente los frenos fueron manipulados. Además encontramos unas huellas, que han resultado ser de Walter Smith, el médico de que usted nos informó. –explicó.

-Bueno y ¿Le van a detener? –preguntó Cristian con interés.

-Le hemos buscado y escapó, agrediendo a uno de mis hombres; así que he puesto una orden de busca y captura. –comentó. –En cuanto tenga novedades le llamaré.

-Muchas gracias. Adiós. –dijo Cristian y colgó.

Melinda se quedó algo extrañada, pero sabía cuál era el tema, lo cierto, es que estaba algo preocupada. –Y ahora que se ha escapado… estoy asustada por si intenta hacernos algo…

-Jamás te hará nada, no voy a permitirlo. Y bueno yo… había pensado que… podíamos irnos a vivir juntos. -Contestó ruborizado.

Ella, sonrió de forma desmesurada y se subió encima de Cristian para abrazarle y besarle por todas partes. Él empezó a reírse. –Debo suponer que eso es un “sí”. ¿Verdad?

-Pues claro que sí. Pero tendremos que ir buscando piso, aunque quiero que esté cerca de aquí. No quiero estar lejos de Delia. –contestó ella.

-En realidad ya pensé en eso y… ya tengo mirado un piso. Quería llevarte a verlo y si te gusta nos lo quedamos, el dueño está esperando que le llame en una hora.

-Es estupendo. Eres un encanto. –dijo tras dale un beso.

-Bueno me gusta este agradecimiento, ¿y si me das otro así?

Cristian se levantó con Melinda entre sus brazos, besándose apasionadamente, estaban muy emocionados e ilusionados por la novedad. Cristian caminó hasta el baño y abrió el grifo de la bañera.

-¿Qué haces? – preguntó mirando lo que hacía Cristian.

-Celebrarlo. –contestó metiéndose en la bañera con Melinda en brazos.

-Pero nos estamos mojando la ropa. –hizo un puchero.

-Qué importa la ropa, soy inmensamente feliz. Te amo, me amas, estás curada y vamos a vivir juntos. No puedo pedirle más a la vida… -contestó volviéndola a besar.

Estuvieron dándose amor, poco a poco se quitaron la ropa, demostrándose todo su amor, bajo el agua, que empapaba sus cuerpos. Creando una especie de burbuja, un cielo particular donde amarse sin control ni límites.
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