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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 4 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 25

25º- Sorprendido

Melinda se sentía muy amada por tantas atenciones por parte de Cristian, comprendía su reacción, aunque había sido desmesurada. El detalle de la cala cada día la emocionaba.

Y aunque Cristian se moría por conocer la sorpresa que le esperaba, sabía que debía tener paciencia. Pero siempre que podía intentaba cotillear a Melinda, no porque desconfiara, sino para intentar enterarse de su sorpresa.

Pasados unos días ya no quedaba demasiado para el cumpleaños de Cristian, y una tarde, estaba cotilleando por la casa, intentando encontrar su regalo o algo que le desvelara la esperada sorpresa.

Después de revolver varios cajones y armarios, por fin encontró un paquete envuelto bajo un montón de ropa. No pudo resistirse a cogerlo. Era rectangular, o sea que era una caja que contenía el regalo y no parecía demasiado grande.

Estaba debatiéndose entre abrirlo o no abrirlo, sentía muchísima curiosidad por saber lo que era su regalo, aunque también sabía que no tenía que ser impaciente. Pero no pudo resistirse, rompió el papel de regalo y vio una caja sin dibujo, ni logo ni nada, tan solo era marrón.

La abrió y dentro encontró un marco de fotos espantoso que estaba boca abajo, era un marco negro de lo más simple que podía haber. Melinda no podía tener tan mal gusto eligiendo un regalo, eso debía tener una explicación.

Levantó el marco que contenía una foto de Melinda, salía sacando la lengua, aunque estaba preciosa. Debajo del marco, vio una nota. La sacó y se puso a leerla. “Mi amor, sabía que no te resistirías a abrir el regalo con la de días que llevas buscándolo. Pero te vas a quedar con las ganas. Te quiero”.

Al leerlo se quedó con la boca abierta, él creía que nadie se había enterado que buscaba el regalo, pero parece ser que sí, y encima Melinda le había tomado el pelo. Pero lo cierto es que, se había reído al verse allí con el regalo desenvuelto y mirando ese espantoso marco.
Pero a pesar de lo feo que era el marco, Melinda salía muy hermosa en la foto, así que aunque el marco era muy simple y feo, lo colocó en su mesilla, así tendría a su preciosa Melinda mirándole tan bella como siempre.

Tiró la caja a la basura, pero guardó la nota, y dejó el marco en la mesilla después de volver a mirarlo. Esperaría a ver la reacción de Melinda, aunque sabía que hasta que no entrara en la habitación no se daría cuenta de nada.

Melinda todas las noches le esperaba en la cama leyendo, y él sabía que vería el marco, pero se hizo el loco. Al entrar en la habitación abrazó a Melinda por la espalda y besó su cuello con ternura.

-Veo que no pudiste aguantarte sin abrir el regalo. –dijo ella con una amplia sonrisa mientras se besaban.

-Si bueno, ya sabes que soy algo impaciente. –respondió acariciando su espalda.

-Pero ¿Por qué lo has puesto en la mesilla? Es espantoso…

-¡Qué va! Es bonito. –mintió sacando la lengua.

-No digas tonterías, es un espanto. Pero era una bromita.

-Lo sé, pero de todas formas, tú sales preciosa en la foto, así que se va a quedar en la mesilla. –contestó volviendo a besarla.

Ambos se besaban de forma intensa, jugando con sus lenguas, y acariciando sus cuerpos, cubiertos por el pijama. Cristian se quitó el pijama quedándose en boxers. Y le quitó los pantalones a Melinda para sentirla más cerca.

Pero Melinda empezó a encontrarse mal, mareada y sentía nauseas, se levantó corriendo de la cama y fue directa al baño. Cristian al ver su reacción corrió al baño a saber lo que la ocurría.

-Preciosa, ¿Qué te ocurre? –preguntó ayudándola a levantarse.

-No me encuentro demasiado bien… -dijo mientras la cabeza le daba vueltas.

-Espera te llevo a la cama y le digo a mi hermano que te mire. –contestó cogiéndola en brazos y llevándola a la cama.

La depositó con cuidado y fue hasta la habitación de su hermano. Entró con cuidado y llamó muy bajito a su hermano. –Hermanito… -susurró para intentar no despertar a Delia.

-Mm… Delia… ven aquí… -dijo hablando en sueños. –Me gusta tu culito… -volvió a hablar en sueños.

Cristian se quedó con una expresión de extrañeza. Y como vio que estaba demasiado dormido, decidió despertar a Pedro. Así que salió de la habitación y se fue a la de Pedro. Aunque entró con cautela, le sorprendió ver que se estaban besando bastante ligeros de ropa.

-Eh… perdón… -dijo sin mirarles.

-Tío, que no son horas… -se quejó.

-Lo sé, es que Melinda se encuentra mal, ha estado vomitando. He intentado despertar a mi hermano para que la echara un vistazo pero está… demasiado dormido. –contestó él intentando disculparse.

-Vale, espera un momento. –dijo Pedro con tono serio.

Cristian salió y fue a ver a Melinda. Estaba bastante pálida, y según se fijaba… la veía distinta. Como si hubiera engordado, pero hasta ese momento no se había fijado en ese detalle.

Entró Pedro y se puso a revisarla. –Tal vez le ha sentado mal alguna cosa de la cena. Puede que no sea nada. –contestó.

-Yo… -empezó a hablar Melinda. –Sé lo que me pasa…

-¿Ah si? ¿Y qué te ocurre, preciosa? –preguntó Cristian acercándose a ella.

Melinda con la ayuda de Cristian se incorporó un poco para poder hablar mejor. Cogió su mano y le sonrió. –Pues… en realidad no tenías que saberlo hasta el día de tu cumpleaños pero bueno…

-¿El qué no tenía que saber?

Acercó su mano con la de Cristian a su vientre algo abultado. Le miró muy feliz. –Que vas a ser papá en unos meses.

Cristian al oír eso se quedó paralizado, abrió los ojos desmesuradamente y miró el vientre de Melinda. Claro que había engordado un poco, y él ni se había fijado, era esa la razón. –Em… ba…ra…za…da. –dijo como pudo.

-Si, ¿no te alegras? –preguntó ella.

-Dentro de nada va a nacer mi sobrinito o sobrinita… -susurro. – Y… voy a ser padre…- dijo en un suspiro.

-¿Eso es que te hace ilusión? –preguntó Melinda levantando una ceja.

-¡ES FANTÁSTICO! ¡Un bebé, de los dos! ¡ES MARAVILLOSO! ¡TE AMO! –gritó abrazando a Melinda.

-Enhorabuena entonces. –dijo Pedro abrazando a su amigo. Luego se acercó a Melinda y también la abrazó. –Ya decía yo que te notaba algo… -dijo con una sonrisa.
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