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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




miércoles, 12 de mayo de 2010

Ardiente pasión capitulo 40

40º- La gran venganza

Estuvieron preparándolo todo, tenían que llevarse la tienda de campaña y demás cosas, para que su cortada fuera creíble y las chicas no sospecharan nada. Esos días estuvieron muy nerviosos, tenían algo de miedo por si alguna cosa salía mal.

Por fin, llegó el viernes y después de salir de sus trabajos, se reunieron en casa, así Cristian había acompañado a Melinda y a la niña. Adriana se alegró bastante al ver a la niña, la cogió en brazos y la estuvo haciendo carantoñas.

-Tened cuidado. –dijo Melinda.

-Solo es una acampada. –contestó disimulando. –Pero estate tranquila, esta noche os llamamos.

Se despidieron de las chicas y se pusieron en marcha, todos estuvieron callados hasta la casa de Elena. Aparcaron en la calle contigua. Se pusieron las capuchas y los guantes y forzaron la cerradura para poder entrar.

Caminaron por la casa con unas diminutas linternas y por fin después de inspeccionar la casa, encontraron a Walter durmiendo en una de las habitaciones. Le abordaron entre todos.

Le ataron las manos y le pusieron una mordaza para que no gritara. Él se intentó remover pero al ser cuatro contra él, no pudo evitar que le ataran. Pedro le miró con los ojos inyectados en sangre. – ¡Cabrón! te arrepentirás de haberle echo esas barbaridades a mi mujer…

Comenzó a golpearle y a darle patadas, los demás le ayudaban, golpeando sin piedad a Walter que cayó al suelo, mirándoles con ojos suplicantes. –Te arrepentirás de haber ayudado a Elena y de todo lo malo que le habéis hecho entre los dos a esta familia. –añadió Cristian.

Rompieron varias cosas encima, y no cesaron las patadas y puñetazos. Pero Pedro estaba fuera de sí, no parecía él. –cogió una navaja y comenzó a hacerle cortes a Walter por el cuerpo. He incluso le cortó la bolsa escrotal y su miembro. -¡JAMÁS VOLVERÁS A VIOLAR A NINGUNA CHICA!

Entre los tres le apartaron de Walter que se removía por el dolor mientras varias lágrimas caían por su rostro. –Vámonos, vámonos YA. –dijo Javier.

Salieron de la casa, dejándolo tirado en el suelo, pero desatándole las manos. –Al menos que pueda sentir que se quedó sin su virilidad. –contestó Kirian.

Cristian cogió el fijo de la casa de Elena y puso un pañuelo en el auricular. Llamó al 112 para avisar de que había un hombre herido. Si moría sería una carga demasiado pesada para ellos. Al menos que pudieran salvarle y sufriera mucho dolor.

Se metieron en el coche y se fueron hacia las afueras de la ciudad y detuvieron el coche. –Madre mía… -dijo Javier. –Pedro, tío, se te fue la mano, que le has dejado sin…

-Me da igual, se lo tenía bien merecido. –contestó apretando los puños.

-Bueno, ahora tenemos dos días para hablar de todo y estar solos. Porque no podemos volver a casa hasta el domingo. –dijo Cristian.

-Así que ¿De verdad vamos a hacer acampada? –preguntó Kirian.

-No podemos arriesgarnos a que las chicas se enteren. Pondrían el grito en el cielo, y no es para menos. –contestó Javier.

Fueron a la sierra, y en un lugar bastante resguardado montaron la tienda de campaña. Se acostaron pero ninguno pudo dormir, veían en sus mentes lo que le habían hecho a Walter, y pensaron que ciertamente se les había ido la mano. Pero en realidad era lo que se merecía.

Por la mañana, estaban algo más calmados, durante todo el día no pararon de hablar de distintos planes. No faltaba demasiado para la boda y todos los preparativos estaban listos. La verdad era que Cristian estaba muy nervioso.

-No debes estar nervioso. –dijo Pedro. – Os queréis ¿no? pues es lo único que os tiene que importar.

-Ya pero ¿y si no soy buen marido?

-Vamos a ver, hermanito. Lleváis muchísimo y habéis tenido una niña, creo que serás un gran marido. –contestó su hermano.

-Pero ¿qué marido se va a pegar palizas a la gente?

-Creí que eso estaba claro. Además te recuerdo que fue idea tuya. –contestó Pedro. –Walter ha tenido lo que se merecía, ni más ni menos.

-Lo sé, pero no sé… hasta me da un poco de pena que se haya quedado sin su… -dijo señalando su zona genital.

Empezaron a poner caras de dolor solo de imaginar lo que le tuvo que doler, pero acabaron riéndose por las caras que habían puesto. Desde ese momento estuvieron más tranquilos y relajados.

Pasaron el sábado un poco aburridos, tenían que haberse llevado algo para entretenerse. Pero por fin llegó el domingo, volvieron a casa nada más comer. Entraron directos a abrazar a sus chicas.

Estar entre sus brazos les hizo sentirse mejor, no sentirse malas personas por lo que habían hecho ese fin de semana. Ellas se extrañaron bastante al ver el ímpetu con el que las abrazaban. – ¿Tanto nos echabais de menos? –preguntó Melinda.

-Pues si. –reconoció Cristian y todos asintieron.

-Va a resultar que somos imprescindibles en vuestras vidas. –contestó Adriana.

-¡No sabéis cuánto! –dijo Pedro. –Esta “terapia” de chicos no ha estado mal, pero nada como veros sonreír.

Ellas al ver lo atentos que estaban los chicos con ellas se sonrojaron y animaron mucho. Era de agradecer tantas atenciones por su parte. Se quedaron a cenar Cristian y Melinda, y fueron los chicos los que prepararon la cena mientras ellas hablaban en el salón.

-Uy… demasiado atentos están estos… -dijo Delia. –Yo creo que algo traman o algo han hecho.

-Puede ser, porque mis hermanos nunca se ofrecen para cocinar, tan solo es si ven que es necesario. –contestó Samanta.

-Chicas, vamos a disfrutar mientras podamos, ya nos enteraremos de lo que traman. Que no todos los días están así de encantadores. –respondió Melinda.
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