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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 20 de abril de 2010

Renacer epilogo

Epílogo

Diecisiete años después…

Evelyn era una mujercita echa y derecha, que se ocupaba de sus hermanos. Eric, Luna y Lizbeth. Luna y Lizbeth eran gemelas idénticas de 10 años, costaba distinguirlas físicamente, pero eran muy distintas en el carácter. Habían salido con los mismos ojos tan peculiares de Melinda.

Eric era el pequeño de la casa y el único chico a parte de Cristian. Al tener 5 añitos era el mimado y consentido de los hijos. Era bastante obstinado y muy revoltoso, no se estaba quieto para nada. Pero sabía que en unos meses ya no sería el pequeño de la casa, pues Melinda estaba embarazada de 5 meses.

-Cariño, ayuda a tus hermanos a prepararse, ya sabes que hoy comemos en casa de los abuelos. –dijo Cristian desde el pasillo.

-Papá, pero yo he quedado. –se quejó.

-¿Quedado? ¿Y con quién has quedado? -preguntó impaciente.

-Pues con Marcos.

-¿Y no puedes quedar otro día? Sabías desde hace una semana que hoy comíamos en casa de los abuelos. –la regañó.

-Pero hoy es nuestro aniversario, hacemos un año.

-No me lo recuerdes… que todavía me hierve la sangre al recordar ese día. –dijo con la mirada encendida.

Ese día hacía un año, ni Cristian ni Melinda sabían que Evelyn y Marcos se gustaban. Estaban en casa de Evelyn viendo una película y una cosa les llevó a la otra, dejándose llevar por la pasión, acabaron juntos en la cama de sus padres. Con tan mala suerte que llegaron antes de tiempo pillándolos in franganti. Desde ese día salieron juntos, pero Cristian al principio no lo aceptó, le había molestado tremendamente ver a su hija en su propia cama.

Melinda intentó calmar el ambiente, sabía como era Cristian con su “princesita”, la seguía llamando así a pesar de tener 17 años. –Vamos, mi amor. No te pongas así. Lo que podemos hacer es que se venga con nosotros. Y después de comer que se vayan por ahí a celebrarlo. –comentó Melinda.

-¿Qué? –dijo algo sorprendido.

Pero antes de que se pusiera más nervioso, Melinda le calló con un beso muy intenso. Sabía que su marido jamás se había podido resistir a algo que ella le pidiera, y aprovechó ese punto débil de Cristian. –Eres una tramposa, siempre lo has sido. –se quejó sin poder parar de besarla. –Sabes que contigo pierdo la voluntad…

-Oh… vamos que no estáis solos. –se quejó Evelyn mirando a otro lado.

-¿Qué pasa, mi niña? –preguntó Melinda. – ¿Creías que tus padres ya no se daban muestras de cariño? – su cara era de plena felicidad.

Pero antes de que contestara, Lizbeth y Luna se pusieron a reír y a canturrear al haber visto las muestras de cariño de sus padres. –Mamá y papá se dan besitos, y están muy juntitos, haciendo más hijitos… jiji. –se reían sin parar.

Melinda se sonrojó ligeramente, no es que la hubiera importado nunca darse un beso delante de nadie, pero no delante de sus hijos. Cristian se fue directo a hacerlas cosquillas. –Soy el monstruo de las cosquillas, y quiero besos o si no os comeré a cosquillas en la tripa. –dijo Cristian poniendo una voz grave.

-Papi, papi, que tenemos cosquillas. Te damos besitos. –contestó Lizbeth riéndose a carcajadas.

Tanto se estaban divirtiendo que no advirtieron que Melinda se estaba sujetando la barriguita y tenía una expresión de dolor en la cara. Al verla, Cristian corrió hacia ella muy preocupado. – ¿Estás bien, mi niña?

-Sí, es que me parece que el niño nos va a salir futbolista, ¡menudas patadas pega! –contestó algo más repuesta.

Su marido se puso de rodillas, a la altura de la tripita y dio un beso muy suave. –Campeón, no des esas patadas que haces pupa a mamá. –susurró con dulzura y besó la barriguita.

-Bueno… yo mientras se os pasa este rato de ñoñerías voy a llamar a Marcos para decirle que se venga a casa de los abuelos. –interrumpió Evelyn.

