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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 17 de abril de 2010

Renacer capitulo 35

35º- Acto de solidaridad

No se lo pensó más, le enseñó la carta, lo mejor era que lo leyera él mismo. Terminó de leer pero no dijo nada se quedó callado. – ¿Y bien? ¿Qué opinas?

-No opino nada. Ojala se pudra en la cárcel. –dijo soltando la carta.

-No digas eso. Tu hija y yo estamos a tu lado porque él hizo lo correcto. Además, no me parece bien, dejar desamparada a Kira estando embarazada de 6 meses.

-¿Es que acaso estás pensando en hacer lo que pide Javier?

-…. Sí…, porque si fuera en mi lugar, me sentiría muy desgraciada y perdida sin nadie que me apoyara. –contestó mirándole con tristeza.

-Por favor… no me hagas eso… no me hagas chantaje emocional. –dijo sintiéndose muy culpable.

-No podemos abandonarla. ¿Cómo te sentirías, si no pudieras cuidarme estando embarazada y una persona pudiera ayudarme pero no quisiera?

-No es lo mismo.

-Sí que lo es. Por favor, solo sería ayudarla hasta que naciera el bebé, y que no les pase nada a ninguno de los dos. –dijo. –Por favor, por favor, por favor… -pidió besándole el cuello.

Finalmente se rindió ante la súplica tan efusiva de su prometida. Cuando de ella se trataba perdía toda voluntad y control sobre sí mismo. –de acuerdo… la ayudaremos, aunque sigo sin estar conforme.

Ella se subió de un salto, él la cogió sujetándola por la cintura.-eres una chantajista, no es justo. –dijo haciendo un puchero.

-Sí que lo es. Además para que veas lo estupenda que soy, puedo recompensártelo. Pídeme algo y lo haré. –susurró en su oído de forma muy sensual.

Esa frase fue el detonante, estaba bastante necesitado de amor ese día y el tener a su prometida dispuesta a satisfacer una petición suya, fue la chispa que le faltaba a su mecha a punto de encenderse.

La besó de forma muy fiera, con ella aún en brazos, caminó hasta la habitación, aunque dio un traspié y cayeron al suelo. Ambos empezaron a reírse, por la situación. Pero en seguida, empezaron a besarse de forma muy intensa.

Melinda hacía tiempo que ya se dejaba llevar aún a pesar de las cicatrices. En un par de semanas la operarían por fin del pecho, y eso era lo que había estado esperando desde hacía tantísimos meses.

Se dieron todo el amor que quisieron, Melinda quería compensar a su casi esposo por acceder a su petición. Así que le hizo disfrutar tanto como sus cuerpos les permitían, quería demostrarle lo mucho que le amaba.

Pretendían darse amor durante más rato, pero la niña empezó a llorar reclamando la cena. –Tendremos que esperar. –dijo Melinda cogiendo la ropa para vestirse.

-Pero yo también te necesito. –contestó haciendo un puchero y sujetándola por la cintura. –A ver si voy a tener que ponerme a llorar, para que así me hagas caso… -dijo bromeando

-No seas niño, mi amor. Si además tenemos que cenar. –añadió besando sus labios con dulzura.

Cristian preparaba el biberón, mientras Melinda amamantaba a su pequeña Evelyn. –Quiero darle yo el biberón, tú pasas más horas con ella, deja que disfrute de mi princesita linda. –dijo haciendo carantoñas a la niña.

-Si es que se te cae la baba…

-Lo sé, sois mis dos chicas, mis princesitas, las más lindas de todas. –estaba con una amplia sonrisa.

La vida empezaba a sonreírles, al día siguiente llamarían a Kira para hablar con ella. Cristian seguía algo reticente a ayudarla, pero entendía el punto de vista de Melinda, sabía la razón por la que quería ayudarla.

Fue Cristian quien la llamó nada más levantarse. Pensó que era algo pronto, pero quería hablar él con ella. -¿Kira?

-¿Quién es? –preguntó la voz de una chica medio adormilada.

-Soy Cristian.

-¿Cristian? ¿Cómo es que me llamas?

-Recibimos la carta de Javier y hemos decidido ayudarte.

-¿En serio? Eres muy amable, no sé cómo darte las gracias. –dijo ella muy feliz por la noticia que acababa de recibir.

-No me las des, en realidad lo hago por Melinda, es ella la que insistió en ayudarte nada más leer la carta.

-Bueno, gracias de todos modos. De verdad que no os molestaré. Fue Javier que se empeñó en ello.

-Le he prometido a Melinda que te ayudaríamos y así lo haré. Soy hombre de palabra. Y como soy médico puedo hacerte revisiones para comprobar como va el embarazo. Así que vente al hospital y te haces una revisión. –explicó Cristian.

-Claro. Dentro de un par de horas voy, que aún tengo que hacer cosas en la casa. –contestó.

-No debes hacer de esfuerzos estando de 6 meses. –dijo en tono protector. –Bueno mira, mejor le digo a Melinda que te vaya a buscar. Y así me trae a la niña.

-¿Niña? ¿Tienes una hija? –preguntó extrañada. –Eso no me lo había dicho Javier, ¡qué raro!

-Sí, cuando la abandonó en el parque estaba embarazada de 5 meses. –contestó Cristian con la voz muy seca.

-De verdad que lo siento… sé que os hizo daño, pero ya no es así. Quiere cambiar, por eso se ha entregado. En una semana será el juicio.

-Debe pagar por lo que hizo, aunque me parece muy bien que se arrepienta por ello. –dijo quedándose callado unos segundos. –Tengo que irme, ahora le digo a Melinda que vaya a buscarte en media hora.

Tras colgar le dijo a Melinda la conversación que había tenido con ella. Se ilusionó bastante por el comportamiento de Cristian. Sabía lo mucho que le estaba costando y aún así intentaba complacerla en todo lo posible.
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