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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 12 de abril de 2010

Renacer capitulo 26

26º- Buscando soluciones

-Tranquilo, no te precipites. He estado pensando lo que voy a pedirte. Primero quiero 50.000 euros, para empezar. Además retirarás la denuncia para que cesen en mi búsqueda. –dijo con voz firme. –Y también quiero que hagas que me readmitan en el hospital.

-¿Y cómo pretendes que haga todo eso? Y menos sin saber si Melinda está bien y a salvo.

Walter arrimó el teléfono a Melinda. –Habla y saluda, pero con alegría, que note que estás estupendamente conmigo. –se burló.

-¿Cristian? soy yo, estoy atada de pies y manos. –dijo de los nervios.

Pero antes de que pudiera continuar hablando, Walter apartó el teléfono de su cara y lo cogió de nuevo. –Ya viste que está viva. Así que te doy un día para cumplir lo que te he pedido o está muerta.

-Pero en un día no puedo conseguir tanto dinero. Necesito más tiempo. –pidió con desesperación.

-Mañana llamaré para comprobar cómo van mis peticiones, espero por el bien de tu novia y de su bebé lo cumplas. Si no lo perderás todo.

Cristian intentó replicar algo, pero no pudo pues Walter ya había colgado el teléfono. Su desesperación fue en aumento, estaba fraguando una incontrolable ira, que iba a explotar en cualquier instante.

Aún tenía la fotografía de Melinda en la mano, la miró y no pudo contener algunas lágrimas. Estaba furioso, quería matar a Walter por lo que había hecho, cerró el puño y golpeó con fuerza la pared en repetidas ocasiones, hasta que Darío y Kirian le sujetaron para impedir que siguiera dando golpes.

-Cálmate, haremos lo que ha dicho para recuperarla. –contestó Darío.

-No debes perder los nervios, es precisamente lo que busca. –añadió Kirian.

-Hay que curarte eso, mira cómo te dejaste los nudillos por los puñetazos. –comentó su padre.

Tenía los nudillos destrozados, la sangre empezaba a salir a borbotones. –Me da igual, solo quiero encontrar a Melinda.

-Lo sabemos hijo. –interrumpió su madre. –Pero no adelantas nada poniéndote así, la encontraremos.

Le curaron los nudillos, pero estaba tan ofuscado que dijo que quería estar solo, para pensar. Esa noche ninguno consiguió dormir, esperaban con impaciencia la llamada de Walter.

Pero las horas pasaban y no recibían la llamada. El tiempo era como un taladro en el corazón de Cristian, sus esperanzas de recuperarlos a ambos con vida cada vez eran menores, y sin noticias, era peor todavía. Sin que los demás le vieran, cogió una botella de whisky y se encerró en su habitación. Empezó a beber a morro de la botella, ahogando su sufrimiento por no tener a su amada a su lado.

Pasado un rato quisieron llamarle, para que saliera con ellos al comedor y hablar con él. Pero no quiso salir, pensaron que necesitaba estar solo y no querían agobiarle. Y las horas siguieron pasando, mientras Cristian seguía ahogando sus penas y su sufrimiento en alcohol.

Se estaba haciendo muy tarde y Cristian seguía encerrado, así que Darío y Kirian quisieron entrar. La puerta estaba cerrada y él no contestaba, eso les preocupó bastante. Así que de un empujón abrieron la puerta.

Cristian estaba tirado en el suelo, llorando a lágrima viva como un niño pequeño, agarrado a una botella vacía de whisky y una considerable borrachera. –Madre mía… -dijo Darío con los ojos como platos.

-Vamos, tienes que darte una ducha para despejarte. –comentó Kirian intentando levantarle del suelo.

-NO, yo voy a salvar a Melinda, le partiré la cara a Walter, le mataré, cortándole en pedacitos y se lo echaré a los perros. –juró intentando levantarse, pero se tambaleó y cayó al suelo.

-Tío, no puedes ni sostenerte en pie del pedo que llevas. Venga. –añadió Darío ayudando a Kirian a levantar a Cristian.

-NO, NO y no. Yo salvaré a Melinda ya que no queréis ayudarme. –se le trababan las palabras de semejante borrachera.

Empezó a forcejear con ambos para zafarse de ellos y salir corriendo, pero ellos eran dos y se lo llevaron a la fuerza al baño. –No lo pongas más difícil, vamos a meterte en la bañera. –Darío se estaba desesperando.

En ese momento, estaban intentando meterle en la bañera para despejarle con una ducha fría y Cristian explotó. Fruto de la preocupación y la angustia, y propiciado también por el Whisky, se puso a llorar como un niño abrazándose a sus dos amigos, ya no podía más, había resistido todo lo que había podido. Pero estar tan lejos de su amada y su hijo era algo insufrible.

-Quiero recuperarlos… -susurró entre lágrimas. –No está conmigo… Mi preciosa Melinda…

-Lo sabemos, pero pronto los vamos a recuperar. Ya lo verás. –dijo Kirian abrazando a su amigo.

-Claro que sí, Kirian tiene razón. Llamará muy pronto y tendremos noticias de Melinda. –animó Darío.

Abrieron el agua y mojaron a Cristian, pero ellos también se mojaron pues su amigo era incapaz de soltarlos, necesitaba desahogarse. E incluso empezó a gritar por el dolor tan profundo que sentía en su alma.

Con tanto alboroto, los demás fueron al baño, las chicas lloraron al ver la situación, ellas lo estaban pasando realmente mal, y el dolor de Cristian era compartido por todos. Y sus padres, jamás habían visto así a su hijo.

Cristian siempre había sido valiente, fuerte, tranquilo, mantenía la calma en las situaciones difíciles, y ahora le veían derrumbado, derrotado y con un dolor tan grande, que parecía que desgarraría todo su cuerpo haciéndolo añicos.

Salieron del baño para dejarle algo de tiempo para calmarse. Entre Kirian y Darío le quitaron la camiseta y los pantalones, dejándolo con los boxers. Le secaron y entre los dos le llevaron a la habitación, pues no se sostenía en pie solo.

-Le tumbaron en la cama con cuidado. –Descansa que te hace falta. –dijo Darío dándole una palmadita en el hombro.

-Necesito a Melinda a mi lado… -susurró con los ojos vidriosos.

-Tienes que ser fuerte, seguro que muy pronto volverá. Debes ser fuerte, por ella y por el bebé. Cuando hayas dormido unas horas lo verás todo de otra forma.

Él se tapó la cara con las manos, aún necesitaba desahogarse, apaciguar un poco su dolor, solo un poco. Pues hasta que no recuperara a Melinda no volvería a respirar tranquilo. Se dio cuenta de que jamás podría vivir sin ella, en cuanto la tuviera entre sus brazos de nuevo, la pediría matrimonio, quería que fuera su mujer para el resto de sus días.

Había estado pensando en Melinda todo el tiempo, y si no conseguía volver a su lado, tenía que pensar algo. No estaba dispuesto a vivir en el mundo sino era con Melinda a su lado. Si no conseguía tener a Melinda de vuelta, estaba dispuesto a quitarse la vida, cortándose las venas, estampándose con el coche o cualquier otro plan que le permitiera abandonar un mundo en el que su amada no estuviera.
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