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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




viernes, 16 de abril de 2010

Renacer capitulo 34

34º- Inesperado

Kirian estaba algo más tranquilo pero de todas formas no estaba tan sereno como cuando atendía a sus pacientes. –Vamos, yo estaré aquí por si necesitáis algo, pero ya sabes que será mi padre quien atienda el parto.

Delia estaba sudorosa, en su cara las lágrimas de dolor y el sudor se mezclaba, el bebé realmente estaba siendo un impaciente por salir. –Mi niña, verás cómo lo vas a hacer muy bien.

-¿Y si el bebé no nace bien o le pasa algo? –preguntó muy alterada.

-Eso no va a pasar porque para eso estoy yo aquí. –comentó Dennis tan seguro de sí mismo como siempre. –Sé que va a doler, pero cuando notes una contracción tienes que empujar lo más fuerte que puedas.

Vale. –dijo ella respirando profundamente.

Empujó con cada contracción, mientras Kirian sujetaba su mano y la susurraba al oído palabra de ánimo. Hasta que escucharon un llanto y se emocionaron tan solo de oírlo. – ¿Es niño o niña?

-Pues un niño muy fuerte y sano. –contestó Dennis. –En seguida la veréis cuando le limpiemos y examinemos bien.

Cristian que estaba allí con ellos, se quedó sorprendido, realmente era un niño muy grandote y con unos rasgos tanto de Delia como de Kirian. –Enhorabuena, es un niñito muy guapo. –dijo abrazando a su amigo.

-Gracias. Me alegra que te quedaras aquí.

-Voy a salir y se lo digo a los demás, que estarán comiéndose las uñas de la intriga. –añadió Cristian.

Estuvieron limpiando al niño, cosieron a Delia y los pusieron en la misma habitación en la que estaba Melinda para que se hicieran compañía. Todos se asombraron mucho de la mezcla que tenía de los padres, que le hacía tener unos rasgos únicos, y era un bebé muy hermoso.

-Se llamará Marcos. Ya lo decidimos hace tiempo. –contó Kirian besando la frente de su hijo.

-Me gusta el nombre, es muy bonito. –dijo Melinda.

Después de una amena charla, se fueron para dejar descansar a los bebés y a las madres. Kirian y Cristian pasaron allí la noche, no eran capaces de desprenderse ni un minuto de sus hijos y de sus queridas novias.

Ambos se portaban muy bien por las noches, no se despertaban nada más que para pedir alimento. Tanto Cristian como Kirian se quedaban embobados cuando veían a sus hijos mamar, les parecía algo muy hermoso de ver. Aunque Melinda solo podía darle un pecho, el resto de alimento debía dárselo de biberón, ya que aún no la habían operado.

Tras unos días, dieron el alta a Melinda y a Delia a la vez. Porque Delia no había tenido una situación tan complicada en el parto como sí la tuvo Melinda. La verdad es que deseaban volver a casa y hacer vida normal con sus tesoros entre sus brazos.

Además estaban a salvo porque Walter había muerto, Melinda estaba tranquila porque sabía que no le volvería a hacer daño. Pero Cristian no opinaba igual que ella, Javier seguía libre y eso le tenía angustiado.

-Cariño, siempre estás con lo mismo. –se quejó Melinda.

-Es que no puedo estar tranquilo sabiendo que Javier sigue suelto.

-Mi amor, cambiamos la cerradura cuando me robó el bolso. Además te recuerdo que, fue él quien decidió dejarme en un parque en lugar de en una cuneta y te llamó para que me salvaras. –contestó Melinda.

-Pues yo hasta que no esté entre rejas no estaré tranquilo.

No había manera de hacerle entrar en razón, así que Melinda dejó el tema. Cada tarde, quedaba con Delia, y juntas paseaban a sus pequeños. Un día al volver, abrió el buzón, y entre las facturas le sorprendió encontrar una carta sin remitente.

Subió, dejó a la niña en la cuna y abrió la carta. Estaba escrita a mano y a primera vista no reconocía la letra. Así que su puso a leerla para salir de dudas y ver de lo que se trataba.

“Melinda.
Lamento el daño que te hice. Estaba amenazado por Walter y tenía miedo, pero cuando quiso que te tirara en una cuneta me di cuenta de la monstruosidad que estaba a punto de hacer.
Sé que no me vas a perdonar, de todas formas no merezco que me perdonen. Jamás he sido una buena persona con nadie. Quiero empezar de cero, hacer las cosas bien, por esa razón voy a entregarme a la policía y cumpliré la condena que me pongan.
Necesito pedirte algo aunque sé que no tengo derecho a hacerlo. Yo me acostaba con Kira, la hija de Walter. Al principio era solo porque me apetecía tenerla, pero me enamoré de ella. Está embarazada de 6 meses, y si ingreso en prisión no podré cuidarla. Necesito que la cuides.
Al pedirte esto, sé que estoy siendo un egoísta, pero ella me importa de verdad y no quiero perderla, ni a ella ni a la niña que lleva en su interior. Te adjunto un papel con su dirección y su móvil. Le conté que te mandaría la carta, pero ella entenderá que no quieras ayudarla.

Mis más sinceras disculpas. Javier”

Melinda no podía creerse lo que acababa de leer. Kira, ya había oído hablar de ella, y la pobre chica iba a estar sola con un bebé, sin padre para el bebé, ni nadie que se ocupara de ella. No podía hacer eso, ella era madre y jamás podría permitir que un bebé tuviera mala vida o enfermara por no darle los cuidados adecuados.

Cristian no tardaría en llegar, y tenía que decirle lo ocurrido. Sabía lo mucho que le costaría convencerlo para ayudar a Kira, pero ella sentía en su interior que debía hacerlo. Además de no haber sido porque Javier intentara hacer lo correcto, lo más probable es que hubiera muerto y Evelyn también.

Casi a la hora de la cena llegó Cristian a casa muy contento. – ¿Cómo está mi princesita? –dijo mientras cogía en brazos a Evelyn.

-Hola, cariño. ¿Qué tal el día? – preguntó.

-Pues como siempre, la verdad. ¿Y tú? ¿Viste a Delia y a Marcos?

-Sí, cada día está más guapo el niño. Y se lleva muy bien con Evelyn. Como sigan así, cuando sean un poco más mayores serán novios. –dijo en tono divertido.

-Pero si son bebés, ¿cómo andas pensando en eso ya?

-Pues porque la vida da muchas vueltas y no se puede desperdiciar ni un minuto. Yo lo sé mejor que nadie.

-¿Y eso? ¿Estás melancólica? –preguntó extrañado.

-Es que… bueno verás… -estaba dando muchos rodeos porque no sabía cómo plantearle lo de Kira.

-Uy, uy, uy… ¿Qué te pasa?
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