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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 10 de abril de 2010

Renacer capitulo 23

23º- Doble alegría

Poco a poco, Darío y Samanta se recuperaron, Samanta en cuestión de unos días, pero Darío tardó unas tres semanas en poder quitarse la escayola. Le mandaron hacer unos ejercicios para que ejercitara el pie poco a poco, pues tras tanto tiempo sin mover el pie, tenía que volver a su actividad normal.

El coche de Cristian ya lo habían arreglado, el seguro había cubierto los gastos al tratarse de un sabotaje. Y por fin había recuperado su coche. No sabía lo mucho que le importaba su coche hasta que no había podido usarlo.

Melinda tenía que hacerse revisiones una vez al mes, para comprobar su mejoría. Faltaban pocos meses para que pudiera operarse del pecho, ella no hablaba de otra cosa, estaba emocionada con la idea de verse guapa de nuevo.

Cristian no opinaba como ella, él siempre la veía como la más hermosa. Intentaba demostrárselo cada día para que se sintiera hermosa y sintiera todo el amor que Cristian tenía por ella. Por eso, cada mañana, le ponía una nota al lado de la almohada “Para mi ángel, la chica más hermosa del mundo. Te amo con toda mi alma”.

Cada noche, se demostraban todo su amor, entregándose el uno al otro, aunque Melinda nunca se quitaba la parte de arriba de la ropa interior. Se sentía demasiado acomplejada, sentía que si Cristian la veía las cicatrices, dejaría de quererla.

Una de las noches que habían empezado esas noches apasionadas, Cristian estaba más encendido que de costumbre. Necesitaba sentir a Melinda por completo, intentó quitarle la parte de arriba, pero como siempre, Melinda le frenaba.

-¿Por qué no te quitas nunca la parte de arriba? Eres muy hermosa y sabes que me enloqueces.

-Ya sabes porqué. Hasta que no me opere no quiero que me veas las cicatrices. –contestó.

-Sabes que para mí eres la más linda y siempre lo serás. Por favor… por favor… por favor…

-No hagas eso… -dijo Melinda. Le costaba mucho resistirse a una súplica de Cristian y más cuando lo hacía de ese modo.

-¿Quieres ver cómo soy capaz de convencerte? –preguntó levantando una ceja, mientras empezaba a besar a Melinda por el cuello, bajando poco a poco.

Melinda empezaba a perder la razón poco a poco sin poder controlarse. Tanto que al final dejó que Cristian bajara poco a poco, quitándole el sujetador, acariciando sus pechos, dejándose llevar como pocas veces lo había hecho. Pero Melinda estaba harta de contenerse y controlar ese fuego interior que tanto la quemaba por dentro cada vez que Cristian la tocaba en cualquier parte de su cuerpo.

Esa noche disfrutaron plenamente de su amor, porque Melinda dejó a un lado sus complejos, porque necesitaba sentir el amor de Cristian, necesitaba darle su cuerpo para que lo disfrutara. Amarse sin control ni barreras, amarse desde lo más profundo de su ser.

Pero por alguna razón estaba preocupada. Pues Walter seguía en busca y captura, no habían dado con él, así que ella estaba bastante angustiada, aunque camuflaba esos pensamientos todo lo que podía. Ella notaba que estaba volviéndose algo paranoica y eso no era bueno para su estado anímico.

Tras unas semanas, Melinda empezó a encontrarse mareada y a tener náuseas. Estaba enloqueciendo, pensando que podía ser una recaída de su enfermedad. La sola idea de pasar otra vez la misma enfermedad era como un monstruo aterrador que la acechaba muy de cerca.

Una tarde había quedado con Delia, Samanta y Adriana para tomar un café. Necesitaba liberar esa angustia que la estaba taladrando por dentro. –Os tengo que decir algo o voy a reventar de callármelo.

-¿De qué se trata? –preguntó Adriana.

-Tenéis que prometerme que no le diréis nada a ninguno de los cuatro, en especial a Cristian. –contestó seriamente.

-Nos estás asustando, ¿Qué es lo que pasa?

-Llevo unos días con náuseas y mareos. Me aterra pensar que pueda ser una recaída, pero me da miedo decírselo a Cristian.

-Pero nena, a mi eso no me suena a recaída. Más bien, estoy pensando en otra cosa…- dijo Delia.

-¿En qué estás pensando?

-A embarazo, como el mío… -contestó algo retraída.

-¿EMBARAZADA? Es genial –preguntaron ellas al unísono.

-Si bueno, me enteré hace dos días, y como sabía que os vería hoy, quería decíroslo cara a cara. –respondió.

-¿Kirian lo sabe? –preguntó Melinda.

-Sí, pero le dije que se callara hasta que os lo dijera.

-Bueno, pero volvamos a lo de antes. –interrumpió Samanta. -Entonces ¿Crees que Mel también está embarazada?

-Pues eso se soluciona pronto. Vamos a una farmacia y que se compre un test de embarazo. –añadió Adriana.

Se marcharon del bar directas a una farmacia, y luego a casa de Melinda para que se hiciera el test y salieran de dudas. Mientras ella estaba en el baño, las demás especulaban sobre si estaría embarazada o no.

Pasados los dos minutos, la puerta del baño se abrió y Melinda salió con el test en la mano y la cara inexpresiva. No mostraba nada. Empezaron a preocuparse por la expresión de su cara. No hablaba e iba mirando al suelo. Al fin se sentó y las miró, mientras ellas la observaban con cara de angustia.

-Mel, estamos en ascuas. Por favor, dinos algo ya o nos va a dar algo. –pidió Delia con gran insistencia.

Tras unos segundos de irritante y taladrante silencio. Melinda esbozó una amplia sonrisa en su rostro. -¡ESTOY EMBARAZADA! –gritó pegando saltos.

Todas estallaron en gritos de júbilo y alegría, la noticia del embarazo de Delia había sido muy buena, y unido al embarazo de Melinda, habían sido dos grandes sorpresas. Estuvieron celebrándolo con music, pero una voz interrumpió ese momento.

-¿Qué me he perdido? –preguntó Cristian muy intrigado.
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