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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 15 de abril de 2010

Renacer capitulo 30

30º- Peligro cercano

Le quitaron la intubación y tras un rato mirando desorientado a su alrededor, vio a sus padres y a sus amigos, que estaban emocionados por verle sano y salvo. Pero él en ese momento necesitaba ver a Melinda.

-Mel… -susurró. -¿Dón…dónde… Mel? –decía muy desorientado.

-Mi amor, estoy aquí. –dijo llorando de felicidad.

-¿Estás… bien? ¿El bebé?

-Estamos bien. Te echábamos de menos. –dijo ella acariciando la barriguita.

-¿Qué te hizo ese animal? –preguntó Cristian intentando incorporarse.

-Tranquilo, tan solo me tocó un poco pero nada más. Me puse enferma y el chico que me robó me llevó a ese parque.

-¿El chico que te robó? –preguntó Darío extrañado. ¿Qué tiene que ver ese chico con Walter?

-¡Qué tontos hemos sido! –interrumpió Dennis. –Ese chico te robó el bolso para conseguir la dirección de la casa. Por eso te cogieron al lado de casa y dejaron el DVD en el felpudo.

-Hay que avisar a la policía, de todo lo ocurrido. Porque además Walter sigue desaparecido. –contestó Pedro.

-¿Y quién llamó desde el móvil de Melinda? Porque no era la voz de Walter. –dijo Cristian extrañado.

-Debió ser ese chico, si fue el que la llevó al parque. Tal vez le remordía la conciencia por dentro. –dijo Darío.

Todos estaban algo más tranquilo pues estaban a salvo. A Melinda le dieron el alta al día siguiente, pero Cristian tuvo que estar varios días en el hospital, pues la operación había sido bastante seria. Necesitaría ayuda por un tiempo para vertirse y asearse hasta que estuviera más recuperado.

Melinda tuvo que estar en cama esos días pues aunque la dieron el alta necesitaba mucho reposo para reponerse del secuestro. Eso entristeció mucho a Melinda y a Cristian ya que no podían verse y habían estado mucho tiempo separados, se necesitaban pero ambos estaban convalecientes.

Cada día hablaban por teléfono varias veces al día, estar separados les costaba mucho después de todo lo que habían pasado. Hasta que por fin, le daban el alta a Cristian, ese día Melinda estaba emocionada. Como ya estaba mucho mejor de salud convenció a Darío para que la llevara al hospital y así salir de allí con Cristian.

Nada más verse, se colmaron de besos, ella no paraba de abrazar a Cristian, parecía como si hubieran pasado siglos sin verse. –Ten cuidado que aún está convaleciente. –la regañó Kirian.

-Es que hace muchos días que no estoy con él, porque no me traíais para verle. –se quejó haciendo un puchero.

-Mi niña, yo también tenía ganas de verte, pero tenías que cuidarte por el bebé. –contestó acariciando la abultada barriguita.

-Bueno, vámonos ya, que le estoy cogiendo manía a los hospitales. –dijo Darío, haciendo como si sintiera un escalofrío.

Se fueron a casa, ya tenían ganas de algo de tranquilidad después de todo lo que había pasado. Esa noche estuvieron juntos como jamás lo habían estado, tenían sed de amor, de sentirse amados. Cada día que habían pasado separados había sido una tortura para ellos. Eso sí, tuvieron que tener cuidado por la herida de Cristian y el embarazo, pero no les impidió darse amor y cariño.

Al día siguiente por la tarde, estuvieron tranquilos en casa, sin dejar de abrazarse ni un segundo, necesitaban sentirse mutuamente. Hasta se ducharon juntos, era una necesidad casi biológica para ellos en ese momento.

Por la tarde, estaban algo cansados de tanto encierro, necesitaban algo de aire fresco. Así que pensaron en dar un pequeño paseo y tomarse algo en un bar para cambiar de aires. Fue una tarde muy amena, y tras un par de horas decidieron volver a casa.

Tenían que ir despacio pues Melinda se fatigaba en seguida, y Cristian todavía tenía que recuperarse un poco. Caminaban despacio, agarrados de la mano. Pero entonces escucharon unos gritos desde la acera de enfrente.

-¡SEGUÍS VIVOS! ¡NO LO PUEDO CONSENTIR! –gritaba Walter con tanta furia que estaba rojo como un tomate.

Cristian nada más verle en la otra acerca, se puso delante de Melinda a modo de escudo para evitar que pudieran hacerla daño a ella o al bebé. – ¿Qué haces aquí? Voy a llamar a la policía.

-¡Tú me has destrozado la vida! –señaló con el dedo a Cristian. –Y tu noviecita debería estar muerta, pero Javier sintió un arranque de humanidad. –su cara era de auténtico asco.

-Al menos hizo algo bueno. –interrumpió Melinda.

- ¡OS VOY A MATAR! tengo que acabar con vosotros para poder respirar tranquilo. Cada minuto que seguís respirando me seguís jodiendo la vida. –contestó apuntándoles con un arma.

Cristian intentó caminar hacia atrás, para proteger lo más posible a Melinda. Sentía su barriguita en la espalda, y eso le hacía que su instinto protector estuviera más alerta que nunca. Ella y el bebé eran su mayor tesoro, jamás nadie los haría daño si él podía evitarlo.

Walter empezó a caminar para cruzar la calle, los miraba con los ojos inyectados en sangre y el arma en alto. Cristian sabía que debía distraerlo para que bajara la guardia y poder quitarle el arma. – ¿Sabes qué te digo? Siento si has perdido tu trabajo, pero a mi no me eches la culpa. Siempre fuiste un trepa y un aprovechado. –dijo intentando distraerle.

Eso ofendió tremendamente a Walter, pues para él, el culpable de que perdiera su trabajo había sido Cristian. Dejó de caminar, se quedó parado en medio de la calzada. – ¡NO ME VENGAS CON ESAS! TODO FUE CULPA TUYA. –gritó como un energúmeno.
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