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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




domingo, 9 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 34

34º- Medidas desesperadas

Vio que Elena se estaba distrayendo, la mano que sujetaba la navaja ejercía menos presión y ni siquiera tenía los ojos abiertos. Sabía que solo tenía una oportunidad, sino lo hacía bien, estaría todo perdido.

Acercó la mano a la navaja y se la arrebató a Elena de un manotazo. – ¿Qué crees que haces? –preguntó histérica.

Pero Cristian se había adueñado de la navaja. –Suéltame ahora mismo. –dijo con tono amenazante.

-Ni pienses que te voy a soltar, me vas a dar lo que quiero. –respondió enfadada.

-Me parece que no, porque como vuelvas a intentar tocarme con tus asquerosas zarpas te pego un navajazo.

Ella vio que Cristian hablaba en serio, no podría acercarse pues la podría apuñalar. Soltó la esposa y Cristian se levantó. –Túmbate en la cama. –ordenó Cristian.

Elena que estaba desnuda, le hizo caso sin parar de mirarle. Él cogió la esposa para sujetarla a la cama. Una vez que lo hizo cogió los pantalones y se los puso, pues la camiseta había quedado echa trizas.

Tiró encima el picardías de Elena. –Me das asco, no quiero ni mirarte a la cara. Voy a denunciarte y te pasarás unos años entre rejas por lo que le has hecho a mi familia.

-¡Maldito estúpido! –gritó con rabia. –Eres un idiota, te vas con aquella fulana en lugar de estar conmigo.

Cristian se acercó a ella y la abofeteó. –Nunca se te ocurra insultar a Melinda. No te acerques jamás a mí o a mi familia, porque si te acercas te aseguro que no te dejaré con vida. –la amenazó.

Ella no dijo nada, se quedó callada mientras veía como Cristian salía de la habitación. Fue a la habitación donde estaba Evelyn y abrió el candado para sacarla de allí. –Mi princesita… ya estás con papá… -suspiró abrazándola.

La niña al sentir los brazos se su padre se calmó y dejó de llorar. Cristian intentó taparse la herida del brazo que aún sangraba bastante. Llamó a la policía saliendo de la casa, pues debía decir dónde ir para poder detener a Elena.

Al salir, reconoció que era una casa muy cerca, estaba en el mismo barrio. Elena habría dado más vueltas con el coche para despistarle. Indicó la calle a los policías y mientras los esperaba llamó a Melinda.

………………………..

Cuando dijo a Cristian que se fuera, Melinda se quedó llorando destrozada, se acostaría con su ex novia para que “en teoría” le devolviera a su hija. Pero tal vez lo único que quería era acostarse con ella.

-Cariño, intenta calmarte. –pidió Annette.

-No me calmo. ¿Cómo queréis que me calme mientras Cristian quiere tirarse a otra que encima tiene secuestrada a mi hija? –preguntó con desesperación.

Pasado un rato, estaba algo más tranquila porque ya no era capaz de que salieran más lágrimas por sus ojos. Los demás entraron a ver a Melinda, y ella enseguida notó que Cristian no entraba.

-¿Dónde está? –preguntó muy seria.

-Pues… está fuera… tomando algo. –dijo Pedro intentando engañarla.

-Te conozco desde hace demasiado tiempo, sé cuando mientes. Y ahora estás mintiéndome. –contestó Melinda. – ¿Se ha ido con ella verdad?

-Hermanita, vamos tranquilízate… -Adriana intentó apaciguarla.

-¿O sea que mi prometido se va a tirar a otra y yo tengo que estar calmada? –preguntó poniéndose histérica.

-No digas eso. Él lo que intenta es recuperar a la niña. –intervino Javier.

-¿Tirándose a su ex novia? –preguntó con ironía y furia. –Me parece que estáis todos mal de la cabeza… No me creo que os pueda parecer buena idea que me ponga los cuernos con otra.

De tanto estrés y nerviosismo, se estaba moviendo demasiado y notó que la herida le tiraba. Dennis vio lo que ocurría y la examinó. –Debes calmarte, de tanto moverte se te saltaron dos puntos.

Mientras la estuvo cosiendo los demás se quedaron en silencio. Sabían que Melinda llevaba la razón, pero los chicos sabían que no ocurriría nada de eso si Cristian seguía el plan que habían trazado.

Pasado un rato Melinda vio que empezó a sonarle el móvil y al ver quien era lo dejó en la mesilla para que sonara. Los demás vieron su gesto y no les parecía bien. –Mel, por favor, no seas niña. Cógele el teléfono. –pidió su hermana Delia.

Samanta entregó a la niña a Javier y se acercó a Melinda. –Sé que lo estás pasando mal y que no es la primera vez que te lo hace pasar mal, pero lo voy a coger y ahora te pondrás. –dijo con firmeza.

Melinda asintió y dejó que Samanta cogiera el teléfono. –Hermanito, ¿Dónde estás?

-Esperando a la policía. –contestó él.

-¿La policía? ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? –preguntó haciendo que los demás se alarmaran.

-Elena que está perturbada. Pero luego ya os lo contaré con más calma. –respondió.

¿Y la niña? ¿Está contigo? ¿Se encuentra bien? –preguntó atropellando sus palabras.

-Tranquila la tengo aquí conmigo y está perfectamente. Solo que echa de menos a su madre. –dijo haciendo carantoñas a la niña. – ¿Me puedes pasar a Melinda?

Samanta se despegó el teléfono de la oreja y se lo pasó a Melinda que dijo un hola casi inaudible. Cristian suspiró al escuchar su voz. –Mel, cariño. ¿Cómo estás? –preguntó con angustia.

-Bien, aunque se me saltaron dos puntos y tu padre me los cosió. –respondió. – ¿Y la niña?

-Está conmigo. Solo que tiene algo de hambre y que te echa de menos. –dijo. –Y yo también.

Pero Melinda seguía muy cabreada por lo que había echo Cristian, y eso que todavía no sabía con exactitud lo que había hecho. –Pues quien lo diría, cuando te has ido a revolcarte con tu ex.

-Mel, por favor… No saques las cosas de quicio. –pidió. –No ha pasado nada, tienes que creerme. –su voz era de súplica total.

-Vente y ahora hablaremos de todo. –dijo bastante seca antes de colgar.
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