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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 1 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 19

19º- Dolorosa despedida

-¿Podemos verlos? –preguntó Melinda rompiendo el silencio tan sepulcral que se había formado.

-Si, aunque no demasiado rato. Darío está en la UCI, y solo podrá entrar uno a despedirse. –contestó.

-Entraré yo. –dijo Melinda con decisión.

Entonces notó la mirada fulminante de Cristian en su nuca. Sabía que no estaba de acuerdo con ese tema, pero ella creía que era lo correcto. Debía despedirse de él, dado que ya no volvería a seguir con vida, y lo más seguro es que a Samanta le hiciera ilusión.

-Nosotros entraremos a ver a mi hermana. ¿Verdad? –dijo Cristian con la voz muy seca mirando seriamente a su novia.

Kirian se había dado cuenta de lo que pasaba, se acercó a su hermano susurrándole al oído. –Hermanito, vale ya. No es el momento, además a mi me parece bien que alguien se despida del pobre chaval.

-No me vengas con esas… -respondió.

Ellos entraron a la habitación se Samanta, y Melinda se fue a la UCI, estaba temerosa, no sabía cómo se encontraría a Darío, le aterraba saber que moriría. Necesitaba despedirse y hablar con él.

Entró y Darío estaba rodeado de tubos y máquinas. Tenía muchas magulladuras por todo el cuerpo y varios vendajes. Sintió un escalofrío al verle, pero se acercó hasta él y rozó su mano.

Él al sentir a Melinda abrió los ojos lentamente, intentó hablar pero le resultaba imposible de lo delicado que estaba. –Shh… no hables. –dijo Melinda con voz apaciguada.

Lo único que hacía Darío era mirar a Melinda con los ojos llorosos, hasta que por fin consiguió hablar. –Yo… quiero pedirte perdón… -dijo casi sin aliento.

-No tienes que pedir perdón por nada. Eso es agua pasada. Ahora tienes que descansar. –contestó con amabilidad.

-Sé que me muero… -dijo mientras Melinda comenzaba a llorar. – Quiero decirte que siempre me preocupé por ti… aunque… -le costaba hablar – aunque no te traté bien, intenté… intenté saber si te encontrabas bien.

-No era necesario.

-Sí lo era. –contestó con lágrimas cayendo por sus ojos. –pero… necesito pedirte que… cuides a Samanta.

-Claro que sí. Eso no lo dudes. Nunca estará sola.- juró ella.

-Y cuida al bebé. –susurró.

¿Bebé? ¿Está embarazada? –preguntó incrédula.

-De… dos semanas… cuida a los dos. Y… dile que la quiero… -dijo con un hilo de voz antes de cerrar los ojos.

Entonces empezó a sonar un pitido de una de las máquinas. Melinda se alarmó y salió al pasillo. –Socorro, ¡qué venga alguien! –gritó llorando desesperadamente, deseando que alguien pudiera socorrer a Darío.

Curiosamente, Cristian estaba en el pasillo, al verla se acercó nervioso. – ¿Qué es lo que pasa?

-¿Qué más te da? –su tono era despectivo. Se puso a buscar a alguien para que la ayudara. Hasta que vio a un médico y le dirigió a la UCI. –Necesita ayuda, está sonando una máquina.

Entró y le revisó. Aunque le intentaron reanimar, pero no pudo hacer nada por él. Salió algo apesadumbrado a darle la noticia a Melinda. –Lo lamento mucho, pero con lo grave que estaba no hemos podido hacer nada. Lo siento.

-Gracias, doctor. –contestó con desgana.

Cristian se acercó a ella muy despacio, que se había quedado callada. – ¿Estás bien, preciosa?

-¿Ahora te preocupas por mí? Si antes ni me mirabas…

-Lo siento, es que estaba agobiado y nervioso por lo de mi hermana. No quería portarme así contigo. –contestó.

-Bueno pues a ver ahora que hacemos. Y hay que decírselo a tu hermana. –dijo muy preocupada. –Lo que no sé es como decírselo, porque con el embarazo…

-¿Embarazo?

-Sí. Darío me ha dicho que está de dos semanas. Que cuide de ella y del bebé, y lo voy a cumplir sea como sea. –dijo muy segura de sí misma.

-Será madre soltera… aunque lo mismo no quiere tenerlo…

-No digas eso, claro que querrá. Ese bebé será lo que le quede de Darío, lo más cercano a estar con él. Y estoy convencida de que querrá tenerlo. –contestó.

Cristian estaba muy preocupado por su hermana, pero también por lo ocurrido con Melinda. Estaba agobiado pensando si le perdonaría por su actitud o no. A fin de cuentas el pobre Darío había muerto sin poder despedirse de su hermana. Si él estuviera a las puertas de la muerte, al menos querría haber visto a Melinda por última vez.

-Mel… siento lo de antes. Entiendo porqué querías entrar a despedirte de Darío. Perdóname por mi actitud. –pidió intentando abrazarla.

-Bueno, comprendo que estuvieras algo reticente a que entrara a despedirme. Pero ¿cómo es que estabas aquí y no con tu hermana? –preguntó con curiosidad.

-Pues… venía a pedirte perdón por mi comportamiento, pero me daba palo entrar a la habitación. Así que supuse que saldrías y podría hablar contigo. –dijo.

Ella le sonrió con los ojos aún llorosos. –Abrázame, está siendo un día muy largo. –contestó apretándose contra él.

-Vamos a entrar para que veas a mi hermana, ha preguntado por ti. Y por Darío, y no hemos sabido qué decirle. –dijo algo apenado.

Entraron en la habitación, todos estaban al lado de Adriana. Estaba consciente pero con tantos medicamentos y calmantes estaba bastante ausente, y no se enteraba demasiado de lo que ocurría a su alrededor.

Melinda se acercó a ella y la abrazó con mucha delicadeza y ternura para no dañarla. –Hola… -susurró. – ¿Cómo estás?

-Me duele todo. –contestó. Entonces se acercó al oído de Melinda para susurrar y que nadie la oyera. -¿El bebé está bien?

-Sí, creo que sí. Solo lo sabe Cristian. –respondió.

Mientras ella hablaba con Samanta. Cristian se acercó a los demás para comunicarles la muerte de Darío. Estaban indecisos, tarde o temprano tendrían que decírselo a Samanta y temían su posible reacción.

-Madre mía… ¿Cómo se lo diremos? –preguntó Kirian.

-Pero es que eso no es todo. –interrumpió Cristian en voz baja. –Está embarazada, así que hay que tener más cuidado al decírselo.

-¿Embarazada? –preguntó Annette atónita.
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