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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 18 de abril de 2010

Renacer capitulo 37

37º- Confesiones

-Sé que no debí pensar cosas así, pero la situación me superó. No quiero que te pase nada malo. Sé que se merece una segunda oportunidad, pero no quiero que te involucres demasiado y puedas resultar herida. –contestó él.

-Solo quiero que los del jurado sepan que al final hizo lo correcto. –dijo algo más tranquila.

-De acuerdo. Lamento mi reacción, supongo que desde el secuestro estoy algo más susceptible.

-Lo cierto es que yo también. Pero debemos seguir adelante y olvidar todo aquello. Walter es agua pasada.

-Claro. Pero cambiando de tema. –dijo. – Hay que llevar a Kira a casa. Debe hacer reposo.

-Tranquilo. Y cuando la lleve, iré a casa, que la niña está medio dormida. –dijo mirándola de reojo como se estaba adormilando.

-Os veré por la tarde, mis princesas. –dijo despidiéndose de ella.

Melinda salió y le dijo lo del reposo, se montaron en el coche y cuando llegaron, Kira se despidió amablemente de ella. Melinda fue a casa para acostar a la niña, que estaba dormidita en su sillita.

Llegó y acostó a la niña, que a pesar de sacarla del coche no se despertó lo más mínimo. Ella aprovechó para hacer una limpieza general, recoger la casa, hacer la comida y luego se relajó un poco viendo una película.

No dejó de darle vueltas en todo el día a lo que había discutido con Cristian. Que se había intentado quitar la vida. Eso la hizo pensar mucho, en realidad no había dicho exactamente lo que había intentado hacer. Cogió el móvil y llamó a Delia, sabía que estaría en casa con el niño.

-Hola nena. ¿Qué tal estás?

-Bien, he llevado a Kira a una revisión y todo está bien. –dijo.

-Pues me alegro. Esa pobre chica no tiene la culpa de haber tenido un monstruo como padre.

-Oye nena, yo… Verás, en el hospital hemos discutido un poco y bueno aunque ya está todo bien, necesito que me digas algo.

-¡Qué misterio! ¿De qué quieres hablar?

-Me dijo que cuando estuve secuestrada, estuvo muy mal y pensó en quitarse la vida. Necesito que me cuentes lo que hizo. –pidió con voz suplicante.

-Bueno… estuvo fatal. Casi no comía, solo miraba tu foto y todo el día tenía el móvil encima. El día que tenía que llamar Walter y no lo hizo se cogió una borrachera monumental.

-¿Él borracho?

-Como te lo cuento. Entre Darío y Kirian le metieron en la bañera para que se despejara, y acabaron los tres empapados. Y bueno, estuvo histérico, hasta rompiendo cosas. Ese jarrón azul del comedor.

-Ya decía yo que no veía el jarrón, pero me dijo Cristian que se había caído al suelo y se rompió.

-Supongo que te dijo eso para no preguntaras. Y lo peor fue cuando quiso cortarse las venas. –contó algo retraída.

-No me lo puedo creer… Yo lo pasé muy mal pero no sabía todo eso.

-No tenía que habértelo contado.

-Claro que sí. Si no te hubiera obligado.

-Creíamos que le daría algo si no te recuperaba. La verdad es que lo pasó muy mal. –contestó.

Pero la niña empezó a llorar y tuvo que colgar para calmarla el llanto, se dio cuenta de que estaba muy caliente. Le puso el termómetro y tenía 38 de fiebre, eso la asustó mucho así que llamó corriendo a Cristian.

-Mi amor, la niña tiene mucha fiebre. ¿Qué hago?

-Estoy llegando, ponle compresas de agua fría en la frente. No tardo. –dijo antes de colgar.

Ella obedeció y puso a la niña en la cunita con una compresa fría para ver si le bajaba la fiebre hasta que llegara Cristian. Al cabo de unos minutos, entró en casa y fue como loco hacia la habitación. – ¿Cómo está?

-Esto de las compresas no funciona, ¿Qué hacemos? –Melinda estaba poniéndose histérica por momentos.

-Tranquila. Vamos a seguir con las compresas frías, y si no la pondré una inyección para bajar la fiebre.

Pero la niña no paraba de llorar, la fiebre no remitía y si seguía subiendo podría ser muy peligroso. -¿Entonces hay que ponerle la inyección?

-Podemos probar otra cosa antes. –dijo él muy pensativo. –En lugar de compresas, podemos meterla en agua fría directamente. Cógela en brazos y métete con ella en la bañera.

Melinda solo asintió, estaba muy preocupada por su hija y haría lo que fuera por ella, hasta vender su alma al diablo si hiciera falta. Ella se metió en la bañera con toda la ropa y se sentó con la niña entre sus brazos, el agua empezó a subir y Melinda empezaba a tener escalofríos pero nada le importaba en ese momento. Nada salvo que Evelyn se recuperase.

Pasados unos minutos en el agua, Cristian revisó a la niña. –Está bajando la fiebre, vamos a sacarla antes de que baje demasiado su temperatura. –dijo mientras la envolvía en una toalla.

Después de dejar a la niña en la cuna, ayudó a Melinda a quitarse la ropa húmeda y que se cambiara de ropa. –Tienes que cambiarte antes de que tú también te pongas enferma.

-¿La niña está mejor?

-Sí, parece que ya va bajando la temperatura. En un rato se la volvemos a tomar. Menudo susto… -suspiró.

Pero Melinda se había asustado mucho, no se separó de la niña en toda la noche, durmió con ella entre sus brazos. Cristian velaba por el sueño de sus dos chicas, de sus dos tesoros.
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