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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 11 de abril de 2010

Renacer capitulo 24

24º- Pánico

Melinda se abalanzó sobre él, que se desestabilizó ligeramente, pero abrazó a su amada con muchas ganas. Melinda colmó de besos a su novio, que se los devolvía encantado, aunque no paraba de preguntar con la mirada qué era lo que ocurría.

-Mi amor, te tengo que decir algo. Llevo unos días sintiéndome mal, y al principio pensé que era una recaída del cáncer. Pero acabamos de comprobar que es porque… ¡ESTOY EMBARAZADA! –volvió a gritar.

¿Em…ba…ra…za…da? –preguntó incrédulo.

Se había quedado bastante sorprendido, con la boca abierta y no reaccionaba. Se sentó en el sofá y vio encima de la mesita baja, el test de embarazo. No pronunciaba palabra, solo miraba al test y a Melinda una y otra vez. Samanta chasqueó los dedos delante de los ojos de su hermano. –Hermanito, reacciona. Di algo que te has quedado pillado.

Melinda y las demás volvieron a mirarle, algo preocupadas porque aún no había dicho ni una sola palabra. Entonces, los ojos de Cristian se pusieron vidriosos y dibujó una sonrisa en su rostro. –Voy a ser padre… -susurró.

Respiraron algo más tranquilas, al menos había salido de su ensimismamiento. –Me alegra que te lo tomes así, mi amor. Y bueno, no soy la única que está embarazada. Delia también lo está.

-¿En serio? ¿A la vez?

-Siempre dicen que lo de los embarazos se pega ¿no? Así nos entendemos mejor en los dolores y nauseas.

Decidieron quedar el fin de semana todos juntos para celebrar los dos embarazos. Una vez que se quedaron solos Cristian colmó de mimos a Melinda, pero tenía que hablar con ella. no podía dejar pasar el tema que pensaba haber hablado con ella antes de recibir la noticia de su paternidad.

-Oye Mel, yo… tengo que hablar contigo.

-Uy que serio… ¿Qué pasa? ¿De qué se trata?

-Cuando he llegado, venía a decirte que podías operarte del pecho en dos semanas, pero con el embarazo no podrías operarte.

-Ya veo… -se quedó todo en un silencio sepulcral.

-Mel dime algo, que me estoy preocupando.

-Sabes la de meses que llevaba esperando la operación, pero… saber que llevo un bebé de los dos en mí interior… -suspiró.- si tengo que esperar, pues esperaré.

Cristian sonrió desmesuradamente. –Esa es mi chica. Tenía miedo por cómo reaccionarías, pero sabía que dirías eso.

-Cielo, yo tengo muchas ganas de operarme, tú lo sabes mejor que nadie. Pero estar embarazada lo cambia todo, el bebé es lo más importante, jamás haría nada que pudiera dañarlo.

Esa era la respuesta que esperaba de ella. Ellos no habían hablado nada de tener un bebé, pero la noticia había sido bien acogida por los dos. Aunque Cristian se pasaba de protector, a pesar de que estaba de poco tiempo.

Las dos amigas estaban muy mimadas por todos. Los padres de Cristian habían acogido las buenas noticias con alegría. Habían comprado un montón de cosas, no solo para el bebé de Melinda, sino también para el de Delia. Lo cierto, era que Dennis y Annette eran muy generosos y los trataban como si fueran sus hijos, cosa que Adriana, Samanta y Cristian agradecían tremendamente a sus padres.

Tras unos meses, Melinda y Delia ya estaban de 5 meses, con unas barriguitas bastante abultadas. Todo iba mejor cada día, y Melinda estaba algo más tranquila. Estaba tan centrada en el bebé, que había conseguido olvidarse un poco de Walter.

Cada tarde, quedaba con Delia para pasear juntas un rato, pues les venía bien andar por el embarazo, y así se ponían al día. Solían quedar en la calle de al lado de la de Melinda, que estaba muy cerca de donde vivía Delia.

Una tarde, caminaba directa a reunirse con Delia como todas las tardes, pero antes de doblar la esquina, alguien sujetó sus brazos, y taparon su boca con un pañuelo empapado de cloroformo, intentó gritar, pero en pocos segundos perdió el conocimiento, todo se quedó negro, tan negro como un pozo sin fondo.

Walter la cogió en brazos y la metió en la parte de atrás de su coche que tenía las lunas tintadas. Arrancó el coche y se puso en marcha, aunque bastante despacio para no levantar sospechas por el barrio.

Tenía pensado encerrar a Melinda en el sótano de su casa, lo había acondicionado, insonorizando las paredes para evitar que pudieran oírla. Además el sótano tenía una falsa pared para ocultarla por si iba la policía a su casa.

Llegó a su casa, una casa, en las afueras, casi nadie sabía de su existencia y eso facilitaba las cosas. Después de atar las manos de Melinda, la tumbó en la cama, atándole los pies para que no pudiera escapar. Aunque al ver que estaba embarazada, cambió algo sus planes, no se lo esperaba y mucho menos que tuviera esa barriga tan abultada.

Largo rato después, Melinda parpadeó varias veces y empezó a abrir los ojos lentamente. Miró a su alrededor, intentando enfocar el lugar en el que se encontraba. Después de echar un vistazo rápido, volvió a mirar para fijarse mejor. Estaba sobre una cama, se encontraba en una habitación mugrienta, sin muebles, tan solo un lavabo y un retrete.

-¡SOCORRO! Ayuda, por favor.

Nadie respondió a su petición, pero se abrió la puerta y allí su peor pesadilla se hizo de carne y hueso, Walter se adentraba en la habitación con una siniestra sonrisa, y una navaja en la mano.

-Por favor… no me hagas nada…

-Aquí nadie te va a oír, aunque grites. –respondió.

-¿Qué quieres de mi?

-Quiero que tu novio sufra, por su culpa lo he perdido todo. Así que él lo perderá todo. –contestó muy seguro de sí mismo.

Ella se asustó mucho y comenzó a llorar, Walter salió de la habitación y la cerró de un portazo. Tenía que pensar lo que iba a decirle a Cristian, cómo se lo diría, le daba igual que supiera el número del móvil porque utilizaría una tarjeta y luego la destruiría, para borrar el rastro.

Sabía que al estar embarazada debía tener algo más de cuidado o pronto empezaría a darle problemas. Así que cogió un pedazo de pan y una botella de agua y fue al sótano.

Apartó el gran armario que tapaba la entrada a la habitación en la que tenía a Melinda. Ella al verle de nuevo se hizo un ovillo y empezó a temblar. Él tan solo la miró levemente y dejó encima de la cama el trozo de pan y la botella de agua.
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