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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 13 de abril de 2010

Renacer capitulo 27

27º- Dolor agudo

Walter había acordado llamar al día siguiente, pero pensó que así Cristian se desquiciaría más. Así que dejó pasar las horas, mientras se entretenía viendo la tele. Así siguió pensando en la cámara, ya se le había ocurrido algo que hacer con ella, y pretendía llevarlo a cabo.

Cogió de nuevo la cámara y bajó al sótano. Bajó también un trípode y colocó la cámara. Ella le miró extrañada, temerosa por lo que podría hacer, y eso le daba una satisfacción muy grande.

Aunque Melinda tenía atados los pies y las manos, ató las manos al cabecero para que no pudiera moverse de la cama. – ¿Qué estás haciendo? –preguntó con temor en la voz.

-Divertirme, que estoy aburrido sin hacer nada. Y así haré algo entretenido. –contestó maléficamente.

Puso a grabar la cámara y se acercó a la cama. Melinda estaba atada de pies y manos, además de tener las manos atadas al cabecero de la cama, con lo que no tenía escapatoria posible.

Walter giró la cabeza para mirar a la cámara. –Cristian, voy a divertirme con tu novia. Es un regalito para ti, espero que te guste. –dijo con una amplia sonrisa, en su mirada había un brillo aterrador.

Volvió a mirar a Melinda, puso su mano en la mejilla y comenzó a bajar por el cuello. Ella acababa de intuir lo que Walter pretendía y se temió lo peor. Bajaba su mano poco a poco, y subió la camiseta de Melinda, dejando a la vista el sujetador y la abultada barriguita.

Toqueteaba a Melinda con las manos y pronto empezó a hacerlo con la lengua, mientras la cámara grababa y Melinda lloraba y gritaba sin que nadie pudiera socorrerla. –Por ahora me vale. –dijo Walter pasados unos minutos. –Es un anticipo para tu novio, para que vea lo que voy a hacerte.

-Déjame ir, estoy embarazada. No diré nada. Quitaremos la denuncia. Pero suéltame, por favor… -suplicó llorando.

Walter la ignoró quitando la cámara y saliendo del sótano. Melinda se quedó paralizada, estaba con la camiseta subida, y se sentía sucia. Sentía cómo si su cuerpo no fuera el mismo.

Empezaron a darle pinchazos y sentía frío mucho frío. Durante horas ese malestar fue en aumento. De tiritones pasó a sudores exagerados, y los pinchazos iban cada vez más seguidos. Además sentías muchas nauseas.

………………….

Walter cogió la cinta, la pasó a DVD y la metió en un sobre. Marcó un teléfono. –Javier, ven a la casa, necesito que lleves algo a un sitio. No tardes. Me corre bastante prisa. –dijo seriamente para luego colgar.

Poco después llegó a la casa el chico rubio que había robado a Melinda hacía unos meses. –Hola. ¿Qué tengo que llevar y a dónde?

Walter le dio un sobre y el apuntó la dirección de la casa de Cristian en un papel. –No tienen que verte. Así que sé discreto. Llámame cuando lo hayas entregado.

Pasada una media hora, recibió la llamada de Javier, ya había entregado el paquete dejándolo en el felpudo. Así que se dispuso a llamar a Cristian para ver si había cumplido lo que le había pedido.

………………………

Las horas pasaban y todo seguía igual. Cristian no soltaba la fotografía de Melinda. En la otra mano tenía el móvil, lo miraba cada 5 minutos por si recibía la llamada de Walter. Estaba acurrucado en el sofá, sin dejar de mirar la foto. No quería comer ni moverse de allí.

Por fin, empezó a sonar su móvil. – ¡Es él! tiene que ser él. Voy a poner otra vez el manos libres. –gritó para que todos le oyeran.

-¿Ya hiciste todo lo que te pedí?

-No llamaste, dijiste que llamarías. –reprochó Cristian.

-Es que estaba entretenido y se me pasó el tiempo. ¿Quieres saber lo que hacía? Pues abre la puerta y mira en tu felpudo. Encontrarás una sorpresa. –contestó con un tono muy jovial.

Cristian fue hasta la puerta con el móvil en la mano. Walter seguía al otro lado de la línea pues le oía respirar. Al mirar en el felpudo vio un paquete. -¿Qué es esto? –preguntó cogiéndolo.

-Un entretenimiento. Mañana a las 9 nos reuniremos en el hospital. Ve al aparcamiento de la parte de atrás, junto a un cubo de basura amarillo. Trae el dinero y yo llevaré a tu zorrita. –ordenó antes de colgar.

Cristian entró al comedor, y abrió el paquete delante de todos. Vio un DVD y una nota. “Me quiero divertir. Si mañana te retrasas o no está todo el dinero, en el DVD hay un adelanto de lo que le espera a tu novia.” Eso no le dio buena espina a Cristian, lo metió en el reproductor y encendió la tele.

Empezó a reproducirse el DVD, en seguida vieron a Melinda, la grababa alejándose y acercándose. Ella estaba maniatada, llorando muy nerviosa. En seguida empezaron a salir otras imágenes.

Todos veían como empezaba a manosear a Melinda y le subió la camiseta. Sus caras eran de auténtico horror. Y la frase que dijo Walter antes de que acabara el DVD se le quedó a Cristian, marcada a fuego en su mente. “Es un anticipo para tu novio, para que vea lo que voy a hacerte. “

Cristian estalló, ya había explotado al no recibir noticias de Walter. Y ver cómo se aprovechaba de su novia fue la gota que colmó el vaso por segunda vez. Empezó a gritar como un loco, cogió un jarrón que había en el comedor y lo arrojó al suelo con toda la fuerza que pudo.

Estaba como loco, con una furia que crecía por momentos, pero de sus ojos no paraban de caer lágrimas, de rabia, de angustia, y de dolor. De un dolor tan agudo y profundo que estaba dejando huella en su mente.

En ese instante, sabía que Walter hablaba muy en serio, y era más que probable que no soltara a Melinda. Recordó sus ideas, las ideas que había estado pensando por si no lograba recuperarla. Fue a la cocina y cogió un cuchillo.

Los demás vieron lo que estaba haciendo y gritaron horrorizados al ver que ponía el cuchillo en una de sus muñecas. - ¿Qué se supone que haces? –preguntó su padre.

-Si Melinda no está conmigo no quiero seguir viviendo. –dijo apretando más el cuchillo, empezó a salir un hilo de sangre muy fino.
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