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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 11 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 39

39º- Venganza

Llegaron a casa y subieron, las chicas al ver a Adriana enloquecieron. Melinda sufrió un desmayo, afortunadamente entre Delia y Samanta lograron sujetarla antes de que cayera al suelo. –Mel, por favor… responde… -decía Cristian.

Estuvo unos minutos sin sentido hasta que volvió en si. –Cariño… dime que lo que he visto lo he soñado… -dijo con los ojos llenos de lágrimas.

-Mi niña, lo siento… la hemos encontrado así.

-Eso se lo han hecho por mi culpa… -contestó llorando. –Me iba a coger a mí… ella no tenía la culpa de nada.

Cristian la abrazó para intentar calmarla, todos en la casa estaban muy angustiados pero el que peor estaba era Pedro. Golpeó un par de veces la pared con el puño. Kirian y Javier le sujetaron, y él se abrazó a ellos intentando consolarse y coger fuerzas.

Dennis estuvo revisando y curando a Adriana, estaba bastante mal y no había despertado todavía. Cuando acabó de curarla, salió a explicar a los demás su estado. –Veréis… -no sabía ni cómo decírselo. –Las heridas no son muy graves, son sobre todo cortes y moratones, pero…

-Di ya lo que tengas que decir. Si todos nos imaginamos lo que ese animal la ha hecho…- dijo Pedro apretando los dientes.

-Dime que no es verdad. –dijo Melinda acercándose a Dennis.

-Lo siento, pero tiene desgarros en su zona íntima y golpes de haberla forzado. –contestó.
Todos se quedaron en silencio pero Melinda entró en la habitación. Se puso de rodillas al lado de la cama y cogió la mano de su hermana. – ¡PERDÓNAME, FUE POR MI CULPA…!

Cristian se puso a su lado para intentar calmarla, pero ella no soltaba la mano de su hermana. –Mi niña, ella necesita descansar, y tú no puedes ponerte así o te va a dar un ataque o algo.

Llamaron a la policía para avisar de que la habían encontrado. Dennis había extraído ADN de la zona íntima de Adriana, eso serviría para confirmar que había sido Walter.

Adriana despertó y estaba atemorizada, nada más abrir los ojos se encogió y acurrucó en la cama por miedo a que la volvieran a hacer algo. Pero al ver a su familia se puso a llorar, abrazando a su hermana que no la había soltado la mano.

-Hermanita, ¿podrás perdonarme? –preguntó llorando.

-Tú no tuviste la culpa. Además pusiste a salvo a la niña. –contestó.

Pedro se acercó a ella y tan solo la miraba, deseaba poder abrazarla, pero tenía miedo por si ella se asustaba. Adriana le vio y se refugió entre la protección de sus brazos, ese tacto cálido y familiar que tanto había añorado, hacía que se olvidara un poco de lo que la había ocurrido.

La policía había dicho que no había encontrado pruebas en la casa de Walter de haber tenido retenida a Adriana, habían puesto una orden de busca y captura contra él. Cristian estaba al borde de un ataque, sabía que la causante de todo era Elena, no podía perdonarle todo lo que había ocurrido.

Intentaban volver a la vida normal, pero resultó que Walter había dejado embarazada a Adriana. Quisieron que abortara, pero ella se negó, lo que más ansiaba era tener un bebé. –No pienso abortar, mi bebé no tiene la culpa de nada.

-Pero hermanita, piensa de qué ha sido fruto… -dijo Delia.

-Me da igual. Eso ya no se puede cambiar, y no pienso matar a mi bebé. –contestó. – ¿Tú me apoyas. cariño?

-Mi vida, te apoyaré tomes la decisión que tomes. –contestó.

En parte quería que abortara, pero también comprendía a Adriana, ella ansiaba tener un hijo, y aunque ya estaba casi lista la adopción de Marcos, comprendía su pensamiento.

Cristian esas semanas estuvo bastante ausente, Melinda le notaba extraño, pero bastantes preocupaciones tenían encima. Una tarde, quedó con Javier, Pedro y Kirian en hablar con ellos, bajaron al bar de la misma calle pues no quería que las chicas lo escucharan.

-He estado dándole muchas vueltas y creo que Walter se esconde en casa de Elena. Por eso aún no dieron con él. –dijo.

-Aunque así fuera, ¿eso de que nos vale? –preguntó su hermano.

-Sé que me vais a tomar por loco pero… entre los cuatro podríamos darle su merecido, vengarnos por todo lo que nos ha hecho. –contestó.

-No estás loco, porque yo opino lo mismo. Ese cabrón va a pagar lo que hizo. –dijo Pedro my convencido.

-Chicos, yo no es por ser agorero –interrumpió Javier –pero ¿Y si nos pesca la poli? Nos puede caer un puro…

-No nos van a pillar. –contestó Cristian. –Lo tengo todo pensado, iremos a casa de Elena una noche, nos taparemos las caras y llevaremos guantes. Allí mismo le daremos su merecido.

-¿Estás seguro, hermanito? –preguntó Kirian.

-¿Estáis conmigo? –preguntó él sin responder a su hermano.

-A muerte. –dijo Pedro.

-Claro que sí. –añadió Javier.

-Pues entonces decidido. –contestó Kirian. –Aunque hay algo que igual no pensaste. –dijo pensativo. – ¿Qué les diremos a las chicas?

-Podemos hacerlo un viernes por la noche, decirles que nos vamos a una acampada de hombres, que volveremos el domingo. –dijo Javier.

-Me parece bien. –contestó Cristian. –Las chicas JAMÁS deben enterarse de lo que vamos hacer. Seguramente nos convencerían para que no lo hiciéramos, pero ese cabrón se merece un enorme castigo.

Esa misma tarde estuvieron hablando con las chicas para decir que se iban, dijeron que sería en la sierra, que las llamarían para que se quedaran tranquilas. Aunque después de lo que había pasado, las 4 estaban de los nervios.

-Podías pasar el fin de semana con ellas. –comentó Cristian. -No me gusta la idea de que estéis las dos solas en casa.

-Claro, además ni loca me quedo sola todo el fin de semana. –dijo ella.

-Pero ¿a qué viene eso de la acampada de hombres? –preguntó Samanta. –Yo creo que no estamos para juergas ni acampadas.

-Yo se lo pedí. –interrumpió Pedro. –Necesito una “terapia” de chicos para calmarme un poco. Por favor, solo es un fin de semana. –contestó y finalmente accedieron.
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