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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




sábado, 8 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 32

32º- Difícil decisión

-¿Qué haces? –preguntó Melinda casi a gritos. – ¡No te atrevas a hacer daño a mi hija!

-No me lo puedes impedir. –contestó.

Cogió de malas maneras a la niña que comenzó a llorar. Y puso la navaja muy cerca del cuello de Evelyn. Melinda se puso histérica al ver lo que hacía, Cristian se tensó apretando los puños.

- ¡Suéltala ahora mismo! –dijo Cristian con la mirada llena de furia.

-Si quieres que la suelte, debes volver conmigo. Pasarás una noche conmigo, en la que te darás cuenta de que me sigues amando, y entonces soltaré a tu hija. –contestó ella sonriendo.

-Nunca voy a estar contigo.

-Es una pena, parecía que te importaba la niña y todo… -contestó simulando estar apenada.

Entonces levantó la navaja, la trayectoria era directa a la cabecita de la niña que no había parado de llorar. Melinda al ver eso, se lanzó hacia Elena, haciendo que las tres cayeran al suelo.

Elena no soltó la navaja, se la clavó a Melinda en un costado que chilló de agonía al sentir semejante dolor. Apartó de un empujón a la dolorida Melinda, y se levantó con la niña.

-MEL, Mel. –dijo con desesperación acercándose a ella. –Devuélveme a mi hija. Devuélvemela AHORA.

Ella negó con la cabeza y le acercó un móvil. –En este móvil está memorizado mi número. Si quieres recuperar a tu hija, llámame esta noche. Si no, mañana por la mañana la tiraré en una cuneta. –dijo con voz amenazante antes de salir corriendo.

Cristian quiso ir a perseguirla pero Melinda estaba malherida y debía atenderla. –Mel, cariño… responde.

-La niña… -dijo aguantando el dolor.

Él la cogió en volandas y la llevó hasta su coche, salió como alma que lleva el diablo, directo al hospital. Durante el trayecto, llamó a su padre con el manos libres. –¡Papá, han apuñalado a Melinda, estoy de camino al hospital!

-¿Qué estás diciendo?
-Es muy largo de contar. Estoy llegando al hospital. –dijo.

-Tranquilo, voy en seguida, estaba en casa pero no tardaré en llegar. –contestó.

Melinda no paraba de perder sangre, lloraba de dolor. Cristian llegó y detuvo el coche, cogió en brazos a Melinda que cada vez sangraba más por el costado. La llevó dentro para que pudiera tumbarla en una camilla. – ¡NECESITO AYUDA!

Un celador que estaba allí le ayudó a depositar a Melinda en una de las camillas. – ¿Qué ha ocurrido?

-La han apuñalado. ¿Mi padre ya ha llegado? –preguntó. –Es el doctor Gray.

-HIJO, ESTOY AQUÍ. –dijo su padre entrando por la puerta. –No he podido llegar antes. Me la llevo al box 1.

Estuvo revisándola, limpiando la herida y haciendo unas cuantas pruebas para ver si algún órgano interno había sido dañado. Después salió a buscar a su hijo para explicarle todo.

-Dime ya como está. –pidió.

-Pues ha tenido muchísima suerte, un poco más abajo y hubiera alcanzado un riñón. –contestó. –Es una puñalada profunda pero no dañó ningún órgano. Ya la he cosido.

-Gracias a Dios… -suspiró algo más aliviado.

-Hijo, ¿Y la niña? –preguntó al ver a Cristian.

-La tiene Elena. –contestó furioso.

-¿Elena? ¿Te refieres a Elena tu ex novia? –preguntó con incredulidad.

Él asintió mientras comenzó a llorar. Estuvo relatando la historia a su padre, sobre la pedida de mano, y lo ocurrido con Elena. No se lo podía casi ni creer. –Debemos llamar a la policía.

-No creo que sirva de nada. Además no quiere dinero, me quiere a mí. –contestó. –Si hace falta que pase una noche con ella la pasaré con tal de que no haga nada a Evelyn. – dijo.

-Pero hijo, ¿Te das cuenta de lo que tendrías que hacer?

-Lo sé, pero prefiero eso antes de perder a la niña.

Dennis aún no podía creerse que su hijo estuviera dispuesto a eso con tal de recuperar a la niña, pero comprendía sus razones. Le llevó a ver a Melinda, mientras estuvo avisando para que los demás fueran al hospital.

Nada más enterarse de la puñalada, se asustaron mucho. Pero fue peor la noticia del secuestro de la niña. Eso si que jamás se lo hubieran esperando, intentar dañar a una niña pequeña por un revolcón.

-Será guarra… -dijo Samanta. –Sabía que era una buscona.

-¿Melinda cómo está? –preguntó Adriana. – ¿Podemos pasar a verla?

-Claro, pero intentad que no hable mucho, debe descansar. –comentó Dennis.

Pasaron a verla, estaba llorando, tapándose la cara con Cristian a su lado. Se imaginaban que ya le había dado la noticia de la niña. Samanta, Delia y Adriana se abrazaron a ella.

-Hermanita, tranquila, todo se va a solucionar. –dijo Delia intentando animarla.

-No es verdad. O pierdo a mi hija o pierdo a mi prometido. –contestó entre sollozos.

-Cariño, por favor, te lo acabo de explicar.-respondió Cristian. –Jamás haría algo semejante, pero no puedo consentir que haga daño a Evelyn.

-¿Qué se supone que planeas hacer? –preguntó su hermano.

-Ella dijo que si pasaba una noche con ella, soltaría a la niña.

-¿Te volviste loco? –preguntó Kirian. Todos se quedaron con la boca abierta ante lo que pretendía hacer Cristian.

-Ya veo que sigues pensando en hacer lo mismo. –afirmó Melinda. – ¡Vete! ¡Vete de aquí!

Se estaba poniendo más nerviosa por momentos, no paraba de llorar y moverse. Dennis estaba preocupado por si se le saltaban los puntos. –Hijo, salgamos fuera, no quiero que se le salten los puntos.

-Pero… -dijo apenado mirando a Melinda.

Ella le había dado la espalda, se abrazaba a sus hermanas llorando desconsoladamente. Había prometido que Melinda no volvería a llorar por su culpa y no estaba cumpliendo la promesa.

Cristian salió cabizbajo de la habitación, acompañado de Javier, Pedro, Kirian y Dennis. –yo solo quiero recuperar a la niña.

-¿Y acceder a acostarte con ella es la solución? –preguntó su hermano con ironía. –Si haces eso perderás a Melinda, la destrozarás.

-¿Y qué hago? –preguntó él con desesperación. – ¿Dejo que tire a mi hijita en una cuneta?
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