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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 10 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 36

36º- Necesidad de hablar

Estuvieron en un bar de la misma calle tomando algo, haciendo tiempo para ver si Cristian les llamaba, pero no daba señales de vida. Los tres estaban sumergidos en un incómodo y angustioso silencio que rompió Javier. – ¿Crees que es cierto que han terminado?

-Conozco a mi hermano, y tal y como estaba lo decía totalmente en serio. –contestó Kirian con preocupación.

-Pero no pueden separarse. –dijo Pedro. –Están hechos el uno para el otro y acaban de tener una hija.

-En parte le entiendo. –interrumpió Javier. –Lo que ha tenido que hacer para recuperar a Evelyn no es fácil. Y si Melinda encima se ha cabreado con él, es normal que se haya cansado.

-Ya pero no sabemos lo que hizo con Elena aunque se supone que siguió el plan. –dijo Pedro.

-No hice nada. Y ella tan solo me sobó un poco. Enseguida me la quité de encima. –interrumpió Cristian dejándolos callados a todos.

Kirian al verle se levantó para abrazarle con cariño. –Hermanito, ¿Ya estás más tranquilo?

-Bueno, se podría decir que sí. –contestó él.

-Entonces ¿te vienes al hospital con nosotros? –preguntó Javier.

-No. Lo que os he dicho es verdad. Lo mío con Melinda se acabó. –contestó firmemente. Aunque sus ojos estaban llenos de tristeza y agonía.
-Te conozco y sé que la quieres y que quieres estar con ella. –dijo su hermano.

-Claro que la quiero.

-¿Y entonces? –preguntó Pedro.

-Necesito que confíe en mi, y que comprenda por lo que pasé solo para traer de vuelta a nuestra hija. –dijo él. –Si me lo va a estar echando en cara toda la vida, no puedo vivir así.

-Al menos vente al hospital para ver a la niña. –intentó convencerle su hermano.

-Está bien, iré pero me traéis a la niña para que la vea en el pasillo, no voy a entrar. Porque si entro… -dijo apartando la mirada.

-Si entras seguro que de darías cuenta de lo idiota que estás siendo, ¿No? –el tono de Kirian no era de reproche sino de comprensión.

No volvieron a pronunciar palabra ninguno de ellos, comprendían a Cristian demasiado bien como para seguir echándole nada en cara. Llegaron al hospital y fueron hasta la habitación, mientras Cristian se quedó en el pasillo.

Salieron sus padres para abrazarle y hablar con él. Pero Cristian no estaba demasiado dispuesto a hablar de nuevo sobre el mismo tema. Kirian sacó a la pequeña Evelyn en brazos.

Cristian la cogió con delicadeza y la apretó con suavidad contra su pecho. –Mi pequeña… te extrañaba… -suspiró.

-Hijo, ¿por qué no entras y habláis? –le preguntó su padre.

-No insistáis más. –dijo ofuscado. –No hay nada más de lo que hablar.

Entonces se abrió la puerta de la habitación, era Melinda que iba apoyada en Javier mientras caminaba con dificultad. Dennis al ver lo que estaba haciendo Melinda quiso regañarla. – ¿Qué haces fuera de la cama? Se te puede saltar algún punto.

-Me importan muy poco los dichosos puntos. Solo quiero hablar con Cristian y si tengo que levantarme y que se salten los puntos pues me da igual. –Melinda estaba muy cabreada.

-Mejor siéntate antes de que se te abra toda la herida. –dijo Cristian sorprendiendo a todos de que la hubiera dicho eso.

Javier la ayudó a sentarse en uno de los asientos del pasillo, se metió en la habitación con Dennis y Annette. Hubiera sido mejor que Melinda no se hubiera levantado pero ya les daba igual con tal de que hablaran y lo aclararan todo.

-Creía que ya no volverías. –dijo sin mirarle.

-Quería ver a la niña. –contestó con voz seca.

-¿Dijiste en serio lo de ayer? ¿Es que… ya no me quieres? –preguntó mientras comenzaba a llorar.

Cristian al verla esquivó su mirada, sabía que si la veía llorar no podría soportarlo, no estando tan frágil como estaba. –No dije que no te quisiera. Dije que estaba harto de reproches.

-Entiéndeme. –pidió ella, mientras las lágrimas caían sin control por su rostro.

-No, entiéndeme tú a mí. –la interrumpió él. –Pasé por un calvario por nuestra hija. –dijo besando a la niña en la frente. –Necesitaba que me apoyaras y me ayudaras a olvidar el mal trago, pero solo sabes reprochar y reprochar.

-¡ESTABA CELOSA! ¿Vale? –gritó. – ¡Eran los celos que me hacían imaginar que te revolcabas con ella y te quedabas con ella y me abandonabas! –su llanto se incrementó considerablemente.

Cristian se sorprendió de la confesión de Melinda, se sentó a su lado con la niña en brazos y la miró a los ojos. – ¿Por qué pensabas eso? Si sabes que te quiero con toda mi alma.

-Porque… ella es más guapa que yo y porque es tu ex novia. –confesó.

Él sonrió ante el comentario de Melinda, y ella se quedó extrañada ante su reacción, pero se alegró de verle sonreír. –Mel, tú eres mi ángel y la madre de mi princesita. ¿Crees que te dejaría escapar? Eres lo más valioso que tengo.

-Dijiste que se acabó. –le recordó ella.

-Estaba ofuscado y reventé.

-Entonces… ¿Querrás volver conmigo? –preguntó esperanzada.

-No podría imaginar mi vida sin ti. –contestó poniendo la mano sobre su mejilla. –Eres el amor de mi vida y siempre lo vas a ser.

Ella lloró con más intensidad a causa de la emoción, le abrazo con cuidado ya que tenía a la niña cogida. Se dieron un intenso beso, que llevaban esperando desde hacía mucho.

-Lamento cómo me comporté contigo. –se disculpó.

-Solo quiero olvidar el tema y que volvamos a estar bien. –contestó besando sus cabellos con ternura.

Se levantó y ayudó a Melinda a caminar para entrar en la habitación. Los demás al ver que entraban sonriendo y juntos, se lanzaron a abrazarlos para darles la enhorabuena. –Sabía que lo arreglaríais hermanita. –dijo Delia.
-Hermanito, ya me estabas asustando. –contestó Samanta.

-Siento haber estado tan borde, pero es que estaba desquiciado por toda la situación. –se disculpó.

-Bueno, lo importante es que está todo solucionado. –añadió su padre.

Todos respiraron más tranquilos al ver que la situación se había solucionado. Realmente habían pensado que Cristian y Melinda habían terminado definitivamente, y saber que lo habían arreglado era un alivio.
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