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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 9 de abril de 2010

Renacer capitulo 22

22º- El mundo es un pañuelo

Los días pasaban y Melinda mejoraba por momentos. Ya estaban cambiando las cosas a la casa nueva para irse a vivir juntos. No tardaron demasiados días en hacer la mudanza de sus cosas, lo que más tardaron fueron algunos muebles del comedor. Pero la habitación suya la tuvieron en seguida.

Era una casa bastante grande, con 4 habitaciones, un baño y un aseo. Además la cocina y el comedor eran bastante grandes, no obstante era una casa muy acogedora, pintaron las paredes en un azul cielo que daba luminosidad al ser tan clarito.

Por fin un fin de semana se mudaron definitivamente. Melinda y Delia estaban algo melancólicas, pues desde que Melinda había salido del hospital habían vivido juntas y les costó bastante despedirse. Pero iban a ser prácticamente vecinas, así podrían verse todos los días si así lo querían.

Cada mediodía durante el descanso de Melinda para comer, hablaba con Cristian por el móvil. Esa día a mediodía no fue distinta, y le llamó. Habían quedado por la tarde, al salir Melinda del colegio.

Ella caminó hasta la calle en la que Cristian la recogería, aún faltaba un rato para que llegara, así que se puso a mirar el escaparate de una tienda de ropa. Cuando sintió un tirón del bolso y un empujón.

Se precipitó hasta el suelo golpeándose el brazo. Miró hacia arriba y vio a un chico rubito, no demasiado alto, de ojos marrones y bastante guapo. – ¡Oye, ese es mi bolso!

-Lo siento preciosa, ¡ahora es mío! –dijo con alegría mientras echaba a correr.

-¡Socorro, ayuda, me han robado el bolso! –gritó esperando que alguien acudiera a socorrerla.

-Espere señorita, yo le ayudo. –contestó la voz de un hombre.

Ayudó a Melinda a ponerse en pie. Ella se fijó mejor en ese hombre era joven y guapísimo. De pelo castaño, alto y con unos rasgos en la cara que le recordaron ligeramente a Cristian.

-Gracias por ayudarme. Aunque supongo que ya me puedo despedir de mi bolso y de mis cosas…

-Llamaré a la policía y le pondremos una denuncia. ¿Se encuentra bien? ¿Le hizo algo ese hombre?

-No me hizo nada, aunque al caerme, me he hecho algo de daño en la muñeca, pero no es nada.

-Quizás debería mirártelo, soy médico. –contestó él con una sonrisa perfecta.

-Gracias, aunque no es necesario, mi novio es médico. Y debe estar a punto de llegar, pues habíamos quedado aquí. –respondió.

-No es molestia, te puedo echar un vistazo. –su tono era tranquilo y amable, Melinda no pudo decirle que no.

Estuvo revisando su muñeca con mucha delicadeza, mientras lo hacía les interrumpieron. – ¿Papá? ¿Desde cuando conoces a Melinda? –preguntó Cristian mirándoles con una cara de total extrañeza.

-¿Ella es Melinda? No lo sabía, es que la habían robado y la estaba ayudando. –respondió.

-¿Qué te han robado? ¿Quién? ¿Te hizo algo? –sus palabras salían tan deprisa de su boca que hasta se le trababa.

-Cálmate. –pidió su padre. –le robaron el bolso y solo se dio un pequeño golpe en la muñeca, pero es una simple torcedura.

-Gracias papá. Pero ¿qué haces aquí?

-Me llamaron de una urgencia aquí al lado. Por cierto, soy Dennis. –dijo mirando a Melinda.

-Encantada. Y gracias por ayudarme.

-Hay que poner una denuncia. ¿Viste su cara?

-Sí, y creo que podría describirle para que hicieran un retrato o algo. –dijo Melinda.

-Papá, si quieres, después de poner la denuncia, vente a casa, así hablamos con más calma y ves la casa nueva.

-Claro, estoy deseándolo. Aunque llamaré a tu madre y así ella también conoce a Melinda. –contestó.

Los tres se dirigieron a comisaría a poner la denuncia y a que Melinda pudiera dar la descripción del ladrón, de ese modo pudieron hacer un retrato robot del ladrón. Una vez acabaron volvían a casa, donde les esperaría la madre de Cristian.

Llegaron al portal, en la puerta esperaba una mujer bastante joven y era guapísima, parecía que su cara era como la de las muñecas de porcelana y tenía los mismos ojos que Cristian. –Hola, soy Annette, la madre de Cristian. Es un placer, tenía muchas ganas de conocerte.

-Igualmente, Cristian habla mucho sobre vosotros.

-Ya me ha dicho lo del robo, ¿te encuentras bien?

-Sí, no ha sido nada. Una torcedura pero estoy bien. –sonrió ante lo atenta y cariñosa que era.

Subieron a casa, para enseñársela y así tomar algo. Aunque Melinda seguía algo nerviosa, seguía llevando un gorrito pues el pelo aún no había crecido lo suficiente, y eso le hacía estar insegura. Era como estar desprotegida ante un ataque y esa sensación la oprimía en el pecho como si estuvieran clavándole una flecha.

-Ya nos dijo Cristian que estás totalmente recuperada. Hace tiempo que queríamos conocerte.

-Bueno es que… no me gusta que la gente me vea sin pelo y con las cicatrices. –confesó algo retraída.

-Eso es una tontería, entendemos que has estado enferma y que te estás recuperando. Además, Cristian no había exagerado, eres encantadora y muy guapa. –dijo su madre con una amable sonrisa.

-Gracias. Lo cierto es que tenía muchas ganas de conocerlos, pero me daba vergüenza. –se ruborizó ligeramente.

La tarde pasó muy amena para los cuatro, Melinda se sentía acogida entre ellos. En cierto modo, Annette y Dennis, le recodaban mucho a sus difuntos padres. Sentía que eran muy buenas personas y que se llevaría estupendamente con ellos.

Al final se quedaron a cenar, pues se había hecho un poco tarde, y así pasaban algo más de tiempo juntos. Pues Cristian hacía bastantes días que no los veía, ya que en el hospital tenía mucho trabajo y desde que se habían independizado habían estado inmersos en estar juntos todo el tiempo que les era posible.

Desde que Melinda estaba recuperada, había recuperado las ganas de vivir y las fuerzas. Se demostraban a todas horas su amor de una forma única, como si cada vez que se unían fuera la primera.
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