Mis novelas publicadas

¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 11 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 38

38º- Un gran problema

Melinda corrió y entró en casa, rezó para que Cristian ya hubiera llegado a casa. Abrió corriendo la puerta y se fue directa a buscarle con la niña en brazos. Le encontró en el comedor viendo la tele.

-¡Cariño, tienen a Adriana ese hombre se la ha llevado! –gritó llorando con desesperación.

-¿Qué estás diciendo? –preguntó alarmado.

Le contó lo sucedido y él se puso de los nervios. Llamó a los demás y a sus padres para que fueran a casa. Cuando estuvieron todos tuvieron que calmar a Pedro que se puso como loco.

-Llamaremos a la policía, ellos se ocuparán de buscarla. –dijo Dennis.

………………………..

Cuando Melinda salió corriendo, Adriana siguió forcejeando con el hombre, pero finalmente pudo con ella pues era más grande y fuerte, la golpeó dejándola inconsciente. –Maldita… ahora recibirás tu merecido. –dijo en voz alta.

Walter se la llevó a casa de Elena, la ató de pies y manos a la cama del sótano y la dejó allí. Ya no podría asaltar a Melinda, pues le había visto la cara y seguro que a partir de ese día la tendrían mucho más vigilada y no la dejarían sola.

Llamó a Elena a la cárcel y le contó lo ocurrido, sabía que se pondría furiosa por no haber cogido a Melinda. – ¡Eres un inútil!

-Lo lamento, pero su hermana se puso a darme y Melinda se me escapó. La tengo en el sótano. ¿Qué quieres que haga con ella?

-Ella no me interesa. Haz lo que quieras con ella, pero atrapa a Melinda. –contestó enfadada mientras colgaba.

A Walter le gustó eso de poder hacer lo que quisiera con ella. Bajó al sótano donde Adriana lloraba desconsoladamente y gritaba, pero habían insonorizado las paredes y nadie podía oírla.

-¿Qué quieres de mí? –preguntó.

-En realidad quería coger a tu hermana, pero ya que te tengo aquí me voy a divertir. –dijo con una sonrisa que a Adriana le dio miedo.

Se acercó a ella con una bolsa. De la bolsa sacó una navaja, además de gasas. Se acercó a ella sin dejar de sonreír, mientras Adriana cada vez estaba más aterrorizada y con un llanto más profundo.

Cogió la navaja y comenzó a rasgarle la ropa, lo hacía lentamente, parecía disfrutar viendo como la dejaba sin ropa progresivamente. Ella intentaba resistirse moviéndose pero lo único que conseguía era hacerse cortes con la navaja mientras la movía Walter.

-Me encanta que te estés resistiendo, así solo me pones más… -dijo.

Después de dejarle la ropa echa harapos, la tapó los cortes con gasas para que no sangrara. –Prefiero que no sangres, es incómodo. –contestó como respondiendo a la pregunta mental que se estaba haciendo Adriana.

Se colocó encima, para besar y lamer cada parte de su cuerpo, introdujo su dedo en la intimidad de Adriana, haciendo que sus gritos se incrementaran, cosa que animó mucho más a Walter.

Después la penetró salvajemente, violándola en repetidas ocasiones, mientras ella chillaba de forma desconsolada y cada vez lloraba con más intensidad. Después de unas cuantas horas mancillando su cuerpo, se cansó y quiso cambiar. La obligó a practicar sexo oral amenazándola con la navaja, ella no tuvo más remedio que acceder.

Poco después cuando se hubo satisfecho, la golpeó otra vez dejándola de nuevo inconsciente. La sacó del sótano y la metió en el coche, cuando estuvo cerca de la calle donde la había cogido, la tiró del coche dejándola en la acera, con toda la ropa echa trizas.

………………………….

La policía llegó a casa y después de contar lo ocurrido Melinda describió al agresor, hicieron un retrato robot y Cristian lo reconoció. –Es Walter el cómplice de Elena, estoy seguro de ello.

-Nos podremos a investigarle y a buscar a Adriana. La encontraremos. –dijo uno de los policías.

-Fue por mi culpa, iba a cogerme a mí y a la niña, pero ella se puso a forcejear con él, y me dijo que escapara. –contestó Melinda llorando de nuevo.

-No digas eso. No es culpa tuya. –dijo Cristian abrazándola para intentar calmarla.

-Mientras la buscaremos también por el barrio por si hubiera logrado escapar. –contestó Javier.

-Claro, la encontraremos, de eso estoy convencido. –añadió Kirian.

-Vosotras quedaos aquí por si llamara o algo. –les dijo Dennis a las chicas. –Además, es mejor que estéis en casa con las niñas y a salvo.

Dennis, Kirian, Pedro, Javier y Cristian salieron para buscar cerca del barrio, aunque sabían que la policía la buscaría, ellos querían intentar encontrarla, necesitaban sentirse útiles.
Habían mirado en la misma calle, y en la contigua. Y dos calles más lejos de donde habían mirado, vieron la figura de una persona en el suelo. –Mira papá, parece que alguien necesita ayuda. –comentó Cristian.

Pero al acercarse se horrorizaron, era Adriana, con toda la ropa rota, moratones, cortes y claros signos de haber sido violada en repetidas ocasiones. Pedro al verla enloqueció, se acercó a ella y la abrazó. –Adriana, responde cariño, por favor… -dijo llorando.

-¿Qué le hizo ese animal? –preguntó Kirian.

-Ahora da igual, debemos curarla y revisarla. Es mejor que la llevemos a casa y la revise allí. –contestó Dennis. –Tapadla un poco.

Pedro se quitó la cazadora y se la puso por encima, mientras la cogía en volandas, se pusieron de camino a casa. Y ninguno volvió a pronunciar palabra, el aspecto que presentaba Adriana era muy desalentador. Y todos ellos se ponían en el lugar de Pedro y la sangre les hervía por dentro.
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