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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 2 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 20

20º- La sombra del dolor

-Shh… más bajito que nos va a oír. –dijo Cristian.

-Bueno, ahora no es momento de sorprenderse. Tenemos que apoyarla y ayudarla a que se recupere. –contestó Dennis. –Y lo de Darío… bueno intentaremos decírselo lo más tarde posible.

Pasadas unas horas, Samanta estaba algo más despejada. Sentía que la pasaba algo en su cuerpo, pero eso la preocupaba poco, necesitaba saber cómo se encontraba Darío pues hasta ese momento solo le habían dado largas cambiando de tema.

Samanta intuía que algo no iba bien si ni siquiera le habían nombrado a Darío. Los chicos no lo sabían o eso pensaba ella, pero las chicas sí, y le resultaba extraño que ninguna le hubiera dado noticias de su novio.

Intentó hacer que se lo dijeran, así que se le ocurrió algo para intentar sacarles algo sobre el estado de salud de Darío. –Oye Mel. –susurró. -¿Seguís enfadados Cristian y tú?

-¿Cómo sabes que estábamos enfadados?

-Porque os conozco y porque hasta que no ha ido a buscarte no has entrado a verme. No soy tonta. –dijo.

-Ya bueno… pero está todo solucionado.

-Ojala yo pudiera decir lo mismo. Pero ya que Darío a muerto jamás podré decirle lo mucho que le quería. –contestó apenada pero muy segura.

-Lo sé, lo siento de veras. –respondió Melinda. Al darse cuenta de lo que acababa de decir se tapó la boca con las manos y abrió los ojos como platos.

Todos se quedaron boquiabiertos, no se esperaban una encerrona así por parte de Samanta. A Melinda se le había escapado pero no había sido con malicia, sino más bien una respuesta automática.

-Entonces… ¿es cierto que está muerto?

-Lo siento mucho, no pretendía decírtelo así. –se disculpó Melinda con los ojos llenos de lágrimas.

-Tranquila. Además me imaginaba que pasaba algo, si esquivabais tanto el tema. –respondió muy calmada.

-¿Estás bien, hermanita? –preguntó Cristian.

-Sí, creo que sí. –contestó mientras un par de lágrimas caían por sus mejillas.

Ella quería saber los últimos minutos de Darío, así que Melinda le contó que había entrado. Estuvo explicando lo que había hablado con Darío. Mientras se lo contaba lloraba pero una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. –Me quería de verdad… -susurró.

-Sí, y mucho. –dijo Melinda abrazando a su medio cuñada. –Me pidió que os cuidara. Y lo cumpliré.

-No es necesario.

-Claro que si, hermanita. –interrumpió Kirian. –Te trataremos como una reina, y a ese sobrinito o sobrinita también.

-Gracias de verdad.

Después de hacerle más pruebas, comprobaron, que la médula sí tenía daños, pero no demasiado, con lo que estaban convencidos de que caminaría, aunque necesitaría bastante rehabilitación.

Tuvo que estar ingresada un par de semanas, pero luego iba a la rehabilitación sin tener que estar ingresada. Las primeras sesiones fueron muy duras, le costaba mucho ponerse en pie y sujetar su propio peso.

Poco a poco empezó a mejorar, el problema era que su embarazo avanzaba y cada vez crecía más su barriguita, lo que dificultaba su recuperación. Pero ella quería poner todo su empeño, quería conseguirlo en honor a Darío.

Todos veían el ímpetu y las ganas que le ponía Samanta a su recuperación y al embarazo. Pocas veces la habían visto llorar por Darío, realmente creían que se lo había tomado muy bien, pero la realidad era otra.

Cada día le costaba mil horrores levantarse de la cama, no tenía ganas de continuar sola, llevando un bebé en sus entrañas. Ya sabía que ser madre no era fácil, peor encima no tener a Darío para que la ayudara era peor todavía.

Melinda que ya conocía muy bien a Samanta, sabía lo que estaba pensando. Pero no quería agobiarla con el tema, pues si hablaba sobre ello tal vez la agobiaría más. No obstante, llevaba semanas ausente, intentando pensar en algo para poder animarla y que se desahogara.

Cristian y Kirian se habían ido a vivir con las chicas, estaban algo apretados los seis, pero con todo lo que había pasado Adriana, las hermanas no podrían separarse al menos por un tiempo. Les aterraba la idea de estar sin las otras dos.

Una noche, Melinda estaba leyendo en la cama, y al poco rato Cristian se acostó. Mientras ella leía, su novio empezó a besarla por el cuello, metió la mano por debajo del pijama para acariciar su espalda.

-¿Por qué no dejas de leer? Tengo en mente algo mucho más entretenido para que hagamos juntos… -contestó mientras se arrimaba a ella.

-Ya sé lo que tienes en mente. –respondió algo seca. Todavía no había dejado de darle vueltas al tema de Samanta. –pero esta noche no.

-¿No? Hace un par de noches que me rechazas… ¿Te ocurre algo? –preguntó algo apenado.

-Es por tu hermana.

-¿La pasa algo? –preguntó con preocupación.

-Pues claro que la pasa algo. La pasa que se ha quedado sin novio y va a ser madre soltera. Aunque se haga la fuerte, sé que lo está pasando mal. –contestó.

-Pero ella no ha dicho nada. Yo la veo bien.

-No ha dicho nada porque cree que nos está molestando. Pero la conozco. Además yo si me pongo en su lugar… me volvería loca si no pudiera estar a tu lado. Aunque lo del bebé… ciertamente no me importaría…

-¿Bebé? Pero… es que tú…

-Mi amor… podremos tenerlos un poco más adelante, cuando no parezcamos “la familia Brady”, todos juntos en casa… -respondió un poco más relajada.

-Por la mañana temprano, Melinda sintió la vibración de su móvil que estaba en la mesilla. Miró la pantalla y era Samanta. –Dime, ¿ocurre algo?

-Es que… -dijo entre sollozos. –estoy mal. Necesito hablar con alguien o voy a volverme loca.

-Cuéntamelo. Pero no llores, por favor.

-Es que cada día para mí es una tortura, estar sola y embarazada es muy difícil. –respondió.

-Ya me imagino. Pero debes ser fuerte.

-Gracias, de verdad. Pero… ¿Podríamos vernos esta tarde?

-Claro que sí, nena. Voy a buscarte y nos tomamos un café. Pero no me llores ¿Eh? –dijo intentando animarla.

-Lo sé, aunque te pido por favor que no les digas nada a mis hermanos, no quiero que se preocupen más.

-Tranquila, tu secreto está a salvo conmigo. Un beso. –dijo antes de colgar.
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