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¿Un accidente puede mejorar tu vida? Melinda intentaba escapar de un oscuro secreto que no había sido capaz de desvelar a nadie, pero un desgraciado accidente hace que quede atrapada en una isla desierta junto a Cristian. Ambos son los únicos supervivientes y son desconocidos. Pero aprenderán que en la vida hasta en la adversidad se puede ser feliz y formar una familia. Eso lo aprenderán en una isla en la que estarán solos... ¿O no?

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En un mundo donde la magia es el centro de todo, un gran mal amenaza con cambiar el curso de la historia. Magos oscuros quieren hacerse con el control de todos los reinos mágicos. Para impedirlo, algunos magos que aún luchan por la verdad y el bien, deben viajar a otro mundo, encontrar a magos que quieran ayudarlos, deben encontrar a los elegidos. Sólo ellos conseguirán reestablecer el bien y derrotar a los que quieren llenar Diamthian de oscuridad...

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Espero que tod@s disfrutéis con mis relatos, que os emocionéis y que realmente viváis lo mismo que los personajes, llevándoos a un mundo diferente. Deseo que cuanta más gente lea mi blog mucho mejor, tal vez así pueda llegar a publicar alguno de mis relatos algún día.




martes, 15 de junio de 2010

Un amor entre las estrellas capitulo 1

1º- La misión

Cristian había sido adoptado cuando tenía 3 años por un matrimonio de americanos, Dennis y Annette Domenech, que también adoptaron a su hermano, Pedro. Ellos habían ido un verano a España y les había encantado, querían adoptar un niño y se vieron con dos. No se solían adoptar nunca a dos hermanos, pero el matrimonio no quiso separarlos

Se mudaron a Estados Unidos, pues el matrimonio tenía su residencia en Chicago. Durante muchos años fueron una auténtica familia, pero por desgracia, sus padres habían fallecido en un accidente de tráfico, hacía ya 5 años.

Cristian quería que, desde donde estuvieran, se sintieran orgullosos. Estudió mucho para llegar lejos. Así con esfuerzo se había convertido en el mejor astronauta que tenía la NASA, a pesar de ser español y muy joven, era de los pocos españoles que había la NASA. No tenía pareja, había estado con alguna chica pero no se había llegado a enamorar.

Deseaba hacer viajes espaciales, explorar los planetas y ver las posibles formas de vida del universo. Y además no estaba solo, su hermano Pedro, era su compañero, ya habían hecho juntos algunas misiones, aunque él no era como Cristian, no creía que hubiera vida más allá de la tierra, o al menos no creía que esa vida que pudiera existir fuera inteligente.

Estuvieron viviendo en Chicago hasta que les aceptaron en la NASA. Ambos tenían la doble nacionalidad. A pesar de ello, siempre se sintieron españoles y entre ellos hablaban siempre en español. Se sentían así pues era lo que les unía a su infancia, esa infancia truncada que habían tenido ambos y que por cosas del destino les dio una familia maravillosa. Pedro era 2 años mayor que Cristian, pero era el más inmaduro de los dos.

Habían estudiado mucho, esforzándose al máximo para conseguir ser los mejores, hasta que les admitieron en la NASA. Vivían ambos allí compartiendo piso. Pues Pedro no tenía pareja tampoco, aunque no por los mismos motivos que Cristian. Él se consideraba un alma libre…

Un día en el que Pedro se había tomado el día libre, hablaron con Cristian, le encomendaron una nueva misión. Llegó muy ilusionado y nada más llegar se lo contó a su hermano, que estaba descansando en el sofá. –Tío, ¡no te vas a creer lo que me han propuesto! –comentó ilusionado.

-¿Una nueva misión? Creí que ya tenían bastante con las investigaciones en Marte. No habrá que recoger muestras otra vez ¿no?

-¡Qué va! Es algo increíble. Quieren investigar Neptuno, y me lo han propuesto, debe ser muy interesante, jamás nadie ha ido a investigar. Y bueno… te he propuesto como mi copiloto. –le explicó.

-¿Vas en serio? –preguntó incrédulo.

-Claro, trabajar en equipo, ya sabes… además es en ti en quien más confío y sé que eres bueno.

Pedro se levantó del sofá y abrazó a su hermano, estaba pletórico. Se había emocionado con la noticia. –Gracias tío. Ya me estaba aburriendo de lo mismo todos los días. ¿Cuándo será la misión?

-Llevan preparándola mucho tiempo, pero nosotros saldremos dentro de 1 semana. Así que nos tenemos que poner a tono, ya sabes que la falta de gravedad nos deja hechos polvo.

-Lo sé, mañana mismo a prepararnos. –dijo Pedro muy firme.

En esa semana se prepararon a conciencia, pues en las otras misiones que habían hecho, habían estado destrozados, la falta de gravedad afecta mucho físicamente, y como ya lo sabían se estuvieron machacando esa semana.

Llegó el gran día, ambos estaban ansiosos por llegar, querían ver lo que les esperaba en Neptuno, sobre todo Cristian. Deseaba demostrar que era cierto lo que creía, que había más vida a parte de la raza humana. En realidad, la creencia de la existencia de vida extraterrestre, era similar a la creencia en Dios. Pues no era necesario ver para creer, ese era el pensamiento de Cristian.

