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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 16 de abril de 2010

Renacer capitulo 33

33º- Dos son mejor que uno

-¿Y qué hago?

-Intenta darle tu apoyo, y no le repliques si te da malas contestaciones. –explicó su padre con cariño.

Él asintió y se puso al lado de Melinda, cogiendo su mano y susurrándole palabras de ánimo y cariño a su novia. Ella solo contestaba con palabrotas e insultos. Pero incluso en ese instante, sabía lo mucho que amaba a Melinda, habían estado mucho tiempo discutiendo y sin darse cariño y amor.

-Mel, a lo mejor no es el momento. Pero ya no me aguanto. Mel ¿Quieres casarte conmigo?

Ella estaba empujando y al escuchar lo que dijo Cristian, se quedó estática. Tan solo reaccionó cuando tuvo otra contracción. – ¿Cómo?

-Sé que estas últimas semanas no he sido un buen novio, pero te quiero con locura, mi preciosa Melinda. ¿Qué contestas?

-Claro que síiiiiiii. –esa última palabra se convirtió en un grito a causa de otra contracción muy fuerte.

Siguió empujando hasta que por fin se escuchó un llanto. Tanto Cristian como Melinda sonrieron al escuchar ese maravilloso sonido. – ¿Cómo es? Quiero verla ya, y saber a quien se parece. –pidió ella haciendo un puchero.

-Debes esperar a que la lavemos y revisemos, pero es muy linda, tiene una cara muy parecida a la tuya. –contestó Dennis.

Cristian se acercó a ella y la abrazó con dulzura, besando sus cabellos. –Lo hiciste muy bien. Perdóname por como estuve todo este tiempo…

-La que se debe disculpar soy yo, estuve de mal humor todo el día por no poder hacer las cosas por mi misma. Lo siento. –dijo ella.

-Eso ya da igual. Ahora estamos prometidos. –contestó él con una sonrisa de oreja a oreja.

-Lo sé, y estoy muy contenta, pero tengo muchas ganas de verla y tocarla… -contestó mirando a Cristian.

Él acarició su rostro con delicadeza mientras sonreía. –Yo también quiero verla, y si en serio se parece a ti, tendré dos tesoros a mi lado. A partir de ahora voy a ser el marido que te mereces, y el mejor padre para la niña.

-Si, pero no podemos decirla siempre “la niña”, tendrá que tener nombre. –contestó Melinda. –Te dejo que pienses uno, y si me gusta se quedará con ese nombre.

-Pues…me gustan dos nombres. Luna y Evelyn. ¿Cuál es el que te gusta de los dos? –preguntó.

-Prefiero Evelyn. Pero a la próxima niña le llamamos Luna, y habrá que pensar más nombres para los demás niños. –contestó Melinda muy alegre.

-¿Para los demás?

-Claro, quiero que tengamos varios hijos.

Por fin volvió Dennis, tenía entre sus brazos, a la niña envuelta en una mantita blanca del hospital. –Aquí tenéis a esta preciosidad. Es la nieta más guapa del mundo…- contestó embobado.

Se la entregó a Melinda que se puso a llorar nada más verla. Cristian se puso algo nervioso. –Mel, ¿Te ocurre algo?

-Es que es tan bonita… me parece mentira que después de todo lo ocurrido esté entre mis brazos. –contestó limpiándose las lágrimas con una mano.

-Es cierto que se parece mucho a ti… es que no puede ser un día mejor… soy padre y estoy prometido con la chica más maravillosa del mundo. –dijo muy orgulloso de sí mismo.

Una vez subieron a Melinda y a la niña a la habitación, entraron todos a conocer a la niña. Las chicas se quedaron embobadas, realmente era una niña muy bonita, como una muñequita. Con la cara muy similar a la de Melinda.

Pasadas unas horas abrió los ojitos y pudieron ver que eran los mismos ojos tan intensos de su padre. Era una niña muy guapa y despierta que encandilaba a la gente con solo mover las manitas.

-A parte de la niña, tenemos otra noticia que daros. –dijo Cristian sujetando la mano a Melinda.

-Pues no nos dejes con la intriga y dilo ya. –pidió Darío impaciente.

-Durante el parto le pedí a Melinda que se casara conmigo. Y aunque aún me parece mentira, dijo que sí.

-¿De verdad? –preguntaron sus amigos a la vez.

-¿Y el anillo? - Preguntaron Samanta, Adriana y Delia simultáneamente.

-Pues… aún no lo compré, es que fue algo que tuve que hacer en ese momento. –dijo agachando la cabeza.

-No pasa nada, amor.

-Si que pasa. –interrumpió Samanta. – ¿Dónde se ha visto una pedida de mano sin anillo?

-Lo sé hermanita, no me des la brasa. Pensaba comprarlo mañana por la mañana. –contestó.

Fue un bonito día, había empezado con mal pie pero desde luego había terminado de la mejor forma posible. Melinda y Cristian parecían otros diferentes a los de las últimas semanas, su amor se había enfrentado a una dura prueba que habían superado juntos.

Como el estado de salud de Melinda había sido tan delicado, prefirieron dejarla varios días ingresada para que se recuperara por completo. Y Delia aún tenía que esperar unos días más.

Estaban viendo a Melinda y a la niña, y Delia empezó a sentir pinchazos en la barriguita, hasta que rompió aguas. –No me apetece ser una aguafiestas, pero me parece que ya viene… -dijo conteniendo el dolor como buenamente pudo.

-¿Ahora? ¿En serio? –preguntó Kirian.

Se había puesto muy nervioso, nadie esperaba que Delia se pusiera de parto y menos en ese momento. Kirian a pesar de ser médico, en ese momento estaba actuando como un padre primerizo e histérico.

-Kirian, cálmate, somos médicos, así que tranquilízate.

-Tienes razón. Es que no me lo esperaba ahora mismo. –contestó respirando profundamente.

Se llevaron a Delia a la sala de partos pues estaba dilatando muy deprisa, el bebé tenía mucha prisa por salir y ver a sus padres. Los demás tuvieron que quedarse esperando al pequeño milagro.
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