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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 9 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 33

33º- Complicaciones

-A mi se me ha ocurrido algo. –dijo Pedro. –Eso sí, las chicas no pueden enterarse porque se lo dirían a Melinda, y no creo que lo comprendiera.

Estuvo contándoles su plan, al principio no lo veían claro, pues podía salir mal, y era cierto que de enterarse Melinda, se quedaría echa polvo. Pero debían intentarlo para poder recuperar a Evelyn.

Llamó a Elena para reunirse con ella. Dijo que fuera al mismo parque donde se habían visto, que allí le diría dónde debía ir. Mientras los demás se quedaron en el hospital, intentando guardar el plan en secreto.

Cristian fue al parque, estaba histérico, necesitaba que el plan saliera bien, pues debía recuperar a su hija, no consentiría que Elena la hiciera ningún daño, y él ya sabía muy bien que por amor se hacen sacrificios.

Elena lo esperaba en el banco en el que había estado sentado con Melinda, estaba pletórica, con una sonrisa, pero no tenía a la niña con ella. – ¿Y la niña?

-Está en un lugar seguro, no creerías que la traería aquí ¿no? No soy estúpida. –contestó levantándose. –Vamos, nos espera una bonita noche…

Él se dejó guiar, subieron a un Renault Megane rojo. Le tapó los ojos antes de arrancar el coche, y luego se puso a conducir. No fue un camino demasiado largo, el trayecto duró unos 15 minutos en el coche.

Detuvo el coche pero no permitió que Cristian se destapara los ojos, lo llevó de la mano para que no tropezara. Él no estaba a gusto con ese tacto pero no le quedaba más remedio, pues sino se caería al suelo. Después de unos cuantos pasos oyó que una puerta se cerró a su espalda.

Elena le quitó la venda y pudo observar que se encontraba en una amplia casa. Se la veía muy elegante y bien decorada. – ¿Dónde estamos?

-¿Te gusta? Espero que te guste, pues si te vas a quedar conmigo, viviremos aquí. –comentó ella.

-¿Y mi hija? Quiero verla. –contestó.

Ella le llevó a una de las habitaciones, entraron y en una amplia cuna estaba Evelyn haciendo pucheros. Al ver a su padre su expresión cambió. Alargó las manitas para que su padre se acercara.

Cristian corrió hacia ella y quiso sacarla de la cuna, pero vio que habían soldado varios barrotes en la parte de arriba y que estaban cerrados con un candado. – ¿Por qué la tienes encerrada?

-Para evitar que te la puedas llevar.

-Pero tú dijiste que la soltarías. –recordó él.

-Primero debes cumplir tu parte, y si quedo satisfecha te dejaré que la saques para alimentarla y estar con ella. Pero no pienses que te irás de aquí. –contestó riéndose.

-¡Eres una zorra! –gritó. –Hicimos un trato.

-Ya pero yo pongo las condiciones, y si no cumples tu parte, yo no cumpliré la mía. –dijo. – Walter, ven aquí te necesito.

Entró en la habitación un hombre algo mayor que ellos, muy alto y musculoso, parecía que abultaba tanto como un armario. – ¿Sí, querida Elena?

-Necesito que le esposes, no quiero que intente nada raro, llévatelo a la habitación. –ordenó.

Walter asintió y agarró a Cristian, arrastrándolo para llevarlo a otra de las habitaciones. Hizo que se acercara a la cama y le esposó una de las manos al cabecero de la cama. – ¡Suéltame imbécil!

Pero él no le escuchó, salió de la habitación, donde a continuación entró Elena. Se había cambiado de ropa, se había puesto un picardías rosa transparente. –Vete, ya no te necesito. Estaremos a solas él y yo toda la noche.

-De acuerdo. –dijo para luego marcharse.

-¿Te gusta? –le preguntó a Cristian. –Me le he comprado para ti.

Cristian la miró con asco y furia y luego giró la cabeza para dejar de mirarla. Ella se sintió ofendida por semejante desprecio. Le dio un bofetón y le giró la cabeza. – ¡Imbécil! debes mirarme y pasaremos una noche única.

Se tumbó encima de Cristian y empezó a besarle. Él apartó la cara de forma brusca. –Déjame tranquilo.

-¿Por qué te resistes? –preguntó. –Cuando estábamos juntos lo pasábamos muy bien ¿Recuerdas? Además olvidas que soy yo quien pone las reglas.

Buscó en la mesilla y sacó una navaja. Cristian se alarmó pensando que podría apuñalarle. Pero en lugar de eso, rasgó la camiseta para así poder quitársela. Sonrió al ver su torso desnudo y comenzó a pasar la lengua por él.

-¡Qué me dejes en paz! ¡Quítame tus zarpas de encima, víbora! –se quejó. Intentando apartarla con la mano que tenía libre.

-¡No me insultes! Sí me cabreo no saldrás bien parado… -contestó.

Acercó la navaja al brazo que tenía esposado e hizo un largo corte con el que Cristian se quejó. – ¿Lo ves? Yo no quiero hacerte sufrir, pero si te portas mal, tendré que castigarte.
Se quedó quieto por un instante, debía pensar muy bien lo que hacía, o con o perturbada que estaba Elena podría apuñalarle o torturarle. Elena comenzó a desabrocharle el cinturón del y le bajó los pantalones, se quedó en boxers y ella sonreía triunfante.

-Quietecito estás más guapo. –dijo ella besando su cuello.

-¿Qué tengo que hacer para que me dejes estar con mi hija? –preguntó.

-Darme mucho placer. –contestó. –Te ayudaré.

Elena cogió la mano libre de Cristian e hizo que le tocara el pecho por debajo del picardías. Él no quería hacer semejantes cosas, pero debía ganar algo de tiempo hasta poder hacer lo que tenía pensado.

Ella se quitó el picardías para que Cristian siguiera tocándola, mientras metía su mano por debajo de los boxers para llegar hasta su miembro. Se estaba pasando, debía actuar ya antes de que no hubiera vuelta atrás.
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