Les acompañaron a la nave, la llamaron “Esperanza”. Tenían que prepararles y hacer una última revisión a los equipos, comprobar que el depósito estaba lleno, y que los sistemas de emergencia funcionaban correctamente. Además ya que el viaje era tan sumamente largo, debían repostar en la estación espacial.

Cuando estuvo todo listo les habló el Comandante Walter Smith. –Todo listo, deben recoger muestras y fotografiar la zona. Esperamos hacer algún hallazgo, vayan con Dios.

Oyeron por la radio que todo estaba listo para el despegue. –Listos para el despegue en: Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno… - La nave despegó. Los despegues siempre eran lo más complicado, había habido muchos accidentes en los despegues, a lo largo de la historia de la NASA. Pedro y Cristian se agarraron fuertemente a sus asientos, ambos tenían mucho valor, pero siempre les daba algo de miedo fallar en el despegue.

Afortunadamente la nave “Esperanza” despegó sin problemas y salieron de la órbita de la Tierra. –Uf… ya hemos superado el despegue. Sabes que siempre es lo que más me asusta. Ahora ya esto es pan comido. –comentó Pedro con una sonrisa.

-Bueno tampoco digas eso, ya sabes que el acoplamiento con la estación espacial no es fácil. –contestó Cristian.

-Anda… no seas agorero… -dijo bromeando.

-Nos quedan unas horas para llegar, pero podemos relajarnos un rato.

-Claro, me apetece estirar las piernas, además esto de no tener gravedad es muy divertido.

-Sí, bueno, no está mal… -suspiró.

-Uy… muy pensativo estás tú. ¿Qué pasa? –preguntó Pedro con curiosidad.

-No sé, estoy algo sentimental… me gustaría encontrar a alguien para compartir mi vida. –contestó suspirando.

-Madre mía… -dijo poniendo los ojos en blanco. –Con lo bien que se está de flor en flor…

-Eso estaba bien de adolescentes. Yo ahora quiero algo más duradero. –contestó.

-Bueno anda… vamos a cambiar de tema que te estás poniendo de un ñoño…

Pusieron el piloto automático. Estuvieron hablando de mil cosas, sobre todo de lo que les gustaría ver en Neptuno. Y cuando quisieron darse cuenta ya estaban llegando a la estación espacial. Volvieron a sus asientos pues debían prepararse para repostar. –Estación espacial Akari, les habla Cristian Domenech desde el transbordador “Esperanza”, listos para el acoplamiento cuando nos den permiso. –dijo por la radio.

-Transbordador “Esperanza”, tienen permiso para el acoplamiento. –respondió un hombre.

Cristian colocó el transbordador y el acoplamiento se hizo sin problemas, salieron de la nave para entrar en la estación espacial, pues el repostaje tardaría unas horas, mientras estarían en la estación espacial descansando.

Entraron y allí vieron a un chico, de unos 30 años, con el pelo negro, los ojos castaños y, además bastante musculoso. –Hola, me llamo Kirian Heidnik. Soy el responsable de la estación espacial, llevo aquí 5 años.

-Es un placer, nosotros somos Cristian y Pedro. Y no sé si te informaron, vamos de misión a Neptuno. –comentó Cristian.

-Ya me lo dijeron. Tengo entendido que sois españoles, me parece que el comandante Smith está mal de la cabeza… -dijo poniendo los ojos en blanco.

-¿Y qué pasa? Españoles y muy orgullosos. –comentó Pedro encarándose.

Se juntaron como para darse un empujón, pero Cristian se puso en medio. –Estaos quietos, que ya somos mayorcitos para estas cosas. –dijo muy serio. –Somos españoles aunque también americanos, y somos los mejores astronautas que tiene la NASA ahora mismo, por eso estamos aquí. ¿Algún problema?

-No. Ninguno. –contestó muy seco Kirian. –Aún tardará varias horas, podéis comer algo si queréis.

-Sí, gracias, comeremos algo. –respondió Cristian ya algo más calmado.

Estuvieron varias horas en la estación espacial, pero Pedro y Kirian se lanzaban miradas asesinas, Cristian se acordaba en aquel momento de aquello que decía “si las miradas matasen…”, que era precisamente lo que querían hacer el par de ellos.

La tensión se podía cortar con un cuchillo, pero Cristian prefirió no meter mas cizaña para evitar otro enfrentamiento, cosa que por otro lado, lo estaban deseando tanto Pedro como Kirian. Pero Cristian suspiró cuando vio que por fin había terminado de repostar el transbordador. Se podrían ir y continuar la misión, estaba ansioso por ver lo que se encontrarían en Neptuno.

Se pusieron en camino, el viaje era largo y por los cálculos que habían hecho los científicos de la NASA, debían llevar un depósito de reserva para el viaje de regreso. Pues era muy posible que el carburante no fuera suficiente. Con ese depósito de reserva, llegarían a la estación espacial de nuevo y poder repostar para así llegar a la Tierra al terminar su misión.
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