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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 19 de abril de 2010

Renacer capitulo 38

38º- Buenos cambios

Llegó el día del juicio, Melinda fue con Darío y Samanta, no quería ir sola y alguien tenía que cuidar a la niña, ya que, Cristian tenía turno en el hospital. Darío y Samanta esperaron en los pasillos a que terminara, mientras jugaban con la niña.

-La verdad es que mi sobrinita es una preciosidad, tengo que comprarle muchas cositas. –dijo ella con una gran sonrisa.

-Ojala, nosotros también tengamos un bebé. Me apetece mucho ser padre. –contestó él mirándola.

-Bueno, lo podemos intentar, seguro que nos divertimos mucho. –respondió con una sonrisa pícara.

Mientras hablaban y jugaban con Evelyn, por fin vieron salir a Melinda. – ¿Y bien? ¿Cómo ha ido? –preguntó Darío.

-Pues no sé, yo he contado la verdad, y espero que al menos no sea una condena muy larga. En unos días será la sentencia.

-Entonces ya saldremos de dudas. ¿Kira como lo lleva? –preguntó Samanta dándole a Evelyn para que la cogiera.

-No ha parado de llorar durante las declaraciones de los testigos, pero yo estaría igual en su lugar. Al menos el embarazo va bien.

Se marcharon a casa, además la niña estaba algo cansada por tanto ir y venir de un lado a otro. Melinda tenía la mente muy ocupada, entre la niña, la casa, los preparativos de la boda y su operación.

Cristian había cambiado bastante su actitud con respecto a Javier. Se había puesto en su lugar, y si no pudiera estar al lado de Melinda también haría cualquier cosa porque alguien la ayudara para que no estuviera sola.


La sentencia para Javier fue bastante más alentadora de lo que se habían esperado todos. Le condenaron a 2 años de prisión por varios robos pendientes y por la complicidad en el secuestro de Melinda. Le permitirían visitas y un bis a bis al mes para estar con Kira.

El día de la operación de Melinda, estaba atacada. Había ansiado durante muchísimos meses esa operación, pero como toda operación, también tenía sus riesgos. –Estoy un poco nerviosa, mi amor. –dijo Melinda abrazando a Evelyn.

-Puedes estar tranquila. Todo va a salir bien, conozco al cirujano plástico y es uno de los mejores en su especialidad, así que cálmate. –contestó besándola suavemente.

Se la llevaron mientras los demás se quedaban esperando en la habitación a que Melinda volviera. Cristian intentó distraerse jugando con la niña, pues aunque no lo había querido reconocer delante de su prometida, estaba bastante nervioso por la operación

-Cálmate hijo. Parece mentira que seas médico, ya sabes cómo son las horas de espera. –dijo su padre dándole una palmadita en el hombro.

-Ya, pero aún así estoy nervioso. Vosotros no entendéis hasta qué punto es importante esta operación para Melinda.

-Debemos ser positivos, hijo. –interrumpió su madre. –Ya no debe faltar mucho para que salga.

Efectivamente al cabo de unos minutos, traían a Melinda sedada en la camilla. Cristian se acercó a ella para cogerla de la mano. – ¿Cómo ha ido la operación?

Todo ha salido bien, en un rato despertará. Debe reposar mucho y en una semana le quitaré los puntos. –comentó el cirujano.

El médico se marchó, mientras ellos estaban más relajados por la buena noticia. Solo faltaba que Melinda despertara. Una media hora más tarde, empezó a abrir los ojos lentamente. Lo primero que vio fue la cara de Cristian y la de su hija, ambos estaban a su lado, esbozando una sonrisa.

-Hola… -susurró.

-Hola mi niña. ¿Cómo te encuentras? –preguntó su prometido.

-Un poco mareada.

-Es normal, eso se debe a la anestesia. –dijo Dennis. –En un rato te encontrarás mucho mejor.

Estuvieron toda la tarde todos juntos. Esa noche, Cristian se quedaría a dormir allí, pero la niña se quedó con los abuelos, que deseaban tenerla un rato con ellos. Así ellos estarían más tranquilos.

Tras unos días, le quitaron los puntos y le dieron el alta. Melinda estaba hasta el moño de tanto hospital, deseaba tener algo de calma, relajarse en su casa, y sobre todo comer comida en condiciones.

Kira se llevaba cada vez mejor con ellas, las chicas la habían acogido muy bien, y los chicos también reconocían lo buena chica que era. Incluso en una ocasión, fue Cristian a llevarla a la cárcel para que viera a Javier.

Los preparativos de la boda ya estaban, tan solo faltaban unos arreglos en el vestido de Melinda, pues como había estado convaleciente con la operación de pecho, no habían podido hacer los arreglos oportunos.

Las damas de honor irían vestidas de un tono lavanda, con vestidos por la rodilla y escote de pico. Para Evelyn un vestidito en el mismo tono y una chaquetita a juego, y Marcos iría con un pantaloncito azul y una camisa blanca. Los chicos irían con traje oscuro, la camisa en tono azul, y la corbata negra y azul.

Tenían todo listo, y no faltaba demasiado, se habían dado mucha prisa en organizarlo, querían casarse lo antes posible. Pero la Luna de miel era una sorpresa, un regalo de los padres de Cristian, que no sabrían hasta el convite.

Samanta y Darío llevaban unas semanas algo perdidos, estaban todo el día encerrados en casa, pues a él le había entrado mucha prisa por ser padre y se pasaba todo el día con Samanta. Al menos todo el tiempo que sus trabajos les permitían.

Un fin de semana habían quedado todos para salir, dejaron a Evelyn y a Marcos con Dennis y Annette, pues no les veía bien tanto jaleo. Ellas se fueron al servicio a mitad de la cena, querían ir juntas, no se separaban nunca, mientras ellos se quedaron hablando.

-¿Y bueno, tú qué? –preguntó Kirian.

-¿Yo qué de que?

-Que como sigas así vas a dejar seca a Samanta. –contestó divertido.

-Oye, que es mi hermana. –protestó Cristian.

-Perdona tío, pero es que se pasan todo el día dándole que te pego…

Darío se había puesto rojo como un tomate ante el comentario. Menos mal que llegaron las chicas y tuvieron que dejar el tema, aunque las risas por parte de Kirian y Pedro no cesaron. Cristian estaba ligeramente molesto. No es que no le gustara Darío, pero imaginarse a su hermana haciendo todo el día esa clase de cosas, le parecía demasiado.

Ellas sabían que se traían alguna bromita de chicos que no habían escuchado. Pero sabían que no se lo dirían por mucho que insistieran. Aún así fue una noche muy divertida, les hacía falta pasar un rato todos juntos sin preocupaciones.
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