Se aparto un poco y se lo estuvo contando. Él se había quedado algo cortado, pues aunque todos se conocían desde pequeños, en esa ocasión iría de novio oficial y le dio algo de miedo pero finalmente aceptó.

-Dice que ya viene, en cinco minutos está aquí. –comentó a sus padres.

-Pues vamos bajando, que hasta que acomodemos a los niños y todo vamos a tardar esos cinco minutos. –respondió su padre.

Bajaron con calma, pues Melinda con la barriguita debía ir despacio. Hacía varios años que se habían comprado un monovolumen para poder entrar todos en el coche. Como Melinda sabía lo mucho que quería su marido al BMW, vendió su Honda Cívic y así se quedaron con el monovolumen y el BMW.

Estuvieron colocando a Eric en su sillita, a las gemelas, Melinda se montó en el asiento del copiloto con ayuda de Cristian y Evelyn esperaba fuera con su padre a que llegara Marcos. Le vieron llegar enseguida.

-Hola. –dijo tímidamente Marcos.

-Ya estamos todos colocados para irnos. –respondió Cristian un poco seco.

-Papá, no seas borde. –se quejó Evelyn.

-Perdona, tienes razón. Pero vámonos ya, que luego tu abuela se impacienta. –añadió algo más calmado.

Fueron directos a casa de los padres de Cristian. Cuando llegaron estaban en la puerta esperándolos. Ella se lanzó a por Eric, para cogerlo en brazos. – ¿Cómo está mi principito? –preguntó dándole innumerables besos.

-Yo bien, yaya. A mamá le da patadas el hermanito. –dijo señalando a su madre.

-¿Ah si?

-Sí, ha estado algo inquieto todo el día. –contestó ella acariciando su barriguita.

-Bueno pasamos a comer y así te relajas un poco. Además de postre hay pasteles de chocolate. –dijo su suegra con una amplia sonrisa.

-Um… ¡qué ganas tengo de probarlos!

Cristian sonrió, su esposa siempre había tenido predilección por el chocolate, y con los años no había perdido ese vicio. Aún la quería como el primer día, aunque lo cierto, es que cada día se enamoraba más de ella.

Todos los amigos, habían estado juntos a lo largo de su vida. Quedando siempre que podían, compartiendo buenos momentos, apoyándose en los malos. Sus hijos habían crecido juntos.

Samanta y Darío, a parte de Aileen, tuvieron un niño, al que llamaron Dylan. Chinchaba mucho a su hermana, pues cuando ella no quería jugar con él, se ponía a molestarla.

Delia y Kirian, además de Marcos, tuvieron dos gemelos, llamados Azariel y Dimitri. Eran muy tranquilos, y demasiado serios, además no eran para nada cariñosos. Tan solo con Lizbeth y Luna. Seguramente de más mayores tendrían algún que otro lío amoroso entre ellos. Cosa que Cristian estaba temiendo, pues ya había tenido bastante cuando pilló a Evelyn con Marcos.

Adriana y Pedro tuvieron un niño, le llamaron David, en honor al padre de Pedro. Había fallecido de un ataque al corazón, mientras Adriana estaba embarazada. Pero tuvo complicaciones en el parto y ya no pudieron tener más hijos después de David.

La vida les había tratado bastante bien a todos ellos. Los años habían pasado, y habían superado las dificultades que habían ido surgiendo, superando juntos las adversidades. Cristian siempre había amado a Melinda con toda su alma. Y cada día daba las gracias por haberle podido curar el cáncer, pues había sido como el renacer de Melinda, para así vivir una larga y feliz vida a su lado.

Así se amaron con toda su alma, entregándose cada día en cuerpo y alma como si fuera el último día para disfrutar al máximo de la vida. Amándose sinceramente, disfrutando de su familia y sus amigos hasta el fin de sus días.

FIN
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3 rosas :

Cris dijo...

Muy bonita, me ha gustado mucho!!

Jair dijo...

Hola, veo que te gusta leer. Pásame tu dirección de correo y nos contactamos. Saludos.

Lulai dijo...

Yujuuuuuuu!!!!!!!! Otra historia que termino.... Esta me a encantado... Pobres todo lo que tuvieron que pasar para estar juntos Mel y Cristian... pero finalmente el amor lo supera todo...
Ok... Besos... Sigo leyendo...jeje

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