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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 10 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 35

35º- Doloroso final…

Cristian tuvo que declarar ante la policía y quisieron llamar a una ambulancia, pero dijo que le curaría su padre la herida cuando fuera a ver a Melinda. Mientras se llevaban a Elena iba poniendo el grito en el cielo, maldiciendo a Cristian por lo que había hecho.

Lo que si dejó fue que le acercaran al hospital, ya que vieron que iba con la niña. Llegó y fue directo a la habitación, todos al verle se pusieron como locos, a abrazarle y preguntarle por lo ocurrido, pero él lo único que hacía era mirar a Melinda, mientras su padre le curó el corte del brazo.

Se acercó a ella y le dio a la niña. La abrazó con fuerza mientras comenzaba a llorar de felicidad por haberla recuperado. –Mi niña… mi niñita… ¿Qué te hizo esa estúpida?

-Está bien, pero tiene hambre. –dijo Cristian saliendo de su silencio.

Ella ni miró a Cristian, se puso a dar de mamar a la niña, así que los demás salieron de la habitación para dejarles a solas, pues tenían muchas cosas de las que hablar. Él tan solo la miró mientras alimentaba a la niña.

Después Cristian la dejó en la cuna y se sentó a su lado. –Cuéntame con todo detalle lo que ha pasado. –exigió ella muy seria.

-Ya te he dicho que no pasó nada. –contestó él.

-No te creo. Si te hizo un corte en el brazo seguro que hizo más cosas… -dijo ella muy enfadada.

Pero Cristian estaba muy quemado, ya estaba saturado, él solo había hecho todo aquello para recuperar a su hija. Melinda lo único que estaba haciendo era reprocharle todo, no pudo aguantarse. – ¡BASTA YA! Todo lo que he hecho ha sido para conseguir poner a salvo a la niña. Y tú solo tienes quejas y malas caras. ESTOY HARTO.

-¿Qué estás diciendo? –preguntó indignada.

-Después de que me he arriesgado, he tenido que soportar todo tipo de insultos de ella. Me ha herido en el brazo, intentó tocarme y aguanté con asco, mientras que solo pensaba en ti y en nuestra hija. Y tú sigues así. –Gritó furioso. – ¡Se acabo Melinda! ¡ESTOY HARTO, HARTO! ¡ADIÓS!

Dio un sonoro portazo y se marchó de la habitación. Los demás intentaron pararle al vele así, pero él se zafó y salió corriendo, la furia le recorría por dentro. Estaba histérico, tan cabreado que necesitaba estar solo.

Entraron angustiados al ver el comportamiento de Cristian. Delia se acercó a Melinda que estaba llorando, la niña se había puesto a llorar por el portazo. – ¿Qué ha pasado? –preguntó Samanta.

-Se fue. Se ha marchado. –contestó sin mirarlos.

-¿Qué se ha marchado? –preguntó Kirian. – ¿Por qué?

Melinda guardó silencio, tan solo estiró los brazos para que le acercaran a la niña. Samanta fue quien se la dio. Estuvo arrullándola mientras las lágrimas se desbordaban por su rostro sin control.

Al día siguiente, Melinda intentó llamar a Cristian al móvil pero él no lo cogió, lo desconectó. No quería hablar con ella, estaba cansado de todo, lo de Elena había sido demasiado. Esperaba que ella le apoyara, pero lo que hizo fue echarle en cara lo que había hecho, a pesar de que había sido para salvar a su hija.

Melinda estaba echa polvo, le mataba que él no quisiera escucharla ni hablar con ella. Encima no podía ir a buscarle pues aún seguía convaleciente por la puñalada. Se estaba desesperando de estar así. Lo único que la mantenía algo más calmada era estar con la niña.

Todos veían cómo estaba Melinda, y al ver que Cristian había apagado el móvil, mandaron a Kirian, Pedro y Javier a buscarle. Pues habían empezado a preocuparse por si le había pasado algo.

Se fueron con el coche de Kirian y llegaron a la casa. Llamaron a la puerta y Cristian abrió la puerta, estaba destrozado, llorando como un niño. Nada más abrirlos los miró con desgana y se fue a sentar al sofá.

-Hermanito, estábamos preocupados por como te fuiste del hospital. –dijo él. –Volvamos al hospital.

-No pienso ir. –contestó

-¿Pero qué os ha pasado? –preguntó Pedro.

-Que se acabó. –dijo mientras su llanto se incrementaba.

-¿Cómo que se acabó? –el tono de sorpresa fue general para los tres.

-Pues eso, se acabó. –volvió a decir. –Me he sacrificado solo para recuperar a Evelyn y ella solo sabe decirme reproches y más reproches. Estoy cansado y más que harto.

-No seas tonto. Estáis hechos para estar juntos, no podéis acabar por algo así. –dijo Javier.

-Dejadme solo, por favor. –pidió.

-Hermanito, por favor, no hagas eso. Seguro que se puede arreglar. –dijo su hermano. –No sabes lo mal que estaba Melinda.

-¿Y yo qué? ¿Nadie se va a preocupar de lo mal que estoy yo? He pasado un calvario solo para recuperar a mi niña, ¡y nadie me ha preguntado como estoy! –estaba muy frustrado.

-Perdona, tienes razón… -se disculpó Pedro.

Intentaron quedarse con él pero él no quiso que se quedaran. Decidieron dejarle solo, era mejor que estuviera solo un rato para poder pensar tranquilo. Llamaron a Dennis para contarle lo que había pasado con Cristian.

-Bueno, está bien saber que no le pasó nada. –dijo algo aliviado. –Pero me preocupa y mucho. Nunca se había comportado de esta forma.

-Habrá que tenerlo vigilado. –dijo Kirian. –Iremos ahora al hospital.

-No, mejor quedaos por allí cerca. Solo por si cambia de idea. –contestó Dennis para luego colgar.
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