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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 18 de abril de 2010

Renacer capitulo 36

36º- Gran persona

-Os veré luego. Os quiero con locura. –dijo besando a Evelyn en la frente y a Melinda suavemente en los labios.

-Nosotras también te queremos. ¿A qué si, mi niña?

-Pa… pa… prrr –decía la niña sonriendo mientras miraba a su padre.

Se despidieron, y cuando Melinda se arregló y arregló a la niña con un precioso vestidito azul. Fueron a buscar a Kira. Ella no la conocía pero se moría de ganas por ver como era.

Llegó a la casa y llamó al timbre. Abrió una chica bajita, de pelo negro, con la piel muy blanquita y unos ojos verdes muy intensos. –Hola, debes ser Melinda.

-Y tú debes ser Kira. –dijo contemplando su abultada barriguita.

-¿Ella es tu hija? ¿Cómo se llama? –preguntó haciéndole carantoñas.

-Se llama Evelyn y es muy buena. Además tiene los mismos ojitos tan bonitos de su padre.

-Ya lo veo. –sonrió mirando a la niña. - Espera un segundo que coja el bolso y podemos irnos si quieres.

-Espero aquí.

Cuando estuvo lista, bajaron al coche. Mientras ella se acomodaba en el asiento del copiloto, Melinda colocaba a la niña en el asiento trasero, en su cestita. Una vez que estuvieron listas, pusieron rumbo al hospital.

Llegaron y Melinda fue al despacho de Cristian. Al verlas se puso loco de contento. Dio un beso a su prometida y cogió a su hija mientras saludaba a Kira. –Hacía mucho tiempo que no te veía.

-Lo sé. Lamento muchísimo lo que os hizo mi padre. A mí desde pequeña siempre me había pegado. Así que supongo que por eso me da igual que haya muerto. –dijo con total naturalidad.

-Lo siento, no lo sabía. –dijo Cristian algo apenado.

-Tranquilo. Es agua pasada. –contestó con una sonrisa para relajar un poco el ambiente. – ¿Te importa que me siente? Estoy algo cansada.

-Claro que no, pero mejor te llevo al box y te reviso. –dijo. –Mel, tú mientras quédate aquí con la niña. Ahora venimos.

Melinda se quedó con Evelyn en el despacho, sacó un par de folios de uno de los cajones y empezó a dibujar con la niña. Ella con su manita sujetaba la pintura y Melinda movía la mano para hacerle dibujos que la divertían mucho.

Pasados unos minutos, la puerta del despacho se abrió. Volvieron y entraron. – ¿Está todo bien?

-Sí, el embarazo va bien, ha cogido algunos kilos de más, pero no es nada importante. –comentó Cristian.

-Me alegro.

-Seguro que a Javier le hace mucha ilusión saber que todo está bien. –dijo Kira muy feliz. –Aunque ya la semana que viene es el juicio.

-¿La semana que viene? Pues me gustaría ir y declarar a su favor.

Cristian al oír eso se abrió los ojos tanto que parecía que se le saldrían de sus cuencas. – ¿Qué tú qué?

-Pues sí. –respondió Melinda.

Kira vio que estaba en una situación que no le correspondía, así que puso la excusa de ir al lavabo para dejarles un rato a solas. Conocía un poco a Cristian, había accedido a ayudarla porque Melinda se lo pidió. Pero que declarara a favor de Javier sabía que era algo que quizás sobrepasaba lo razonable.

-No dirás en serio lo de declarar ¿no?

-Claro que lo digo en serio. Él rectificó, gracias a él estoy viva. Además todo el mundo merece una segunda oportunidad.

-Pero no alguien como él. –dijo Cristian furioso.

-¿Por qué no?

-Pues porque no, porque lo digo yo. Y punto, no hay más que hablar. –dijo autoritariamente.

-Claro que hay que hablar. Porque yo soy mayorcita, y ni tú ni nadie va a darme órdenes. –replicó ella muy molesta con la niña en brazos.

-Supongo que has perdido el juicio, porque no dices más que tonterías. –su tono de voz iba en aumento.

-¿Tonterías? ¿Eso es lo que crees? Si en la vida no se dieran segundas oportunidades, tú y yo no estaríamos prometidos y con todo lo de la boda casi listo.

-¿Qué insinúas?

-Insinúo que si tú y yo no nos hubiéramos dado una segunda oportunidad, ya no estaríamos juntos. –contestó irritada. La niña notaba su estado anímico y empezó a llorar. – ¡Estupendo! Ahora se puso a llorar la niña.

-¿Es más importante el ladrón que te robó y te secuestró más que tu familia? –preguntó con indignación.

-Claro que no. Vosotros sois lo más importante. –dijo arrullando a la niña.

-Entonces no entiendo tu actitud. ¿No te basta con que estemos ayudando a Kira? ¿Tienes que declarar a favor de Javier para que salga libre?

-No saques las cosas de quicio. Tan solo quiero hacer lo que creo que es lo correcto. Por favor… entiéndeme.

-Yo lo intento, pero eres tú la que no te pones en mi lugar. -¿Tú sabes lo que sentí cuando creí que no volvería a verte? –preguntó mirándola con dolor. –Supongo que no te lo dijeron, pero intenté quitarme la vida.

-¿Qué tú hiciste el qué? –preguntó escandalizada. – ¿Por qué intentaste hacer una cosa así?

-Porque creí que no volvería a verte, y no podía seguir viviendo si no era a tu lado. –contestó con los ojos vidriosos.

Ella empezó a llorar y se abalanzó sobre Cristian para abrazarle con la niña en brazos, él las abrazó muy fuerte. Melinda alzó la mirada y sus ojos se encontraron. –mi amor, no pienses eso nunca. No soportaría perderte…
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