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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 15 de abril de 2010

Renacer capitulo 32

32º- Sorpresa

-A ver, ahora mismo está estable. Lo que le ha ocurrido es que al tener desprendida la placenta ha sangrado al ponerse en pie.

-¿El bebé está bien? –preguntó ella.

-Por ahora sí, pero hasta que finalice el embarazo tendrás que estar en reposo absoluto. Moverte lo mínimo, y nada de caminar. –explicó Dennis.

-¿No puedo caminar? ¿Ni para ir al baño? –preguntó irritada.

-Me temo que no, no debes moverte de la cama, y si necesitas ir al baño o ducharte, debes tener ayuda. Ni se te puede pasar por la cabeza hacerlo sola, o el bebé podría correr peligro.

-Me puedo pedir una excedencia. –comentó Cristian.

-Hijo, aún no deberías hacer esfuerzos hasta que estuvieras recuperado completamente. –le aconsejó su padre.

-Ya estoy bien, además Melinda me necesita.

Pero las cosas no iban a ser tan fáciles, pues las primeras semanas Melinda intentaba levantarse de la cama sola. Cristian tenía que estar con ella a cada momento para evitar que pudiera hacer movimientos bruscos o levantarse de la cama.

Poco a poco eso fue desesperando a Melinda, se sentía como una inútil y torpe. Tantas atenciones y prohibiciones estaban empezando a ser un problema, discutían bastante, pues ella deseaba hacer las cosas por sí misma, pero él se lo impedía.

Y el no poder estar juntos por las noches y darse amor, era algo que incrementaba el mal humor de Melinda. No se sentía guapa, pues había vuelto a obsesionarse con sus cicatrices, y el verse tan gorda empeoraba la situación.

Así pasó el tiempo y los dos estaban enfadados todo el día, el embarazo aumentaba a la misma velocidad que su mal humor y sus discusiones. Melinda ya estaba de 8 meses.

Una noche, después de cenar, habían vuelto a discutir como cada día desde hacía un par de meses. – ¿Por qué te empeñas en intentar hacer las cosas tú sola si sabes que no puedes?

-Porque estoy harta de estar en reposo. Me sale por las orejas el reposo. –se quejó enfadada.

-No te portes como una niña pequeña, que ya estamos con la misma historia de todos los días.

-A mi no me hables así. Eres un idiota.

Estaban tan enfadados gritándose e insultándose que el ambiente cada vez era más tenso. Melinda empezó a sentir pinchazos en la barriguita, eran muy intensos, del dolor tan grande que sentía se doblo por completo.

-¿Mel? ¿Te ocurre algo? –preguntó Cristian acercándose a ella.

-Ay… me duele… me duele mucho…-se quejó aguantando como podía el dolor.

-Ven, deja que te ayude. –dijo intentando cogerla.

-No, no me toques. Yo puedo sola. –contestó apartándose se Cristian.

-No seas cabezota, por favor. –contestó cogiendo a Melinda en brazos. –Nos vamos al hospital.

Cristian bajó a Melinda al coche, la montó con delicadeza en el asiento del copiloto. Ella intentaba aguantar el dolor tanto como podía, pero incluso se le saltaban las lágrimas de los pinchazos.

Fue todo lo deprisa que pudo para llegar en poco tiempo. Llamó a su padre para que estuviera preparado y se la llevó al box 2. Al cabo de unos minutos su padre salió a buscarle.

-¿Qué tiene Melinda?

-Pues que el bebé quiere conocer a su padre. Así que llama a tu madre y a los demás para que vengan. Tú debes prepararte para entrar. –explicó su padre.

-Pero aún no le tocaba, faltaban un par de semanas. –dijo algo nervioso.

-Hijo, era un embarazo de mucho riesgo, ya sabes que tenía la placenta desprendida. Pero algo ha debido desencadenarlo tan de repente. –comentó extrañado.

-Pues… estábamos discutiendo, como cada día… -contestó sin mirar a su padre.

-¿Cuánto tiempo lleváis así?

-Al poco de mandarle el reposo. –confesó.

-Y ¿Puedo saber la razón de las discusiones?

-Básicamente que se irritaba de no hacer nada, y yo estaba ofuscado porque en realidad fue culpa mía que le pasara eso. –se sentía muy apenado. –Y ahora se puso de parto porque volví a ser imbécil.

-Bueno, ya no lo pienses. Además dentro de poco conocerás a tu hija. –contestó sonriendo.

-¿Hija? ¿Una niña? –preguntó sorprendido. –Espero que se parezca a su madre…

-Pues si no te das prisa en llamar a los demás y en prepararte, no la verás venir al mundo. –contestó su padre metiéndole prisa.

-Tienes razón, es que estoy emocionado.

Llamó a su madre y a sus amigos para darles la buena noticia. Ya se le habían pasado todos los enfados, solo quería estar junto a su novia. Y sobre todo ver nacer a su querida niña.

Se preparó para entrar con Melinda al paritorio, estaba emocionado. Entró y Melinda estaba en la camilla, aguantando las contracciones como podía. – ¿Cómo te encuentras?

-¡Pues con dolores! ¿Cómo quieres que esté? –dijo irritada.

Él se quedó callado ante la reacción de Melinda, pero su padre intentó animarle. –Hijo, si está así de alterada es por los dolores, comprende que duele bastante.
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