Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




jueves, 6 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 29

29º- Vidas en peligro

Los chicos se quedaron jugando a la consola mientras las chicas iban a sus compras. Llevaban un par de horas jugando, estaban muy emocionados por la partida. Pero llamaron al portero y Kirian fue a abrir.

-¿Quién es?

-Hermanito soy yo. Os necesitamos. Hemos tenido un problema. -contestó.

-¿Qué problema? Preguntó intrigado.

-No tengo tiempo para decírtelo ahora, Melinda está herida. Hay que llevarla YA a un hospital. –dijo alzando el tono de voz.

-Bajamos ya. –respondió dirigiéndose al comedor.

Ellos le miraron sorprendidos, pues casi no habían oído que habían llamado a casa. – ¿Quién era?

-Era Samanta, Melinda está herida.

-¿CÓMO? –preguntó Cristian levantándose sobresaltado.

Se alarmaron mucho y bajaron lo más deprisa que pudieron. En el portal estaban Samanta y Delia, les guiaron hasta donde estaba Adriana sujetando a Melinda que se retorcía de dolor y lloraba intensamente.

-MEL. ¿Qué te ocurre? –preguntó Cristian acercándose a ella.

-No hay tiempo, os lo contamos en el coche. Hay que llevársela ya. –interrumpió Adriana.

Cristian la cogió delicadamente en brazos y fueron hasta el coche lo más deprisa que pudieron. La metieron en el box y ellos tuvieron que quedarse en la sala de espera. Todos estaban muy nerviosos pero Cristian estaba al borde de un ataque al corazón.

Habían llamado a su padre que tenía turno en el hospital, y fue a verlos a la sala de espera. –Hijo, ¿Qué ha pasado?

-Un chico nos empujó, creo que huía de la policía. Y Melinda se dio un golpe. –explicó Adriana.

-¿Se sabe algo ya, papá? –su voz sonaba a auténtico pánico y desesperación.

-Aún la están revisando, pero según lo que he contáis y lo que he visto, el embarazo corre peligro. –dijo con preocupación.

-¿El bebé está en peligro? –preguntó con miedo.

-Mucho me temo que sí. Si no tenemos mucho cuidado puede estar en peligro la vida de bebé y la de Melinda también.

El mundo pareció derrumbarse encima de Cristian, no bastaba con todos los problemas que habían tenido encima, ahora ella y el bebé estaban en serio peligro. – ¿Qué se puede hacer?

-Reposo absoluto hasta que finalice el embarazo. –contestó Dennis.

-¿Reposo absoluto? –preguntó Adriana. –A Melinda la va a dar un ataque cuando se entere. Es puro nervio, no puede estarse quieta.

-Pues si no quiere que su vida y la del bebé corran peligro, es necesario que haga el reposo. –explicó Dennis. –Sé que será difícil pero hay que ser pacientes.

-¿Cómo voy a hacerlo? –Preguntó Cristian con angustia. –Yo tengo que trabajar y no la puedo dejar sola.

-Nosotros estamos muy cerca ya lo sabes, podemos turnarnos para estar pendientes. –dijo Delia.

-Tal como está, prefiero que os vengáis a casa. –comentó su padre.

-¿A casa? –preguntó.

-Sí, mira, así no estará sola y yo puedo revisarla todos los días para ver su evolución. Creo que es la mejor solución. –respondió Dennis.

-Está bien. –dijo algo más tranquilo.

Pasado un rato, entraron a ver a Melinda, pero primero pasó Cristian para estar un rato a solas. Ella estaba tumbada en la cama mirando por la ventana, un poco seria. Cristian rozó su mejilla y ella esbozó una pequeñísima sonrisa.

-¿Cómo te encuentras, preciosa? –preguntó con dulzura.

-Dicen que el bebé está en peligro. –contestó mientras sus ojos se pusieron llorosos.

A Cristian le costó Dios y ayuda no ponerse a llorar también. Le aterraba la idea de perder a Melinda o al bebé. –Mi padre ha dicho que con reposo no pasará nada. Nos iremos con ellos hasta que des a luz al bebé. Para que te pueda revisar.

-No quiero ser una molestia. Además me gusta estar en nuestra casa. –se quejó haciendo un puchero.

-No eres una molestia. Y lo de la casa, ya tendremos toda la vida para disfrutarla. –contestó besándola cariñosamente.

-¿Y si pierdo al bebé? –preguntó aterrorizada.

-No digas eso, no lo vas a perder, porque te vamos a cuidar como si fueras una reina. –respondió abrazándola delicadamente.

Los demás pasaron a verla para animarla. Llevaron a la niña para que se animara un poco. Samanta se la dejó para que la cogiera y estuviera distraída, pues tal vez así tuviera más ganas de alegrarse.

Los primeros días fueron los más duros, Melinda se sentía un estorbo, y cuando intentaba hacer algo y veía que no podía, se deprimía porque sabía que podía causar daño a su bebé. Las semanas pasaban y el embarazo de Melinda crecía y crecía como cuando un bizcocho crece por la levadura.

Una noche cuando Cristian se metió en la cama para dormir ella estaba llorando. –Mi vida, por favor, no llores.

-Sé que te estoy molestando, y a tus padres y a los demás, no hago más que ser un estorbo. –dijo tapándose la cara.

-Jamás podrías ser un estorbo. Vosotros dos sois lo más importante para mí. –contestó colocando la mano en la abultadísima barriguita.

Se acercó a la barriguita y la besó con dulzura, comenzando a tararear Claro de Luna. Melinda sonrió al reconocer la canción, empezó a calmarse poco a poco, hasta que se fue adormilando lentamente.

Él al ver que se había dormido, se abrazó a ella para velar por su sueño. Pero hacía días que no descansaba bien, se despertaba cada hora para ver que Melinda estuviera bien. Llevaba días que había dormido tan solo un par de horas, y tras una semana eso hizo mella en él.

Sus padres lo estaban notando y comenzaron a alarmarse, pues no solo tenían que estar pendientes de Melinda y su embarazo, sino que les preocupaba que Cristian enfermara. Pero no podían decírselo a Melinda o se pondría demasiado alterada.

Dennis decidió hablar con su hijo a solas para así comprobar lo que estaba ocurriendo. –Hijo, hace días que te vemos mal, te vas a poner enfermo.

-Es que hace días que casi no duermo.
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