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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 19 de abril de 2010

Renacer capitulo 39

39º- Día especial

Pasado un poco el tiempo, Samanta y Darío anunciaron que tendrían un bebé, y todos se alegraron tremendamente por ellos, por la buena noticia. Pero Melinda tenía en mente su boda, y a su prometido le ocurría lo mismo, ansiaban que llegara el gran día. Parecía que no iba a llegar nunca, pero al fin llegó.

Esa noche Cristian durmió en casa de Kirian, con Darío y Pedro. En casa de Melinda dormirían las chicas con ellas y los niños. Pues querían seguir la tradición de no verse la noche antes de la boda.

Por la mañana estuvieron preparándose todos, las chicas ayudaron a Melinda con el traje y el maquillaje. Con la operación la habían dejado muy bien, y habían conseguido disimular muchísimo las cicatrices, así que se veía hermosísima y con el vestido de novia más todavía.

La ceremonia fue muy emotiva, Cristian no podía dejar de mirar a su preciosa Melinda, estaba tan hermosa que no encontraba el calificativo adecuado para definir lo hermosa que se veía vestida de novia.

Llegaron al convite, y la comida era deliciosa, aunque Melinda casi no comió nada, tenía tantos nervios acumulados que no le entraba nada. Se dedicó a ver a los invitados y a hacerse fotos con ellos.

Por fin llegó el momento de los regalos. Muchos de los invitados les dieron dinero y alguna vajilla, cristalería y cosas así. Entre los chicos y las chicas les regalaron una consola y un sistema Home cinema impresionante. Lo cierto, es que no se lo esperaban.

Los padres de Cristian les regalarían el viaje de luna de miel, pero no sabían el lugar y estaban mordiéndose las uñas por conocer el destino. –Aquí está nuestro regalo, esperamos que os guste.

-Seguro que sí papá, pero no debisteis regalarnos el viaje. –dijo Cristian.

-Claro que sí. –añadió su madre.

Abrieron el sobre y miraron el contenido. – ¿Un crucero por el mediterráneo? –preguntaron los dos muy sorprendido.

-Sí, un crucero, parará en todas las ciudades más importantes del Mediterráneo para que podáis hacer turismo. –comentó su padre.

-Es demasiado, no podemos aceptarlo. –dijo Melinda intentando devolverles el sobre a sus suegros.

-No digas tonterías. Es nuestro regalo, además no podéis quedaros sin luna de miel. Y queremos daros lo mejor.

Se abrazaron como agradecimiento, no se esperaban semejante regalo. Los cruceros eran muy caros y por lo que ponía, tenía todos los gastos pagados, pero Dennis y Annette insistieron, así que aceptaron gustosos el regalo.

Fue una noche preciosa, mágica, inolvidable, junto a sus seres queridos. Ese día quedaba sellada esa unión entre ellos, ese amor tan puro y especial que les llenaba todo su interior.

Al día siguiente, se pusieron en camino de su especial luna de miel. La niña se quedaría con sus abuelos. Aunque a Melinda le costó bastante despedirse de su niña, nunca había estado separada de su hija más de unas horas y se le hizo algo difícil no tenerla a su lado.

Pero el estar junto a Cristian en un crucero era una experiencia única y que pocas veces repetirían a solas. Las primeras horas en el barco, fueron un poco extrañas, pues tenía el estómago bastante revuelto. Pero pasadas las primeras horas, se había acostumbrado.

Pasaron por toda la costa de España, por Mallorca, Menorca, Sicilia, el sur de Italia, y llegaron a Grecia. Allí estuvieron más días que en los demás lugares, y a Melinda le encantó. Siempre le había gustado el arte griego, y no podía creerse que estuviera allí realmente.

Durante el día, disfrutaban de los lugares más espectaculares de cada ciudad, y por la noche se entregaban en cuerpo y alma el uno al otro. Colmando de un amor incontenible al otro, entregándose sin límites, sin barreras, sin miedos pues ya no tenían nada que temer en la vida.

Pero ese viaje tan estupendo llegó a su fin, era algo triste que terminara, pero la verdad era que Melinda estaba extrañando mucho a su pequeña, y necesitaba tenerla entre sus brazos. Bajaron del avión y quedaron en que Dennis y Annette irían a buscarlos con la niña.

-Me dijo mi padre que estarían esperándonos con la niña. –dijo Cristian.

-Tengo muchísimas ganas de verla. Estos días sin ella me ha costado mucho. –reconoció apenada.

-¿Es que estos días conmigo han sido malos? ¡Qué poco me quieres…! -dijo haciendo un puchero.

-No digas eso mi amor. Sabes que el crucero ha sido maravilloso, pero echo mucho de menos a nuestra hija.

-Yo también, pero nos vinieron bien unos días para nosotros solos, que en los últimos meses nos pasaron demasiadas cosas.

-Lo sé.

Caminaron por el pasillo y al fondo ya los vieron con la niña en brazos. Melinda estaba tan impaciente, que echó a correr por todo el pasillo hasta llegar a sus suegros y cogió a su hija en brazos.

-Mami… -dijo la niña.

-Te extrañé mucho, tesoro. –contestó abrazándola fuerte.

Cristian llegó en seguida, no había podido alcanzar a Melinda ya que él cargaba con las maletas. Dejó las maletas en el suelo y cogió a la niña, mientras Melinda saludó a sus suegros. – ¿Cómo está mi princesita?

-Papi, papi. –dijo canturreando.

Al fin se habían reunido los tres, se habían extrañado mutuamente. Esa noche, Melinda insistió en dormir con la niña en la cama. La había echado tanto de menos que quería tenerla entre sus brazos. A Cristian no le importó porque también había añorado mucho a su hija.

Volvían a la rutina, a sus trabajos, a sus vidas, con su hija, su familia y sus amigos. Estaban felices por lo mucho que les había dado la vida, habían aprendido en todo ese tiempo a ver la vida con una sonrisa, y a sacar el lado bueno de todo. Porque aunque en las circunstancias más adversas, siempre hay algo bueno a lo que aferrarse para poder superar cualquier cosa.

8 meses más tarde, estaban asistiendo al parto de Samanta, que dio a luz a una niña preciosa. La llamaron Aileen. A todos les pilló por sorpresa ese nombre, nunca lo habían oído.

-¡Qué nombre tan raro! –dijo Kirian.

-Estuvimos varias tardes mirando páginas Web de nombres. Nos miramos nombres desde la A al a Z, y menudo jaleo de nombres. Y es que ese nos gustó mucho. –contestó Darío.

Era una niña muy sana, bastante grande y una glotona, aunque por las noches solía llorar bastante reclamando atención. Quería que todo el tiempo su padre o su madre la tuvieran cogida en brazos arrullándola, sino se ponía a llorar para quejarse.
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