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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




lunes, 10 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 37

37º- El gran sacrificio de Adriana

Unas semanas más tarde tuvieron que asistir al juicio contra Elena, Melinda se empeñó en ir, aunque todos los demás le aconsejaron que no fuera. Una vez en el juzgado lograron convencerla de que se quedara fuera de la sala. Samanta la haría compañía con Daniela. Y por si necesitaban algo Javier se quedaría con ambas.

-Estoy nerviosa… -dijo Melinda arrullando a la niña

-Todo irá bien. –contestó Javier.

-Pero ¿y si Elena consigue librarse de ir a la cárcel? –preguntó asustada.

Intentaron calmarla, Javier fue a por chocolate para que Melinda se tranquilizara un poco. Además la niña reclamó alimento y tuvo que meterse al servicio, no quería que todo el mundo la viera amamantando a la niña.

Cuando regresó vio que el juicio había acabado y todos estaban fuera. Se acercó a ellos apresuradamente. – ¿Cómo ha ido?

-Tranquila, no creo que haya ningún problema. –contestó Cristian abrazándola a ella y a la niña.

Unos días más tarde sería la sentencia, pero por lo que había dicho el abogado, casi era seguro que meterían a Elena en la cárcel. Aunque hasta que no fueron a conocer la sentencia, Melinda no durmió tranquila.

El día que encerraron a Elena, Melinda quiso ir a cenar con Cristian, dejaron a la niña con los padres de Cristian para así poder disfrutar de un rato de intimidad. Fue una bonita cena, en la que intentaban volver a estar tranquilos y amándose como siempre lo habían hecho.

…………………………..

Pasados unos meses Elena estaba desquiciada de estar en la cárcel, no soportaba la idea de que Cristian la hubiera rechazado para irse con Melinda, nadie la había rechazado nunca. Cristian y su familia pagarían por aquello.

Walter fue a visitarla para hablar con ella, aunque en esa ocasión habían pedido un bis a bis, el plan debía salir bien y había que prepararlo sin dejar ningún cabo suelto. – ¿Estás haciendo todo lo que te he dicho?

-Sí, la he estado siguiendo. –contestó él. –Por la mañana va a trabajar dejando a la niña en la guardería antes. Y por la tarde cuando llega se va directamente a casa. Aunque un día a la semana queda un par de horas con sus hermanas y la hermana de Cristian para ir al parque con las niñas.

-De acuerdo. Entonces lo que debes hacer es cogerla cuando vuelva del parque, que estará sola. –dijo Elena. –Una vez que la tengas, llévala a mi casa, y enciérrala en el sótano con la niña.

-¿La niña también?

-Sí, Cristian va a perderlo todo. –contestó con voz maliciosa. –Ven que te doy tu recompensa. –dijo ella quitándose la ropa.

Él se tumbó encima besándola y penetrándola. Elena siempre le pagaba de esa forma, pues en la cárcel no disponía de dinero, y era una forma efectiva de que Walter le obedeciera.

………………………..

Tras unos meses, las niñas crecían por momentos, Cristian estaba loco por Evelyn. Todas las noches la dormía poniéndole Claro de Luna, y la niña caía dormida enseguida.

Todas las tardes, quedaba un día a la semana con sus hermanas y con Samanta para estar juntas y que las niñas estuvieran jugando un rato en el parque. Mientras los chicos se ponían un par de horas a jugar a la consola.

Adriana estaba mucho mejor, la habían operado varias veces y habían disimulado bastante las cicatrices. Se notaba el cambio de actitud que había pegado, era bueno y todos se alegraban. En especial Melinda que tanto se había culpado por no haber cuidado bien a sus hermanas.

-Bueno, ¿y vosotras no os animáis a tener niños? –preguntó Samanta.

-Nosotros lo llevamos intentando un par de meses, pero todavía nada. –contestó Delia.

-Pues… nosotros lo hemos intentado, pero fui al médico y… -empezó a decir un poco dubitativa. –Y me dijo que no podemos tener hijos, porque los espermatozoides de Pedro son bajos y tiene poco número de ellos.

-Vaya… bueno, podríais probar la fecundación in Vitro a ver si así tuvierais mejor suerte. –contestó Delia.

-En realidad, nos han dicho que no hay demasiadas posibilidades. Así que vamos a adoptar un niño. –contestó.

-¡Eso es estupendo! –dijo Melinda muy emocionada.

-Sí, de hecho estuvimos en el orfanato el otro día y vimos a un niño encantador. –contestó feliz. –Tiene 3 años y se llama Marcos.

-Entonces ¿ya es seguro? –preguntó Samanta.

-Pues nos han dicho que hay que hacer unos trámites, pero que en pocas semanas podremos tenerle con nosotros en casa. –contestó. –Así que tendremos que buscarnos otra casa, ya somos muchos ahí.

-Bueno eso sí. La verdad es que estamos bastante apretados. –dijo Delia.

Después de estar charlando un rato, se les estaba haciendo tarde, así que decidieron volver. Los chicos estaban jugando a la consola en la casa de todos, así que Cristian tendría que volver un poco más tarde.

Pensaban volverse todas a la casa, pero Adriana no quería que su hermana Melinda volviera sola. Además quería hablar con ella y así podrían hacerlo mientras la acompañaba. –Hermanita, yo… Te quería dar las gracias por lo mucho que me has cuidado. Desde que murieron nuestros padres has estado a mi lado y yo solo he hecho burradas.

-No digas eso. Eres mi hermana y sabes que te adoro.

Pero alguien las interrumpió. Agarraron a Melinda del pelo para poder cogerla. Adriana tenía a la niña en brazos y se tensó al ver a un hombre que sujetaba a su hermana. – ¡SUÉLTALA O LLAMO A LA POLICÍA!

-De eso nada, si se te ocurre tocar el móvil le corto el cuello. –amenazó acercando la navaja al cuello de Melinda. –Dame a la niña, también la necesito.

-¡Ni lo sueñes!

Apretó más la navaja contra el cuello y Adriana se puso histérica. No tuvo más remedio que acercarse con la niña. –Vamos, coge a tu hija. –le dijo el hombre a Melinda.

Ella la cogió y se puso a sujetarlas con más fuerza. Se dio la vuelta y se dispuso a llevárselas. Pero Adriana estaba furiosa. Se lanzó a la espalda del hombre que se desestabilizó y soltó a Melinda. – ¡HERMANITA, CORRE MÉTETE EN CASA! –gritó intentando tapar los ojos al hombre para evitar que las siguiera.

-¡Sin ti no me pienso ir! –contestó Melinda.

-No seas idiota, lo más importante es la niña. Yo estaré bien. –dijo forcejeando con el gran hombre.
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